* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas Organización Sionista Argentina
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año VII - Nº 169
15 de Agosto de 2013 / 9 de Elul de 5773
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com.ar
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal

* Indice *

Judíos de Asia Antiguos y nuevos caminos de la seda. .
La oposición al nazismo dentro de Alemania. .
Nuestro próximo viaje a Las colonias Judías de Entre Ríos con Alicia Benmergui-Salimos el 23 de agosto. .
Un Best Seller de un periodista hijo de un inmigrante argentino.

JUDÍOS DE ASIA

 

* Antiguos y nuevos caminos de la seda. Judíos en Asia

Traducción
Alicia Benmergui

 



India Kehilat Israel

 



India Maguen Hassidin Sinagoga

 



Comunidades Judías en India

 



Judíos chinos

 



China Kaifeng Sinagoga

 


China Kaifeng Torá

 


Afganistán Genitzá

 


Afganistán Genitzá

 


Fuente: Judios de Asia Mosaico-cen.it- Ilaria Myr14/06/2013

 

La existencia de los judíos de Asia es un tema que parece tener siempre un aura de leyenda, porque es muy poco lo que se sabe de ellos aunque hayan tenido allí una presencia de más de mil años. Es en realidad una página de historia poco conocida, que remite a épocas muy lejanas y de las que hoy solo quedan unos pocos restos.

 Para tratar de conocer este antiguo mundo judío casi sepultado por el tiempo, se ha realizado en Milán, en el mes de junio, un convenio llamado “Antiguos y nuevos caminos de la seda. Judíos en Asia”. Organizado por la Academia Ambrosiana y la Asociación Italia-Israel.  Cuenta con la colaboración de la Fundación Italia China, el  Instituto Italo-Chino Vittorino Colombo y el patrocinio del Centro di Documentazione Ebraica Contemporánea. Intervienen además expertos en estos temas y lugares,  que han recorrido las calles de los judíos en la India, China, Afganistán y Asia Central, en la época de las deportaciones stalinistas.

Judíos de la India

Gabriella Steindler Moscati se ha ocupado del tema de la India, analizando los tres grupos diferentes presentes en el país en la época anterior a la independencia. Los de Cochin vivían presentes en la península ya en el primer milenio, los de Benei Israel sobre la costa occidental y la de los Bagdadi eran residentes en la ciudad de Bombay y Calcuta. “Se trata de grupos muy diferentes entre sí, en sus usos y costumbres” – ha explicado la estudiosa-. En especial los Bagadadi son los más occidentalizados, mientras que los de Cochin, para mantener a salvo la fe judía, habían elaborado un sincretismo religioso para insertarse mejor en el contexto indio. Seguramente el comercio de las especies ha llevado a muchos mercaderes y viajeros a instalarse en la India entre los siglos XVII y XVIII. Con la constitución de la Compañía de las Indias Orientales, en 1750 se consolidaron las dos comunidades, de Cochin y Benè Israel”. La llegada de los Bagdadi en los diferentes períodos responde al clima de paz impuesto por Gran Bretaña (Pax Britannica). Los Bagdadí huyeron a la India desde Persia y Siria debido a la persecución islámica y a su llegada comienzan a jugar un papel importante en la sociedad India. Construyeron sinagogas majestuosas a lo largo de las rutas de la Indias y en particular en Bombay y Calcuta, donde fue fundada oficialmente la comunidad judía.

También con toda probabilidad se extendieron también en Birmania y Shangai, donde todavía hoy existen las huellas de su pasado. Los Bagdadi se insertaron en la vasta red de la administración británica, tenían un alto nivel de vida en el estilo occidental y daban un enorme espacio también a las mujeres, muchas de las cuales eran abogadas y médicas.  Estaban muy influidos por la cultura dominante anglosajona también en el contexto educacional,  enviaban a sus hijos a colegios ingleses. Con el paso del tiempo llegaron a las grandes ciudades también los Ben Israel y los Cochin, aumentando así la población judía.

La situación cambió en el siglo XX con la cuestión de la independencia y la intensificación de la lucha con los musulmanes - durante los años cuarenta – que llevaron a la fundación de Pakistan. En estos años la comunidad comenzó a temer por su propia existencia: se daban cuenta de que sus intereses estaban protegidos por la potencia colonial británica. “Se puede observar la situación general leyendo el boletín de la Comunidad de Calcuta, Shemá Israel- continúa Steindler - en que aparecen muchas apelaciones espantadas. En particular en 1947 con la descomposición de la situación política en Bengala, hubo huelgas y atrocidades, la comunidad comenzaba a preguntarse si no era el momento de pedirle al gobierno británico el status de minoría, para poder tener una representación en la sede gubernativa, que pudiera proteger sus derechos”. Mientras tanto, llegaron a la India también los judíos que vivían en la zona que se convirtió en parte del recién formado Estado de Pakistán, abandonando el nuevo país musulmán.  Una vez constituidos el Estado de Israel y la India, gracias al apoyo del nuevo Primer Ministro Nehrú, muchos judíos, buscando una nueva vida lograron llegar sanos y salvos a Israel.

Judíos en China

La situación de los judíos en China era muy diferente. “ Existían noticias sobre presencia judía en China desde el siglo VIII  – ha explicado Monsignor Pierfrancesco Fumagalli, doctor y vice prefecto de la Biblioteca Ambrosiana, director de los Estudios del Extremo Oriente de la Academia. Es sobre todo con el nacimiento del Islam que muchos judíos provenientes de Persia se establecieron en China, en especial en Kaifeng (región del Hennan) donde en 1163 fue construida la primera sinagoga: también por esto Kaifeng es considerada la Jerusalém de China. También hay informaciones sobre los judíos de China en el libro El Millón de Marco Polo que cuenta como en la corte del emperador había budistas, cristianos, musulmanes y judíos. “Esta convivencia se halla dentro de la concepción China sobre la religiones que son como los dedos de una mano, pueden existir, mientras obedezcan a la mano, es decir, las normas del imperio. Hoy lo mismo pasa con el régimen comunista: las religiones son toleradas mientras no vayan contra el partido.”

Todavía hoy existen algunas familias judías, a quienes un emperador Ming les había dado sobrenombres particulares: Ai, Shi (equivalente a la la palabra piedra en castellano), Gao, Jin (‘Oro’), Li, Zhang, y Zhao. También en Garbin,en la Manchuria septentrional, hay una comunidad judía que hacia el fin del siglo XIX y comienzos del XX se convirtió en el centro político, económico y cultural más grande e importante para la población judía de la región. Pero la falta de continuidad de las relaciones entre la comunidad judía de China y los judíos de las regiones occidentales han llevado lentamente a la declinación del judaísmo chino autóctono. En el siglo XX, con la llegada de la República Popular, las religiones tuvieron un trato muy limitado. Solo cinco fueron admitidas oficialmente, pero entre ellas no se hallaba el judaísmo. Durante la guerra, llegaron muchos extranjeros huidos de Europa: es ejemplar el caso de los 15.000 judios salvados en Shanghai, a quienes fue dedicado el Museo Judío de Shanghai. Pero allí también se encontraban muchos refugiados provenientes de la URSS. En esos años en que muchos inmigrantes, deseosos de reconstruir y recuperar los rituales judaicos en China, se animaron a llevar a esos lugares seguros muchos objetos de valor relacionados con la observancia.

“Hoy en día, más allá de que muchos extranjeros judíos viven en China por trabajo, no existe una comunidad judía ligada a aquellas que estuvieron desde el principio - comenta Mons. Fumagalli -. en la sociedad, hay mucho interés en el judaísmo, y no faltan las relaciones académicas entre Israel y la Universidad de China (las relaciones diplomáticas entre los dos países han comenzado en 1992). Sin embargo, hay más y más casos de jóvenes que buscando sus propios orígenes judíos deciden emigrar a Israel, a redescubrir sus raíces”

La ‘Geniza afgana’

Desde Afganistan han llegado noticias muy interesantes, se han encontrado, probablemente en una gruta del norte del país, cerca de 200 documentos pertenecientes a los siglos X y XI.  Al parecer es una Genizá, un sitio donde los judíos guardan sus textos en desuso considerados sagrados, que dan muchas informaciones sobre la presencia judía en la época en la región del Khorasan.” Se trata de documentos de diverso carácter – ha explicado Ophir Jaim, que está estudiando el nuevo material para su doctorado en Jerusalém - : documentos legales, registros financieros, poesías, traducciones bíblicas y comentarios. Las lenguas utilizadas son muchas: hebreo, arameo, árabe, judeo-árabe, persa”.

Entre todo esto, se halla el Tratado de Avodà Zarà de la Mishnà.  Algunos textos de Saadia Gaon (882-942), la traducción del Libro de Jeremías en antiguo judeo-persa  y trabajos de literatura caraíta.

Es interesante entonces notar como en algunos documentos se habla de un cierto Abu Nasser, que en realidad en otra carta es mencionado como Abu Yehudà. “Esto por lo tanto significa que los judíos en esa época usaban nombres diferentes con sus vecinos musulmanes- ha explicado Jaim -. Son documentos preciosos, que cuentan como era la vida judía en aquellos lugares. Y no excluyo que haya muchos otros en las cavernas desparramadas entre las montañas”.

Las deportaciones judías durante Stalin

En fin, el último testimonio directo ha sido aportado por Mons. Edoardo Canetta, que ha hablado de la historia de los judíos deportados en Asia Central (Kazakistan) por Stalin.

“Hasta la primera de las revoluciones bolcheviques vivían en la zona que luego quedó bajo la dominación soviética (excluidas las Repúblicas Bálticas) cerca de 5.500.000 de judíos – ha explicado – el 97% de los cuales hablaba principalmente el idish. Con la revolución muchos judíos adhirieron al partido de los mencheviques; en general sin embargo la aversión sobre el tema de las religiones se reflejó también sobre los judíos. Ya en 1918 la separación de la Iglesia del Estado y de la escuela lleva a la clausura de muchas escuelas judías, que tienen un rol importante en la conservación de la lengua y la cultura.

Stalin una vez que llegó al poder, elaboró una estrategia en que claramente trató de convertir al judaísmo en un grupo étnico integrado al sistema soviético, quitándole su carácter religioso.  En el período de las grandes purgas que golpearon sobre todo a los intelectuales, fueron muchísimos los judíos – artistas poetas, escritores, literatos, músicos etc.. –que terminaron en los gulags. 

Canetta descubrió que este destino no solo involucró a hombres y mujeres por igual, también les tocó a las esposas, a las mujeres de los considerados “enemigos del pueblo”.  El encontró que el campo de trabajo de Alzhir, estaba destinado a las que simplemente eran cónyuges de los inculpados (incluida, por ejemplo, la esposa del disidente Nikholai Bujarin) allí el 17% de las prisioneras eran judías. Hoy el campo (acrónimo ruso Alzhir, es el campo de Akmola para las esposas de los traidores de la patria) alberga un museo donde Canetta ha podido examinar otros dos millones de cartas de las detenidas, descubriendo que los judíos tenían un gran nivel literario y que las mujeres tenían una gran cultura. Estudiando campos cercanos, el erudito también ha descubierto que a veces en otro campo de concentración cercano había autoridades religiosas de todas las denominaciones -ortodoxos, católicos, etc... – Pero no había rabinos. "Con pesar, sin embargo, me di cuenta que lo que encontré no le importa mucho a las comunidades judías locales – explicó – pero es tiempo de reapropiarse de su historia, ignorada hasta hoy."

* LA OPOSICIÓN AL NAZISMO DENTRO DE ALEMANIA

 

Georg y Anneliese Groscurth

Publicado por
Javier Bilbao

 

La oposición al nazismo dentro de Alemania

 

 

 

 

 

 


Georg y Anneliese Groscurth

 

 

 

 


Georg y Anneliese Groscurth

 

 

 

 


Plaza Georg-Anneliiese Groscurth

 

 

 

 

 

 


Fuente:

Jot Down Contemporary Culture Mag

 

 

 

 



ALICIA BENMERGUI 
 
Columnista en
 "Música y Vida de Israel"
 
Por AM 670    
 
Escúchela los domingos de 13 a 15 hs.


 

Ponerse a leer en medio del mayor horror que ha padecido la humanidad en el siglo XX; tomar un libro y disfrutarlo mientras cientos de personas mueren cada día a tu alrededor: unos convertidos en esqueletos por el hambre, otros reventados por la enfermedad, muchos gaseados… Sin embargo, un grupo de niños y adultos del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau consiguió durante los primeros meses de 1944 leer de manera clandestina un reducido grupo de libros que, custodiados por una joven de 14 años, Dita Kraus, se convirtió en una minibiblioteca. El periodista Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967) ha novelado en La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta) esa gesta basada en hechos reales.

La primera noticia que tuvo Iturbe, director de la revista Qué leer, de este episodio en el campo de exterminio fue hace cuatro años a través del libro La biblioteca de noche, del escritor argentino Alberto Manguel, en el que se menciona una entrevista a un superviviente del Holocausto. Aquel hombre contaba que había una pequeña biblioteca que custodiaba una joven llamada Dita, con la que se casó años más tarde. La curiosidad de Iturbe por documentarse le llevó a encontrar "una página de Internet casera" que vendía una novela llamada The painted wall, editada solo en inglés. "Cuando pedí un ejemplar, me contestó alguien que firmaba Dita. Le pregunté si por casualidad era aquella Dita que guardaba libros en Auschwitz y me dijo que sí y que ella había sido la esposa del autor de The painted wall, ya fallecido".


El cuatro de septiembre de 1943 tres agentes de la Gestapo se presentaron en una casa situada en la localidad de Wehrda, donde el matrimonio formado por Georg y Anneliese Groscurth pasaba unos días de vacaciones. Tras ser detenidos, a Georg lo enviaron a la prisión de Brandemburgo. Allí lo torturaron en busca de información y posteriormente fue juzgado y condenado por un tribunal del Reich. Finalmente el ocho de mayo del siguiente año murió ejecutado en la guillotina. ¿Pero cuál fue su delito?

Georg Groscurth era un médico de gran reputación, que contribuyó decisivamente al desarrollo de algunos fármacos y tuvo pacientes de gran influencia, como Rudolf Hess, uno de los más estrechos colaboradores de Hitler (al menos hasta que se lanzó en paracaídas sobre el Reino Unido en plena guerra en una demencial misión diplomática). Detestaba el antisemitismo que se había instaurado en Alemania con gran virulencia desde hacía unos años, y precisamente la protección que creía que le brindaban tales contactos, junto a su prestigio profesional, es lo que le dio el arrojo necesario para fundar en 1939 junto a varios amigos la organización secreta Unión Europea. Un grupo de resistencia antinazi que ofreció protección a judíos y disidentes políticos de la persecución del régimen, proporcionándoles un escondite y documentación falsa para su huida.

Asimismo, en su condición de médico Georg hizo todo lo que estuvo a su alcance para sabotear la maquinaria de guerra nazi, declarando inhábiles para el servicio militar a los pacientes que le encargaban evaluar e incluso promovió la organización de la resistencia entre los soldados rusos prisioneros. Pero el paso que llevaría al grupo a la perdición fue la difusión de octavillas con la ayuda de una pequeña imprenta en las que exponían su ideario: la caída del fascismo en toda Europa, el restablecimiento de los derechos fundamentales democráticos, el socialismo sin dictadura estalinista y la unión política de todos los países europeos. Con ese gesto fueron demasiado lejos y pusieron a las autoridades tras su pista, su caída sería cuestión de semanas.

Conocedor de los eficaces y poco piadosos métodos de interrogación del régimen, Georg siempre procuró mantener al margen de sus actividades a su mujer, Anneliese, con el fin de proteger su vida. Tras la detención por la Gestapo ella resultó absuelta, pero decidida a honrar la memoria de su marido y continuar su causa. La guerra terminó poco tiempo después y creyó que entonces se reconocería esa labor de resistencia… no pudo estar más equivocada. Alguien dijo en alguna ocasión que tener razón 24 horas antes que el resto del mundo supone que durante ese día te tomarán por loco y posteriormente te odiarán por ello. Esto es exactamente lo que le pasó a Anneliese Groscurth y así lo recoge en su libro Mi año de asesino (Editorial Sajalín) el escritor Friedrich Christian Delius, uno de los autores alemanes más destacados de las últimas décadas y miembro del llamado “Grupo 47”, un conjunto de intelectuales de la posguerra como Günter Grass o Hans Magnus Enzensberger que, inspirándose en la Generación del 98 española, han intentado explicarse a sí mismos y al resto de los alemanes qué demonios había pasado en su país.

Como decíamos, el fin de la guerra parecía que iba a traer consigo un cambio radical de las cosas. Los Aliados se repartieron Alemania en cuatro sectores e iniciaron un proceso de desnazificación‎, intenso al principio pero que fue diluyéndose rápidamente ante la nueva prioridad que representaba la Guerra Fría con la nueva división de Alemania entre la RFA y la RDA. Muchos ex nazis fueron entonces perdonados y se reincorporaron a sus puestos de trabajo (especialmente en el lado occidental). Paradójicamente lo que no podía perdonarse era el pasado antinazi de personas como Anneliese: “resultábamos especialmente sospechosos porque demostrábamos a millones de simpatizantes que ellos también podrían haber actuado con decencia”.

Para echar más leña al fuego tuvo el atrevimiento de criticar el rearme alemán y la brutal represión policial a una manifestación que tuvo lugar en 1951, y lo hizo amparándose precisamente en la libertad de expresión que supuestamente garantizaba la nueva constitución del 49 de la Alemania Federal, uno de cuyos ejemplares enarbolaba como si de un estandarte se tratara, aunque por su aplicación práctica en ocasiones pareciera papel mojado. Perdió su empleo como médico, le retiraron el pasaporte, le negaron las ayudas como viuda de una víctima del nazismo y por todo ello estuvo envuelta en varios procesos judiciales, mientras su situación personal no cesaba de agravarse:

Desde entonces, la nueva marca le arde en la frente, en el talonario de recetas, en la placa de la consulta, en los cuadernos escolares de los hijos: “propagandista roja”. Se divulga entre los vecinos, el tendero, en la lavandería, en la peluquería, entre las personas diligentes de cuyos labios salía rápidamente el saludo hitleriano siete años atrás: propagandista roja. Luego llegan las cartas y las llamadas nocturnas: Desaparece, cerda roja, ¡Heil Hitler! Su empleada del hogar recibe amenazas: ¡Deje a esa comunista o se le complicará la vida! Y a los pacientes, los pocos que aún se atreven a ir, los abordan desconocidos en la calle: ¿Por qué va a visitarse con esa propagandista roja? ¿Acaso es usted también comunista?

Pero a pesar de todo ello y en contra de lo que le recomendaron insistentemente no quiso trasladarse a la Alemania Oriental, sabía que allí la disidencia política corría aún peor suerte y ella no era comunista, por mucho que emplearan ese término contra ella. Simplemente reivindicaba algo en apariencia tan fácil de comprender pero tan difícil de aplicar como que “el orden fundamental libre y democrático no consiste en decir siempre ‘sí’, sino en poder expresar opiniones críticas, discrepantes”.

Ese es el tipo de sociedad en la que ella quería vivir y por la que murió su marido. Christian Delius conoció en su juventud a Anneliese y con el mencionado libro quiso contribuir al reconocimiento de ambos, que se vio ampliado con el título concedido en 2005 por Israel a la memoria de Georg como “Justo entre las Naciones”.

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* VIAJE CON ALICIA BENMERGUI A LAS COLONIAS JUDÍAS
  ¡ANOTATE YA! ¡NO DEJES PASAR ESTA OPORTUNIDAD DE CONOCER!

VIAJE A LAS COLONIAS JUDÍAS DE ENTRE RÍOS

 

 

 

SUSY y GUIDO CORDON - AIICIA BENMERGUI
 *Un viaje al pasado, la nostalgia y el recuerdo de los “gauchos judíos*
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SALIDA VIERNES 23 DE AGOSTO
Concordia-Villa Dominguez - Villa Clara - Villaguay - Basavilbaso

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*23 de Agosto-Viernes
Salimos de Buenos Aires por la mañana con destino a la Ciudad de Concordia.
Llegada y alojamiento, almuerzo libre, por la tarde emprenderemos un paseo por esta preciosa ciudad, conoceremos el Parque San Carlos y visitaremos el Museo Judío de Entre Ríos. Luego asistiremos a la ceremonia de Kabalat Shabat en el Templo de la ciudad.  Cena incluida.
*24 de Agosto-Sábado
Desayuno en el Hotel para luego salir con destino a la emblemática Domínguez, donde visitaremos el notable Museo y Archivo Histórico Regional de las Colonias, el Galpón de inmigrantes, la Sinagoga, la Estación de Trenes, el elevador de granos y el viejo y actual Hospital ”Noe Yarcho”.
Almuerzo ofrecido por la comunidad.
Además, recorreremos Villa Clara, visitando la sinagoga y el Museo Municipal.
Al finalizar seguiremos camino a Villaguay, donde nos alojaremos. Cena libre.
*25 de Agosto-Domingo 
Desayuno en el Hotel y check out para dirigirnos hacia Basavilbaso, “Capital de los Trenes” donde hubo un importantísimo nudo ferroviario. Allí veremos la Estación de Tren, tendremos un almuerzo ofrecido por la comunidad, visitaremos la pintoresca Colonia Novibuco 1 con su Sinagoga rancho, única en el mundo y su distintivo cementerio.
Además conoceremos la hermosa y característica Sinagoga T. L. Moises (actualmente en funcionamiento), La Biblioteca Lucienville, el Monumento al centenario de la Colonia y la Cooperativa Sociedad Agrícola Lucienville (la primera cooperativa de producción y consumo de agricultores judíos de Sudamérica). 
          Al finalizar estas visitas, emprenderem el regreso a Buenos Aires.

 


 Para más información:

Comunicate de Lúnes a Viernes de 10 a 13 y 14 a 18 hs

al 4804-7276 o vía mail a susycordon@fibertel.com.ar

Operador responsable: Lidam Tour, EVT Leg. 10271

 

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Hagshamá en la Web
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Comentarios y sugerencias

* BEST SELLER

 


Mark Leivbovich 


 

 

Fuente: Nathan Guttman.
Publicado el 9 de agosto de 2013,
en The Jewish Daily Forward
* Cumpleaños 100 del convicto criminal de guerra nazi

This Town:

Two Parties and a Funeral-Plus, Plenty of Valet Parking!-in America's Gilded Capital

Un libro escrito por Mark Leibovich, hijo de un inmigrante argentino, publicó su libro que llegó a los primeros puestos de la lista de best sellers publicada en el New York Time. El libro ha causado un gran revuelo en Washington, su ciudad natal. Es una mirada brutalmente sincera sobre  la verdadera Washington, donde los políticos, consultores y periodistas constituyen una clase aparte, una élite de elegidos para quienes su objetivos y ambiciones personales están muy por encima de todo lo que puede considerarse ideología.

Algunos de los héroes de Leibovich son nombres muy conocidos, al menos para aquellos que siguen la política. Sin embargo, muchos son conocidos solamente dentro del unido círculo de Washington: prensa, secretarios, parlamentarios. Los grupos de presión y de la sociedad local detrás de las situaciones que se presentan en cada caso. El libro, según Leibovich, refleja el disgusto que sienten los estadounidenses en todo el país, hacia su sistema político.

 Leibovich, de 48 años, es el hijo de un inmigrante judío de la Argentina. Él creció en Massachusetts, en una casa que  describe como "un hogar no religioso", donde su familia "fue a la sinagoga muy esporádicamente”.  El autor señala su origen como una posible explicación para el punto de vista externo que ha adoptado en el examen de su entorno.

 "Creo que para ser un buen periodista,  es una ventaja tener la mirada de alguien ajeno” , ser un outsider,  “verse a si mismo como un extraño, es una mirada que siempre tengo, hasta cierto punto", dijo. "No sé si es porque mi padre vino desde Argentina y que soy el hijo de un inmigrante, no sé si es porque soy judío, pero siempre he sido consciente de que se te  ocurren las mejores ideas cuando se tiene algún tipo de una perspectiva ajena, desde  afuera ". 

 

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