* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas Organización Sionista Argentina
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año VII - Nº 185
30 de Abril de 2014 / 30 de Nisan de 5774
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com.ar
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal

* Indice *

Una novela sobre el destino del judaísmo soviético en la Segunda Guerra ."Vida y destino" de V. Grossman.
Los soldados judíos alemanes en la Primer Guerra Mundial.

Museo Mayer de Jerusalem - Arte Islámico.

* VIDA y DESTINO* de Vasili Grossman

 

* UNA NOVELA SOBRE EL DESTINO DEL JUDAÍSMO SOVIÉTICO

 

Por Alicia Benmergui

 

 

Vasili Semiónovich Grosman, en Ruso: Василий Семёнович Гроссман, (Berdichev, 12 de diciembre de 1905 - Moscú; 14 de septiembre de 1964),

Prominente periodista, escritor y corresponsal de guerra soviético del diario Krasnaya Zvezda (Estrella Roja), escribiendo relatos de primera mano de las batallas de Moscú, Stalingrado, Kursk y Berlín.

Nacido con el nombre de Iósif Solomónovich Grosman, en Berdichev, entonces parte del Imperio Ruso y actualmente en Ucrania el 12 de diciembre de 1905, murió en Moscú el 14 de septiembre de 1964.

Nació en el seno de una familia de judíos asimilados y, por tanto, no recibió educación religiosa judía (ni de ningún otro tipo), aunque culturalmente el judaísmo sí aparecerá reflejado en partes de sus escritos.Su padre tenía convicciones social-demócratas y se adhirió a los mencheviques, en cambio Vasili apoyó la revolución rusa de 1917

 


Vasili Grossman

 



 

 


 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Fuente: Adam Kirsch Tablet Magazine30/11/2011. Pablo Batalla Cueto Neville Magazine Dgital 04/04/2013

Una novela sobre el destino del judaísmo soviético

en la Segunda Guerra Mundial.

La historia de la Shoa, acontecida entre 1939-1945 es demasiado horrible y compleja, su densidad y la magnitud de los hechos impiden una narración que la abarque en su totalidad.

Los seis millones de judíos asesinados por los nazis provenían de todas partes de Europa, de todos los sectores sociales, profesiones y edades. La condición judía de sus protagonistas abarcó todos los matices existentes desde una creencia profunda y tradicional hasta los ateos de diferente ideología, los asimilados y aquellos que eran judíos solo por descender de una familia judía. Algunos de ellos hasta profesaban otras religiones.

Todas estas historias tuvieron un final parecido, como por cierto sucede con todas las vidas humanas, pero también es verdad que la certeza de la muerte no anula la inmensa multiplicidad de la vida. Y en este caso de todas estas vidas espantosamente cercenadas.

Con el paso del tiempo aumenta el número al infinito de los relatos e historias de todo lo sucedido, entre los testimonios de los sobrevivientes, de los testigos, de los historiadores, de los novelistas, de las películas. Todo ello aporta la noción de la imposibilidad de dar cuenta de todo lo que ha significado para todos sus protagonistas, tantos y de tantos lugares diferentes. Tal vez haya algunas narraciones más conocidas que otras. Las historias de los judíos urbanos de Europa Occidental, el modo en que las ciudades en las que vivían les iban quitando sus espacios, excluyéndolos, segregándoles y negándoles el derecho a la existencia, donde el final más predecible estuvo en las cámaras de gas.

 

Esas han sido los relatos más conocidos, los más reflejados incluso por el cine. Esa es una parte de la verdad de lo acontecido en la Shoá.

Pero están los otros, que han sido muchos más numerosos, que fueron asesinados en Europa Oriental, muertos con un simple disparo. Allí, cuando los nazis llegaban y ocupaban las ciudades y los pueblos, lo hacían repentinamente, sin que los judíos tuvieran la posibilidad de esconderse o adaptarse de alguna manera al régimen establecido por los verdugos. Por cierto aunque la mayor parte de las veces no tuvieron que adaptarse a leyes represivas en absoluto ni tampoco fueron enviados a los campos de concentración o escondites.  Lo que les sucedió a cientos de miles de ellos fue que al despertar por la mañana ya estaban los tanques nazis en su calle y un mes después, o antes, morían de un disparo y eran enterrados en una fosa común.

Uno de los que mejor ha contado lo que les pasó, fue Vasili Grossman en su novelaVida y Destino. Grossman, había nacido en Berdichev en 1905 en el seno de una familia absolutamente asimilada. En 1943 era un ex ingeniero convertido en escritor que con el transcurso de la guerra se hizo famoso como periodista que cubría la Segunda Guerra Mundial para el periódico Estrella Roja. Sus despachos eran inmensamente populares y lo convirtieron en uno de los principales escritores de la Unión Soviética.

La madre de Grossman murió asesinada por los nazis, con los 38.536 judíos de Berdichev, la mitad de la población. El escritor fue corresponsal de guerra durante cuatro años, estuvo en Moscú, arriesgando su vida en Kiev, en Kursk, en Stalingrado y en Berlín.  Se llenó de horror en Treblinka viendo los barracones y las cámaras de gas y se convirtió en uno de los primeros denunciantes de la Shoá cuando escribió El infierno de Treblinka, que fue utilizado como testimonio en el juicio de Núremberg. La marcha del Ejército Rojo le mostró las montañas de cadáveres de los guetos, los pogroms y el colaboracionismo. En esa obra enorme escrita por Grossman, es visible el drama de los judíos soviéticos asesinados por los nazis, en muchos casos con la complicidad de la población local y luego de terminada la guerra, el antisemitismo del Régimen Stalinista que además de cometer sus propios crímenes, negó el genocidio judío cometido en territorio soviético. 

De todos estos hechos da cuenta la novela Vida y Destino, donde también expresa su admiración por el heroísmo del pueblo ruso. La escribió aislado y profundamente desilusionado del comunismo del cual había sido un intelectual destacado y sometido a la rígida disciplina stalinista. Grossman murió en 1964, a los 58 años de un cáncer de estómago, le dejo un original de su novela a un amigo, que fue fotografiado porVladimir Voinóvich y Andréi Sajárov para sacarlo, microfilmado, de contrabando.

Vida y Destino fue publicada en Suiza en 1980 por primera vez. Cuando Grossman murió, sus allegados encontraron dos cartas entre sus papeles personales. Ambas comenzaban de la misma manera: «Querida mamá». Sin embargo, estaban fechadas en 1950 y 1961: Grossman había escrito aquellas misivas nueve y veinte años después de la matanza de Berdíchev. Estaba destruido por la culpa de su final.

En Vida y Destino Grosman escribió:

”Hay dos mujeres aquí de un shtetl y cuentan la misma historia que mi amigo. Los alemanes están matando a todos los judíos en el barrio, niños y ancianos incluidos. Los alemanes y la policía ucraniana reclutan en coches a unas pocas docenas de hombres para trabajar en el campo. Estos hombres se ponen a cavar zanjas y dos o tres días más tarde, la población judía es llevada ante las zanjas y fusilada. Túmulos funerarios judíos se están levantando en todos los pueblos de los alrededores.  .... “Mientras tanto... Los alemanes irrumpieron en las casas de la gente para  robar; los centinelas se divierten disparando a los niños detrás del alambre de púas; y más y más personas confirman que cualquiera de estos días se decidirá nuestro destino”

En la novela, uno de los personajes centrales es Viktor Shtrum, un físico nuclear, que vive en Moscú y por eso se salvó toda la familia. Según la narración su madre se hubiera salvado si hubiera vivido con él, pero la nuera y la suegra no se llevaban bien. La madre de Shtrum, Anna vivía en Berdichev y por eso los nazis la mataron. Esta fue la propia historia de Grossman. Su madre nunca tuvo la oportunidad de escribir una carta antes de morir, ese es un invento del escritor.  Cuando terminó la guerra quedó destrozado por todo lo que vio y el dolor y la culpa por el destino de su madre.

Otro personaje judío al que describe es a la judía Sofya Levinton, una médica judía de mediana edad. Totalmente asimilada ha dejado su condición atrás, en el olvido, el comunismo le había dado oportunidades de lograr lo que de otro modo nunca hubiera alcanzado. Cuando es llevada en un vagón de ganado a un campo de extermino, está rodeada de otros judíos profesionales como ella, maestros, técnicos, algo que nunca hubieran llegado a ser viviendo en un shtetl. Sin embargo su destino ha sido fijado por su condición de judíos, como ella. Grossman cuenta que luego de un día en el vagón ella comienza sus frases con las palabras “Brider Idn”, hermanos judíos, ha recuperado el idish de su infancia que creía haber olvidado. Grossman dice que “el destino de Sofya Levinton es un destino judío”. El carácter judío de estos ciudadanos soviéticos, siempre descartados y reprimidos, se ha convertido en el principal factor para determinar si iban a vivir o morir. "El cambio más importante en las personas en este momento", escribió Grossman, "fue un debilitamiento de su sentido de identidad individual; su sentido de destino creció proporcionalmente más fuerte."

Vida y destino es algo más que el Holocausto, y más que la vida de los judíos bajo el estalinismo. Como si fuera a pesar suyo, Grossman llegó a darse cuenta de que el judaísmo, el antisemitismo y el Holocausto fueron fundamentales para cualquier diagnóstico de su tiempo. "La primera mitad del siglo XX puede ser vista como una época de grandes descubrimientos científicos, revoluciones, inmensas transformaciones sociales y dos guerras mundiales", escribe. "Va a pasar a la historia, sin embargo, como el tiempo en que, de acuerdo con las filosofías de la raza y de la sociedad entera, fueron exterminados grandes sectores de la población judía."

Y para él, éstas son una de las consecuencias del Totalitarismo, de las cuales el nazismo y comunismo son las dos caras de una misma moneda.

* LOS SOLDADOS JUDÍOS ALEMANES EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 

*"A Cien Años del Inicio de la Primera Guerra Mundial"

Primera Guerra Mundial World War One Centenary 1914-1918
(28 de julio de 1914 a
11 de noviembre de 1918)

*Centenario de la Primera Guerra Mundial*


La Primera Guerra Mundial (también llamada la Gran Guerra) fue un conflicto bélico mundial iniciado el 28 de julio de 1914 y finalizado el 11 de noviembre de 1918.

Involucró a todas las grandes potencias del mundo, que se alinearon en dos bandos enfrentados: por un lado, los Aliados de la Triple Entente, y por otro, las Potencias Centrales de la Triple Alianza. 



Frankfurt Homeaje a soldados judíos muertos en la Pimera Guerra MUndial

 

 


Servicio religioso- Ejercito Austriaco

 


Soldados judíos Alemanes en la Primera Guerra

 


Soldado alemán con su familia judía en Lida

 

 

 

 

Recordando A Wilhem Frankl Primera Guerra Mundial
* Wilhelm Frankl Leutnant Comandante

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Fuente:-SOS-u-Kilt. T. Grady: The German-Jewish Soldiers of the First World War. Mike Teheran, Strasberg Center for Holocaust & Genocide Studies, Clark University Worcester

En el marco de la Conmemoración de los
"Cien Años del Inicio de la Primera Guerra Mundial" 
 
Queremos contarles algunas de las historias protagonizadas
por los judíos de esos tiempos


A pesar del aumento de la bibliografía sobre la Primera Guerra Mundial y el Holocausto, muy poco se ha escrito sobre la experiencia de los soldados alemanes y judíos que lucharon por Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Aunque una serie de obras sobre el servicio militar judío han aparecido en Alemania, estos estudios son en gran parte dedicados a la aparición del antisemitismo pre-nazi o tienden a situar a los veteranos en el contexto más amplio del Holocausto. Este es el primer trabajo amplio para examinar el destino de los veteranos de guerra judíos de Alemania desde 1914 hasta su lugar en la temprana participación en la República Federal con el legado del nazismo después de 1945.  



1920 Poster 12000 soldados judíos muertos por su patria - Alemania

En este estudio de gran originalidad, Tim Grady desafía la historiografía existente que ha retratado tradicionalmente a los judíos como un grupo cerrado, diferenciado de la sociedad dominante en Alemania, cuya lucha por la emancipación y la aceptación social culminó en fracaso durante la Primera Guerra Mundial. 1918 es a menudo considerado como el punto final, la llamada "crisis de la simbiosis judeo-alemana", en una larga trayectoria de fracaso de la asimilación.

En su lugar, Grady sostiene que las relaciones entre los judíos y los otros alemanes no terminaron abruptamente después 1918, que persistieron durante la era de Weimar, incluso en los primeros años del Tercer Reich. A través de la memoria de los muertos judíos alemanes en la guerra, arroja luz sobre cómo los judíos y otros alemanes crearon una cultura de la memoria compartida de la Primera Guerra Mundial, que duró mucho más allá de 1918. Grady examinó el modo en que fue construida la memoria, en los rituales de duelo, en las conmemoraciones locales y las narrativas conservadoras del sacrificio nacional, y cómo todos estos elementos del proceso conmemorativo tuvieron a largo plazo grandes consecuencias en las relaciones germano-judías.

 Grady dedica los tres primeros capítulos de su libro a la Primera Guerra Mundial y el período de entreguerras. A través del uso de los diarios y la correspondencia de la época de los soldados judíos, confirma que la mayoría de ellos habían estado bien integrados, con los otros alemanes en el ejército. Que la mayoría de ellos se veían a sí mismos como alemanes, como camaradas inseparables de sus compatriotas gentiles junto a los cuales combatieron. El antisemitismo no era un elemento solapado detrás de las relaciones germano-judías en el Frente. La experiencia compartida en la guerra por judíos y no judíos que participaron en los combates,  fueron la muerte en masa y los horrores de la guerra en las trincheras.

El "Judenzählung", o "Censo de los Judíos", el censo infame de soldados judíos llevado a cabo por el ejército en 1916, no fue un punto de inflexión. Aunque el antisemitismo era una característica visible de la vida judía alemana durante la guerra, la controversia que rodea el censo no condujo a una ruptura en las relaciones entre los alemanes judíos y no judíos. Grady no discute el grado en que el censo promovió sentimientos antijudíos entre los no-Judíos después de la guerra. Sus argumentos son sólidos y bien sostenidos, coinciden con las conclusiones de Thomas Weber, que también reveló poca evidencia de un antisemitismo generalizado entre la oficialidad y la soldadesca dentro de los regimientos.  



Soldados judíos jurando lealtad a la bandera alemana. Primera Guerra

En el frente interno, los alemanes gentiles y judíos se unieron para formar pequeñas comunidades de luto en un intento de hacer frente a la ofuscación por las pérdidas personales ocasionadas por la guerra. El luto y la conmemoración por los caídos predominantemente ocurrieron a nivel local, en las ciudades pequeñas y comunidades en toda Alemania. En esto estaban especialmente involucrados los veteranos y las familias de los soldados caídos, y desde el principio constituyeron un espacio compartido por los judíos y no judíos por igual.

En la ola de construcciones de memoriales que se produjo inmediatamente después de 1918, los monumentos de guerra fueron típicamente erigidos por las asociaciones locales de los regimientos, y se incluyen los nombres de todos los miembros muertos en el frente. Como sitios permanentes del recuerdo demostraron ser cruciales para el mantenimiento de la memoria de los sacrificios judíos en la Primera Guerra Mundial, sobre todo durante la época nazi. Unidos a  los relatos que guardaron la memoria de las vidas sacrificadas en la guerra, se glorificaba su recuerdo por haberlas dado voluntariamente por la patria. Se convirtieron en parte de un proceso conmemorativo más permanente que duró durante toda la era de Weimar y en los primeros años del Tercer Reich.

Estos instrumentos de la memoria  funcionaban como mecanismos de inclusión; aseguraron que los judíos siguieran participando activamente en la cultura de la memoria de entreguerras en Alemania. "Las profundos y enmarañados procesos de duelo durante la guerra de Alemania", afirma Grady, "ayudaron a construir las relaciones entre los judíos y no judíos en momentos en que el aumento del antisemitismo también estaba comenzando a forzar la exclusión”.

En el cuarto capítulo dedicado a la Alemania nazi, Grady examina cómo este proceso recordatorio sirvió para preservar la memoria de los soldados judíos durante el gobierno de  Hitler. Aunque a mediados de la década de 1930 los judíos habían sido excluidos de las conmemoraciones públicas de la guerra, la presencia de sus nombres en los monumentos en toda Alemania impidió que los nazis borraran de la memoria el servicio prestado por los judíos con su vida a Alemania.  Sólo en unos pocos casos aislados tuvieron éxito en la eliminación de los nombres judíos de estos monumentos. De hecho, en varias ocasiones los veteranos arios de los comandos bloquearon los intentos de los NSDAP locales para excluir los nombres de sus compañeros judíos de los monumentos de guerra todavía en construcción. Se sabe que los veteranos judíos estaban exentos de la temprana legislación nazi antijudía establecida en 1933. Durante el Boicot de abril contra los negocios judíos la simpatía  de los alemanes comunes estuvo con los veteranos de guerra, de pie ante los ojos de la gente, delante de sus tiendas mostrando sus medallas, ganadas a partir de 1914 y que incluso provocó indignación.

También es cierto que un puñado de funcionarios de alto nivel en el régimen nazi expresó reservas sobre el asesinato de judíos que se habían distinguido en las primeras líneas durante el combate. Si creemos a  Grady, esto sugiere que "el poder permanente de las narrativas más inclusivas,  mantenedoras de la memoria del sacrificio nacional del pueblo alemán”, persistió durante el Tercer Reich.

 Las conclusiones de Grady apuntan a la ambivalencia entre muchos alemanes hacia las políticas antijudías del régimen, en particular, sobre la persecución de los ex soldados. Sin embargo, con muy pocas excepciones, los únicos veteranos de guerra que sobrevivieron a los doce años del gobierno nazi no fueron por  los méritos de sus servicios en la guerra, sino porque estaba casados con arias, en la clandestinidad, o tuvieron la suerte de haber emigrado con anterioridad a 1941. Muchas preguntas quedan sin respuesta, específicamente por qué la memoria  de numerosas personas con respecto a la participación judía en la Gran Guerra no logró  movilizar un apoyo más amplio, especialmente dentro de la comunidad militar y de los veteranos, cuando los ex soldados judíos fueron humillados públicamente y posteriormente deportados hacia la muerte por los nazis.

En los dos últimos capítulos sobre el período posterior a 1945, Grady abre nuevos caminos mediante la exploración de cómo la memoria de los soldados judíos que murieron en la Primera Guerra Mundial influyó en la memoria de la RF Alemana del Holocausto. En las primeras décadas después de la derrota de Hitler, el genocidio de los judíos rara vez penetró en el discurso público, porque los alemanes occidentales quedaron obsesionados con su propio sufrimiento como víctimas del bombardeo aéreo aliado. Cuando lloraron la muerte de millones de soldados que murieron en combates la Wehrmacht de Hitler, los alemanes recurrieron a los rituales más antiguos de la memoria para honrar a los caídos. Los monumentos de guerra locales, una vez más se convirtieron en el centro focal del proceso de duelo y conmemoración. Y entonces los alemanes se enfrentaron con los nombres de los judíos muertos en la Primera Guerra Mundial. La supervivencia de estos monumentos no sólo asegura que los veteranos judíos quedaron incrustados en la cultura temprana de la memoria de la República Federal, también hizo que muchos alemanes occidentales reflexionaran sobre el destino más amplio de los judíos alemanes bajo el nacionalsocialismo. La evaluación de Grady es convincente en lo que respecta a los discursos oficiales e intelectuales sobre el pasado nazi, no es tan claro, sin embargo, si la memoria de los soldados judíos permaneció en la opinión pública en el ámbito local.  Porque en las numerosas ciudades de toda Alemania donde los nazis habían exterminado a todos los judíos, los memoriales habían demostrado ser un mecanismo de defensa eficaz en contra del olvido. Muchos judíos que regresaron a sus lugares de origen después de 1945, incluso aquellos con medallas por su valentía en la Primera Guerra Mundial, encontraron sin embargo que no eran bienvenidos.

Tim Grady ha escrito un libro convincente y excepcional, tanto en sus interpretaciones y la importancia de su contenido. Su investigación es una contribución importante a nuestro conocimiento de las dos actitudes alemanas hacia los judíos entre Primera Guerra Mundial y los primeros años de la República Federal, y de las percepciones de los judíos de su lugar en la sociedad alemana. Las críticas menores no distraen del propósito principal del libro. En todo caso, proporcionan la base para nuevos estudios sobre la experiencia de los veteranos de guerra judíos de Alemania.

 

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"Después de un número incalculabe de  hits y después de haber reunido la increíble cifra de 50 miliones de fans en Facebook, David Guetta continúa afirmándose como el nombre más sólido y significativo de la escena de la danza mundial.

Para festejarlo,  David ha vquerido hacer un regalo a sus fans, publicando elvideo exclusivo de su fiesta en el Mar Muerto, en Masada, en Israel, que con sus 424 metros bajo el nivel del mar, es uno de los lugares más profundos que existen en la Tierra..

El resultado, filmado por el talentoso Final Kid, es este impresionante video

(Boletin de Mosaico de la Comunidad Judía de Milan)

* MUSEO MAYER DE JERUSALÉN


 


 

 

 

* Extraordinaria muestra de Arte Islámico


El Museo Mayer LA de Jerusalén de Arte Islámico fue inaugurado en 1974.  Se trata de una joya arquitectónica ubicada en el centro de la ciudad, fundada por la filántropa Vera Bryce Salomons, y está dedicado a su amigo y maestro el Profesor de Arie Leo Mayer, Rector de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Cuenta con una de las colecciones más importantes del mundo de arte islámico y relojes antiguos. Muchos estudiosos de renombre internacional participaron en la creación del Museo, atraídos tanto por sus actividades de investigación como por el reto que representaba cerrar la brecha entre las dos culturas, la judía y la islámica. En Septiembre de 2013 el museo fue abierto al público para que pueda disfrutar de una experiencia espectacular de la historia del Islam, observando como exposiciones antiguas cobran vida a través de las técnicas innovadoras incorporadas en los últimos tiempos a las exposiciones museológicas.

La sala muestra los diversos aspectos del arte islámico, dividido en secciones: la primera se centra en el arte islámico religioso, y la segunda en la contribución del Islam al conocimiento humano en las ciencias, la astronomía, la medicina, y otros ámbitos.  En conjunto, las artes islámicas son mostradas de un modo atrapante y fascinante...

En el transcurso de la visita, el público llega a uno de los puntos destacados del museo - "El Tesoro de Harari " - una colección única de objetos preciosos de plata -  raros y espectaculares de los siglos XI al XII.      

Colección de Relojes

También hay allí una  colección de Sir David Salomons, padre de la donante, de renombre mundial que contiene más de 180 relojes. Esta importante, rara y hermosa colección llegó a existir gracias a los conocimientos de sir David de la relojería y su gran riqueza que le permitió adquirir estas piezas.  La mayoría de los relojes importantes y especiales de la colección pertenecen a los primeros relojes creados por Abraham Louis Breguet (1747-1823) el inventor, una de las personas más influyentes por haber realizado algunas de las mayores innovaciones tecnológicas de la relojería moderna. La mayoría de los relojes recuperados por el Museo luego de un robo, fueron realizados por Breguet, incluyendo el número de reloj 160, conocido como el  "María Antonieta".

 

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© 2012 Alicia V. de Benmergui y Salvador Benmergui