* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas Organización Sionista Argentina
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año VII - Nº 160
31 de Marzo de 2013 / 20 de Nisan de 5773
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com.ar
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal

* Indice *

Alphonse Levy – Pintor
Relatos de Pesaj-Elías Canetti
Historia de los Judíos de Grecia –Salónica
Arte contra la barbarie nazi - Francia 1938-1945

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Radio Sefarad de Madrid: MILIM Corresponsal en el Tiempo

Reportaje a la Prof. Alicia Benmergui
NAVEGUE MIENTRAS ESCUCHA


CABA


ALPHONSE LEVY - PINTOR

Traducción
Alicia Benmergui

EL TESTIMONIO DE UN MUNDO DESAPARECIDO

Alphonse Levy
1843-1918

 


Alphonse Levy


 


Alphonse Levy,
Judíos de Alsacia Yom Kipur


 


Alphonse-Levy
Judíos de Argelia Rabino enseñando a un alumno

 

 


Alphonse Levy,
Napoleón III Un Águila Desplumada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Alphonse Lévy, peintre de la vie juive par Emmanuel Haymann, Editions d'art Haymann, Strasbourg- Genève 1976

 

 

 

 

 

 

El invierno de 1848 fue particularmente duro en Alsacia, en el norte de Francia. En el pequeño pueblo de Marmoutier a la sombra de la imponente abadía, la miseria de los agricultores aumentaba cada día, la ira iba en aumento. Muy lejos, en París, la credibilidad del gobierno iba en disminución. La población fue creando rápidamente el culpable ideal para esta grave situación: los judíos

La comunidad judía era casi una quinta parte de los 1.500 habitantes de la aldea.  El 28 de febrero los hogares judíos fueron saqueados, para poder protegerlos, el alcalde del pueblo pidió ayuda a la policía de Saverne.  El 3 de abril, el líder del escuadrón policial de la región escribió al Comisionado del Gobierno en Estrasburgo: "Al mediodía de hoy, todos saquearon los domicilios judíos!”.

Perdido en la violencia de los adultos, un niño de cinco años de edad, lo ve todo y no  entiende nada. El pequeño Alphonse Levy no sabe que su familia está especialmente afectada. Napoleón les hizo cambiar su nombre los judíos de Alsacia en 1808, entonces su abuelo rebautizó a su hijo Meyer Wolff, con el nombre más francés más asimilado de Marc. Su abuelo, para poder mantener a su familia, durante años iba  caminando con sus animales una vez por semana a Saverne, a seis kilómetros de la aldea. Lo hacía a pie, detrás de ellos, tratando de realizar pequeños negocios, pero lo que gente de la aldea no le perdonaba al viejo Joachim, quien trabajó tan duramente, es que luego de una veintena de años adquirió numerosas tierras en los alrededores. También había comprado justo enfrente de la escuela judía, el “Jeddeschuel”, la bella casa donde había nacido Alphonse Lévy en enero de 1843. No contento con enriquecerse el abuelo demostró ser profundamente judío: en 1823, compró con dos amigos una casa próxima a la sinagoga para hacer un hospicio judío, “Hekdisch”.

Poco después de todos estos problemas Marc Levy, su mujer Rosette y el pequeño Alphonse abandonaron Marmoutier para instalarse en Estrasburgo. El niño iba todos los días al Liceo Imperial y fue allí y en esa época que descubrió su pasión por el dibujo.  Había sido tentado por el diablo muy rápidamente. Alphonse no sería comerciante, “Handelsmann” como lo fueron en su familia. Será un artista, un pintor, como Rembrandt a quien tanto admiraba.

En 1860, a los 17 años, abandonó definitivamente Alsacia por París. Estudió en el taller de Jean-León Gérôme, famoso  pintor académico en ese momento. Gérôme le enseñó a Alfonso Levy el arte del dibujo, aunque el maestro clásico no estaba de acuerdo con el espíritu libre del joven alsaciano, éste mantuvo una sólida técnica pictórica y las cálidas amistades de Gérôme y de Carolus Duran, un pintor de moda que tuvo su momento de apogeo. Alphonse  Levy también estudió a Rembrandt. Se sentía cercano al pintor que tantas veces había elegido representar a los judíos de Amsterdam. Sin embargo, por el momento, sus preferencias se inclinaban por Honoré Daumier, alguien que representaba un cambio, estaba naciendo una nueva expresión artística, donde el humor, la sátira y el diseño comienzan a tener un papel predominante. Todos los días surgían periódicos e  historietas ilustradas casi tan rápidamente como desaparecían...

Primeras publicaciones

Alphonse Levy es entusiasta. Él presta su talento a numerosas revistas. Cuando en 1865, sus primeros dibujos fueron publicados en la revista La Luna, sólo habían pasado cinco años desde que salió de Estrasburgo. En la redacción el joven se codea con el  famoso caricaturista André Gide, diseñador estrella del periódico. Alphonse Levy tenía entonces tan sólo veintidós años. La Luna, una revista ilustrada semanal, estaba dirigida contra el poder de Napoleón III, que prohíbe la publicación tres años después.

La guerra de 1870 y la Comuna

En 1870 Francia está en guerra con Prusia y Napoleón III ve tambalear y desmoronarse su imperio.  En el nuevo mundo que se ha creado Alphonse Levy ha cambiado su nombre. Ahora, firma sus obras con el seudónimo Said para poder atacar tanto al Imperio moribundo como al  enemigo prusiano. Napoleón III, caricaturizado como un loro cubierto con un casco lleno de pinches, parado sobre una percha llamada “vergüenza e infamia”. Al año siguiente, tuvo lugar la Comuna de París. Said sigue ahí, vigilante. Lápiz en mano, se puso del lado de los insurgentes. Con la derrota de la Comuna desaparecen Said y la esperanza. Levy reanuda su trabajo dedicado a la sátira, se hizo famoso por su participación en el diario satírico del boulevardier.

Escena de interior judío 

El orientalista León Cahún,un judío alsaciano, escribe La Vida Judía, un fresco romántico del judaísmo popular alsaciano. Alphonse Levy ilustró el libro que apareció en 1886, en ese momento finalmente ha descubierto su verdadera vocación: será el testigo del pueblo judío, incluso encontró un compañero en la persona de León Cahun.  Dos años más tarde, en 1888, el artista participó en la ilustración de la obra de Sacher-Masoch, que una vez fue desdeñado por el erotismo de su escritura, el libro se llamó Cuentos Judíos y parece ser que estaba pleno de encanto y dulzura. Sólo en 1903 Alfonso Levy publica susEscenas de la Vida Judía en Alsacia.

Probablemente es en esta época que Alphonse Levy comenzó a trabajar en su serie de litografías que representan escenas de la vida judía cotidiana en Alsacia. Es entonces cuando él, que hasta entonces se había hecho un nombre en la historieta y los comics, se convierte en pintor, testimoniando la existencia de aldeanos judíos. Cuando en 1903, reunió una colección de sus litografías judías principales bajo el título Escenas de la Vida de las Familias Judías, señaló, "Esta es una obra de fe, de la memoria, ejecutada como producto de la inspiración. Es el homenaje de un niño alsaciano a los modales simples y  a las costumbres sencillas y rústicas que lentamente van desapareciendo".

Pero los sofisticados judíos de París se rehusaron a reconocerse en esos pobres judíos campesinos. No les gustaron esas típicas escenas rústicas del viejo judaísmo alsaciano, por más religioso que fuere, o tal vez por esa misma razón.

Los reproches lo exasperaron a Alphonse, la revista judía alemana Ost un Westque se publica en Berlín, se convierte en su defensora y en un artículo publicado en 1905, cita estas palabras del pintor: cuando era un niño no fui acunado por el canto del ruiseñor pero fui determinado por la belleza y la magia del culto de la religión a la que pertenezco. Busco mis modelos entre la gente común, entre los aldeanos ingenuos y piadosos. Mis modelos los he tomado de las aldeas de la Alsacia y la Lorena, donde vive mi familia. Ellos son los antepasados de los Judíos que Monsieur Drumont ataca tan violentamente ahora. Pero me pregunto si esos antepasados estarían de acuerdo con el modo de vivir de sus nietos en la actualidad .”

La entrada en el mundo de las Bellas Artes

Mientras tanto, muchas de sus  exposiciones se habían ganado los elogios de la crítica. Uno de ellos escribió:"En sus obras trasciende un hálito de fe sincera y emoción tan intensa que le llega a lo más profundo del alma del espectador y es esto lo que revela a un gran artista. "

Otro confesó "Los católicos no tenemos en la actualidad un pintor que nos represente como lo hace Alfonso Levy con sus correligionarios." El mundo de las Bellas Artes” otorga al artista de Alsacia una atención digna de su talento. El Musée du Luxembourg en París, el equivalente del actual Museo de Arte Moderno, compra y expone sus litografías principales.

A partir de 1874, expuso anualmente en las esculturas del Salón de París, pinturas, aguatintas, litografías. Como litógrafo recibió una mención en la Exposición Universal de 1900. Al año siguiente fue nombrado miembro asociado del Salón de la Nationale des Beaux-Arts. Un comité presidido por Gerome, su antiguo maestro, lo propuso para la Legión de Honor. El caricaturista de la prensa política es olvidado, para los críticos se convierte en el “Millet de los judíos”

Reunión con los Judíos de África del Norte

Sin embargo, hasta su muerte, sus obras se vendían muy mal, vivía dificultosamente, encontrando un poco de ayuda en otro pintor judío de su época, Jules Benoit-Levy.  En tanto su familia se establecía en Argelia, a menudo, iba a Argel aprendiendo sobre los judíos de África del Norte. A partir de 1904, comenzó a pintar en un estilo nuevo sobre la vida judía en Argelia, ya estaba completamente retirado de la caricatura.

Cada invierno salía de su pequeño apartamento parisino en la Rue de Seine para viajar a Argelia. Cuando llegaba al Norte de África se encontraba con la autenticidad judía, la muerte lo sorprende en Argel, el 2 de febrero de 1918, cuando había cumplido recientemente setenta y cinco años. Con su muerte, el público judío descubrió que Alphonse Levy no sólo era el custodio de un judaísmo del pasado, sino también un vínculo viviente entre las dos comunidades judías, la de Europa y la del Norte de África.

Por supuesto, el pintor de la vida judía a veces se muestra como un observador con mirada crítica, a veces los comentarios que completan sus grabados demuestran que no ha comprendido demasiado bien el judaísmo que representa desde un punto de vista místico. Pese a que algunas de las escenas de sus grabados tienen cierta condición caricaturesca, incluso más allá de las consideraciones artísticas, sus obras son, por su valor documental, un testimonio privilegiado de dos formas de judaísmo sometidos a cambios muy profundos. 

En efecto, poco después de la Primera Guerra Mundial, la Alsacia rural judía estaba yendo hacia la supresión casi total y las comunidades judías del norte de África, como Alphonse Levy bien lo había advertido, hoy no son más que un recuerdo..

Un recuerdo que a veces penetra en el sueño solitario del cementerio judío más grande de Argel, donde se encuentra el pintor que llegó de las nieves de Marmoutier ...

________________________________________

Hasta aquí esta nota reparadora y melancólica, sobre un pasado judío desaparecido y un pintor sobre el que nosotros queremos señalar algo que los historiadores tienen la costumbre de registrar. Cuando Alphonse Levy pinta estas conmovedoras imágenes no es el mejor momento para ganar mucho dinero o conseguir muchos clientes.  El antisemitismo se extendía por toda Europa como una mancha de aceite que iba lentamente impregnándolo todo. Especialmente en Francia, no es en vano que Levy menciona al peor de todos, Edouard Drumond, el autor de un libro profundamente antisemita “La France Juive” y de uno de los periódicos más ponzoñosos contra los judíos.

Por otra parte ni los judíos alsacianos ni los judíos argelinos eran algo en lo que los judíos parisinos se vieran representados. No era un momento histórico donde los antiguos ritos y el apego a las viejas tradiciones fueran bien vistos por el judaísmo  europeo. Especialmente el parisino, profundamente secular y con una apego nacionalista muy fuerte, ensueño del que iban a despertar los franceses con El Caso Dreyfus y los judíos alemanes con el fin de la Primera Guerra Mundial. Es evidente que Levy se sentía emocionalmente muy atraído y comprometido con este testimonio de un judaísmo que en la actualidad es solo un recuerdo.

 

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* RELATO DE PESAJ *
  ELÍAS CANETTI

Tradujo Alicia Benmergui

Geneviève Straus
1849 – 1926

 

*Se autorizan la reproducción total o parcial de los artículos mencionando: Fuente, Autor y Nº de Revista*


ALICIA
BENMERGUI


Columnista en
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de Israel"

Por AM 670

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Elías Canetti nació en Rusçuk, ciudad del Imperio otomano, ahora Ruse, en la actual Bulgaria, el 25 de julio de 1905 y murió en Zúrich el 14 de agosto de 1994), fue  un importante escritor y pensador en lengua alemana En 1972 recibe el Premio Georg Büchner, la más importante distinción literaria en lengua alemana, y en 1981 el Premio Nobel de Literatura. Descendiente de judíos sefardíes que en su éxodo desde España vieron cómo su apellido original Cañete, nombre de la población de Cuenca de la que procedían, se transformó en Canetti. Tenía como lengua materna el judeoespañol, es decir, el castellano, lengua de su familia durante siglos, pero desde niño sabía oír y entender otras lenguas, y también hablarlas y tenerlas como instrumento de comunicación y de creación. Canetti, gran oidor, construyó su forma de entender el mundo, poblado en su comunicación por una pluralidad lingüística, que es también literaria y cultural.

Aquí tomaremos de su texto "La Lengua Absuelta 2

“Antes de Pesaj, Pascua, era cuando se hacía la gran limpieza de la casa. Todo se removía y se ponía patas arriba, nada permanecía en su sitio y como se empezaba muy temprano por la mañana – duraba, creo, unas dos semanas - , este era el momento en que reinaba el mayor desorden. Nadie tenía tiempo para nadie, si uno tropezaba con alguien se le hacía a un lado o se le despedía, e incluso en la cocina, donde sucedían las cosas más interesantes, a lo sumo se podía echar una rápida ojeada. Lo que más me gustaba eran los huevos morenos, que hervían en café durante días enteros. . .”

“Para la noche del seder se preparaba y aderezaba a la larga mesa de la sala de estar y tal vez haya sido de veras muy larga la habitación, que la mesa acogería a muchos invitados. Toda la familia se reunía para la noche del seder, que se celebraba en casa. Era costumbre recoger de la calle a dos o tres personas a las que sentaba a la mesa y se las hacía partícipes de todo.

En la cabecera se sentaba el abuelo y leía la Hagadá, la historia del éxodo de los judíos de Egipto. Era su momento más orgulloso: no solo por estar sentado en el puesto de honor, por encima de sus hijos carnales y políticos, que mostraban respeto y seguían todas sus indicaciones, sino por él, el más anciano, con su incisiva cabeza de ave de rapiña, era también el más fervoroso. Nada de lo que ocurría a su alrededor se le escapaba, notaba el más mínimo movimiento, cada ligera agitación de la mesa y lo controlaba todo con una mirada o un ligero movimiento de mano. Todo era muy cálido y la atmósfera era densa, como en una remota leyenda en la que todo estaba perfectamente representado y cada cosa tenía su sitio. Llegué a admirar mucho al abuelo en las noches del seder. Incluso sus hijos, que no se llevaban precisamente bien con él, parecían felices y contentos.

Siendo el más pequeño también yo tenía mi propia y no poco importante función; tenía a mi cargo el Ma-nishtaná . El relato del éxodo se hacía a partir de una pregunta inicial sobre el motivo de la fiesta. El más joven de los presentes pregunta, al comienzo mismo, que significan aquellos preparativos: el pan sin levadura, la hierba amarga, y las demás cosas poco habituales que se hallan en la mesa. El narrador, en este caso el abuelo, responde a la pregunta del más joven detallando, la historia del éxodo de Egipto. Sin esta pregunta mía, que yo recitaba de memoria sosteniendo un libro en la mano y aparentando leerlo, el relato no podía comenzar. Sus pormenores me eran conocidos, me los habían explicado a menudo; sin embargo durante toda la lectura no me abandonaba la sensación de que mi abuelo me estaba contestando a mí.

De esta forma, también para mí era una gran noche, me sentía importante, francamente indispensable; era una suerte que no hubiera ningún primo más joven que me hubiera usurpado el papel. 

Pero si bien yo seguía cada una de las palabras y gestos del abuelo, me alegraba cuando finalizaba la lectura. Entonces veía lo mejor: todos los hombres se levantaban de repente y bailaban un poco en rededor, cantaban y bailaban juntos “¡ Jad gadiá, jad gaciá” – “Un corderillo, un corderillo”. Era una canción divertida en hebreo y yo la conocía muy bien, pero tan pronto como acababa, un tío mío me hacía señas para que me acercara y me la traducía al ladino, verso a verso.

 

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Comentarios y sugerencias

* HISTORIA DE LOS JUDÍOS DE GRECIA

Tradujo Alicia Benmergui

 

En este número estamos publicando el texto correspondiente a la Historia de los Judíos de Salónica, que debería haberse publicado en el Nº 158, que narra lo ocurrido entre los años 1917 y 1931.

 


Salónica Antigua calle judía- Ladidaka



Salónica. Antiguo Barrio Judío antes del Incendio que lo destruyó

 


Salónica Barrio Judío Luego del Incendio.

 

Autora: Reina Molho.
Tradujo Alicia Benmergui.

Fuente: Les Juifs en Grèce au XXe siècle. Reina Molho. www.persee.fr/2003

 

 

 

 

 

 

 

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JUDÍOS DE SALÓNICA - SU HELENIZACIÓN

 

El carácter judío de Salónica era una fuente de preocupación para los gobiernos griegos. Como puerto natural, la ciudad era la verdadera salida de Europa Central desde el Báltico, por esta razón todos los países balcánicos habían soñado con apoderarse de ella,con el fin de obtener libre acceso al mar Egeo. Una vez integrada a Grecia, se había vuelto una ciudad fronteriza, situada a algunos kilómetros del interior balcánico, y más vulnerable a la codicia de los países vecinos o de la población extranjera establecida allí. La helenización  de Salónica era una prioridad en el programa del partido liberal griego que dirigía el Primer Ministro Venizelos desde 1910, pues se consideraba que aseguraría mejor la protección del país y la integridad de su territorio.

Había allí un antagonismo irreductible entre su partido y la población judía de Salónica. Los judíos estaban acostumbrados a ser exceptuados del servicio militar, privilegio que se había eliminado con la Revolución de los Jóvenes Turcos y preocupados por las repercusiones molestas que el programa de helenización de Venizelos podía tener para ellos. Por esa razón votaban a favor de los sionistas o socialistas, o por los monárquicos, su peso electoral los convertía en los verdaderos árbitros de las elecciones en Salónica y Venizelos no podía hacer nada contra su hostilidad. Severamente golpeado en las elecciones generales de noviembre de 1920, atribuyó inmediatamente su derrota a los sufragios de los “alógenos”. Durante el período político republicano, muy complicado, que siguió de 1924 a 1933, los judíos fueron el blanco de una política hostil, si no claramente antisemita, oculta en parte por el carácter democrático del partido liberal. A partir de 1923, los judíos se vieron obligados a votar en un sector electoral separado, es decir, en un gueto político, que reducía su poder electoral obligándolos a votar solamente por sus representantes. Su manera de responder a esta medida fue la decisión de boicotear las primeras elecciones posteriores a esta decisión: en la consulta hubo solamente quince electores sobre un total de diez mil inscriptos

A todo esto se añadieron medidas compulsivas, por ejemplo cuando se trataba de contribuyentes “ajenos”, los inspectores del fisco ejercían su mandato con un rigor muy especial. Muchos comerciantes judíos eligieron la emigración para evitar la persecución fiscal. Después de haber liquidado sus asuntos, los más ricos se instalaron en Milán, París o Marsella, la élite de la comunidad de Salónica así como una gran parte de las fortunas judías locales desaparecieron en este éxodo. La ciudad se vio privada de sus “ producciones ” y de sus capitales; el molino y el ladrillar Allatini, la fábrica de cerveza Olympos, así como cientos de otras empresas cambiaron de manos en esta época. Muchos obreros judíos y no judíos de Salónica se encontraron reducidos al desempleo, sobre todo teniendo en cuenta que millares de refugiados griegos, llegados a Salónica después del fracaso de la campaña de Asia Menor en 1923, competían con ellos, aceptando sustituirlos por salarios inferiores.

Esta afluencia transformó profundamente la estructura demográfica, económica y social de toda Grecia. Pero especialmente de Salónica, donde se instalaron repentinamente cien mil refugiados, privados de todo - los refugiados más ricos preferían establecerse en Atenas o el Pireo atraídos por la centralización gubernamental - mientras que los recursos de Salónica, privada de su interior, estaban en franca declinación. Numerosos refugiados se beneficiaron con importantes desgravaciones fiscales, así como con la indulgencia de los agentes del fisco, lo que tuvo como efecto un desaliento creciente de los judíos de Salónica y un aumento de las migraciones; tanto más numerosas en cuanto disminuía la calidad de vida de la comunidad en la que algunos lo habían perdido todo. Después del incendio de 1917, millares de casas del centro de la ciudad habían desaparecido, y sus antiguos habitantes judíos no tenían ya ninguna esperanza de poder reconstruirlas.

Algunos meses después de la catástrofe - en mayo de 1918 -un ministro, Papanastassiou, uno de los líderes liberales, había publicado la expropiación general de la zona incendiada, alegando razones de política urbana (pero se trataba obviamente también de una ocasión inesperada de helenizar la ciudad). La configuración urbana previa fue eliminada, después de algunos años de debates, los nuevos lotes fueron rematados públicamente, pero los antiguos pequeños propietarios judíos, que para ese entonces ya habían gastado sus ahorros (por otra parte seriamente devaluados tras la guerra), solo pudieron adquirir muy pocas propiedades. No pudiendo reinstalarse en los antiguos lugares donde habían estado sus casas y negocios, terminaron por revender con descuentos las órdenes de propiedad de la tierra que se les habían otorgado. En 1923, el mismo Papanastassiou, que se había convertido en Ministro de Trabajo, combatió la tradición del Shabat, con una ley específica para la ciudad de Salónica, estableciendo obligatoriamente el descanso dominical, consagrado por la tradición. La crisis de 1929 afectó mucho más a los judíos que ya estaban debilitados por todas estas dificultades. La industria del tabaco, que ocupaba a numerosos obreros judíos, cerró súbitamente, reduciendo a millares de obreros al desempleo. En esta situación, la comunidad se dividió profundamente. La mayoría era sionista: existía una profusión de hermandades, círculos y clubes educativos y deportivos (entre los cuales los más comunes era  Macabi, Bnei Zion, Bnot Israël, Nouveau Club, Théodore Herzl, Betar, Misrahi, Bialik, Geula, Max Nordau, Hatehya, Hashahar, Menora, Mevasseret Zion, Association des Jeunes Juifs. Todos tenían su local, su biblioteca, sus conferencias, sus cursos, etc., y en consecuencia las actividades ideológicas eran coordinadas por la Federación Sionista(1919) a la cual adherían todos los grupos sionistas del país. Por su parte, los moderados, o “alliancistes”, impregnados de la ideología de la Alianza israelí, que se reclutaban sobre todo en las clases medias y la alta burguesía, eran partidarios de una política de asimilación a la lengua y a la cultura del país, y afirmaban que cada elector debía votar según su conciencia y sus intereses políticos.

Los “populares”, agrupaban en sus filas la mayor parte de los habitantes de los suburbios, obreros y artesanos. Sólo representaban una cuarta parte del electorado judío, pero era su sector más activo, de modo que algunos órganos de prensa y los informes policiales les asignaron una influencia predominante, presentando así a la comunidad entera como una fuerza de izquierda. A las elecciones parlamentarias, los “populares” llegaban a menudo a colocar en el parlamento a uno o dos diputados judíos gracias a las alianzas con los partidos de izquierda del país. En la mayor parte de las ciudades de la Vieja Grecia, había buenas relaciones entre judíos y cristianos, las pequeñas comunidades judías no representaban un factor de competencia  en la economía de esos lugares. En cambio, los judíos de Salónica que a pesar de una progresiva decadencia conservaban aún restos considerables de su antigua prosperidad, eran objeto de un antisemitismo muy activo.

La hostilidad del partido liberal contra los judíos  parecía sin embargo atenuarse poco a poco, el abogado Ascher Mallah en 1929 fue elegido senador en la lista de los vénizélistes, que recogían cada vez más apoyo judío. Su candidato al ayuntamiento de Salónica fue apoyado por dos mil  judíos y fue elegido como vicealcalde el judío Avraam Recanati. Este apaciguamiento sin embargo duró poco. Los diarios de  Salónica lanzaron ataques antijudíos que se oponían sistemáticamente a los refugiados judíos a los que consideraban alógenos. A los ojos de los refugiados, una expulsión masiva de los Judíos habría permitido a las “verdaderos helénicos” repartirse  sus bienes. El anti judaísmo de una determinada prensa llamó a armarse contra los Judíos de Salónica a estudiantes, reservistas del ejército y una parte de la población de los suburbios. Dirigida por un comerciante de ropa, Giorgios Cosmidis, una liga antijudía, el Ethniki Enosis Hella se celebró en Sofía,- las Tres Épsilones - se fundó en 1930. Se presentaba como una sociedad secreta, pero reclutó a millares de miembros, e hizo llamamientos a la agresión directa contra los judíos. Makedonia, el órgano de los Vénizélistes, se colocó de su parte publicando artículos antisemitas, en especial el periodista Nicos Fardis y sus suplentes. Bastante contradictoriamente, uno de sus temas favoritos sostenía que los judíos eran comunistas que trabajaban para la destrucción del país, pero que al mismo tiempo, se enriquecían a costa del pobre pueblo griego. Para ellos, los Judíos representaban un peligro sin precedentes en el helenismo, y era necesario, por lo menos, expulsarlos. En 1930 se celebró en Sofía  un congreso de las sociedades macabeas, al cual asistió un delegado de Salónica, en una alocución, un judío búlgaro hizo alusión a la necesidad para Bulgaria de anexar la Macedonia griega. La observación hubiera pasado inadvertida, pero un miembro de las “Tres Épsilones” revisando las actas del congreso la descubrió y se apresuró acusar el  delegado de Salónica y a Macabi, - en realidad a toda la comunidad de Salónica, y al judaísmo mundial – de colaborar con los Búlgaros para quitarle a Grecia la más bonita e importante de sus provincias.

 

 

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* ARTE CONTRA LA BARBARIE NAZI

 

Horrores vieneses

Una comisión fija la historia de colaboracionismo de la Filarmónica de Viena

Rosalía Sánchez | Berlín

 


Helmuth Wolbisch

 

La orquesta estuvo dirigida de 1954 a 1968 por un antiguo miembro de las SS y colaborador de la Gestapo

 


Helmuth Wolbisch

 

 


Wilhelm Furtwangler y Adolf Hitler

 

 

 


Fuente: El Mundo es Lunes 11/03/2013.

Enviado por nuestro amigo y colaborador Jorge Pinos- España

 

"El Arte de la guerra. Francia 1938-1947"

El Guggenheim Bilbao abre al público el próximo sábado la exposición

'El arte de la guerra. Francia 1938-1947'

Reunirá un total de 400 obras de 120 artistas que trabajaron durante la Ocupación nazi en París

Cuando los tanques del Tercer Reich entraron triunfalmente en París el 14 de junio de 1940, apenas encontraron resistencia. Días después, el Mariscal Pétain firmaba el armisticio para cesar las hostilidades en Francia y los nazis transformaron la ciudad de las luces en territorio ocupado. El París de 1940 nada tenía que ver con el de las décadas anteriores, que remite a los cafés inundados de pintores, actores y escritores, a noches de cabaret... Los artistas que se quedaron en la ciudad tuvieron que doblegarse a trabajar bajo las condiciones de las tropas de la ocupación.

En esa época, un oficial nazi que visitaba el estudio que Pablo Picassotenía en la calle de los Grands-Augustins, se acercó ante una reproducción del cuadro del Guernica y le preguntó si era él el que había hecho eso. El pintor respondió con sorna: "No, han sido ustedes". Picasso se convirtió en un auténtico símbolo de la resistencia a la ocupación nazi. Después de que le fuera denegada la nacionalidad francesa en 1940, el artista renunció a un posible exilio en Estados Unidos y regresó a París. Allí fue acosado por la Gestapo y marginado, mientras su obra, considerada arte degenerado por el régimen de Vichy y por los nazis, quedaba sometida a la auto censura del medio artístico local.

"Picasso se pasó toda la guerra en su estudio de París. Tal vez hubiera podido escaparse a Nueva York, como hicieron otros, pero el hecho es que escogió vivir allí. Era una presencia. Todo el mundo conocía dónde estaba su estudio, aunque él intentaba mostrarse poco. Se decía que algún oficial alemán le daba madera para quemar en su estufa, o que el sonderführer del Propaganda Staffel le proporcionaba telas para pintar", relata Alan Riding en su libro Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis (Galaxia Gutemberg). 

Algunas de las obras del genial artista malagueño, que tuvieron que ser realizadas en precarias condiciones y en un medio totalmente hostil, se podrán ver en la exposiciónArte en guerra. Francia 1938-1947: de Picasso a Dubuffet, que el Museo Guggenheim Bilbao abrirá al público el próximo sábado. Una gran exposición organizada en colaboración con el Museo de Arte Moderno de París (MAM), que reunirá más de 400 obras de 120 artistas que supieron dar una respuesta estética al horror de la segunda guerra mundial.

Patrocinada por el BBVA y comisariada por Jacqueline Munck y Laurence Bertrand Dorléac, promete convertirse en una de las citas artísticas más importantes a nivel europeo de la temporada, con la que el museo pretende igualar el tirón mediático que tuvo la muestra dedicada a Hockney el verano pasado.

La muestra se divide en diez secciones y arranca en 1938 con la Exposición Internacional del Surrealismo, en la que se intuye lo que estaba por venir, cuando la componenda de Munich dio alas al nacional-socialismo de Hitler. Dentro del recorrido por este periodo tan oscuro de la historia del siglo XX se dedica una sección completa a Picasso, en la que se pueden ver sus retratos de mujeres retorcidas por el dolor, sus oscuras naturalezas muertas..

CAMPOS DE CONCENTRACIÓN La nómina de artistas que componen la exposición es difícilmente igualable. Además de Picasso, se pueden ver obras de Matisse, Max Ernst, Breton, Bonnard, Braque, Brauner, Dubuffet, Duchamp, Julio González, Kandinsky, Klee, Man Ray, Vieira da Silva... La exposición recuerda el paso por los campos de concentración franceses de grandes maestros como Max Ernst. Una de las joyas de la muestra es un retrato suyo realizado por Hans Bellemer en el Camp des Milles, una antigua fábrica de azulejos en las afueras de Aix-en-Provence, en el sur de Francia, que encerraba a más de 10.000 extranjeros y judíos. Ernst estuvo preso en el campo los dos últimos meses del año 1939, antes de ser liberado gracias a una carta a su favor dirigida al presidente francés escrita por su amigo, el poeta Paul Eluard. Allí coincidió con Hans Bellmere, que retrató a Ernst caído en el infierno de otro campo de concentración.

Otros de los artistas degenerados que acabaron en un campo de concentración fueron Horst Rosenthal, un dibujante judío que contó a través de unas viñetas con Mickey Mouse lo que sucedía en los campos de concentración nazi, para acabar recluido en el de Auschwitz hasta su muerte. O Felix Nussbaum, un pintor alemán de origen judío, que pintó sobre el terror que vivían los judíos, logró escapar y regresó a Bélgica. Tuvo que esconderse junto con su esposa y vendió su obra ocultando su identidad judía, pero fue descubierto por la Gestapo, que acabó enviando al matrimonio Nussbaum en el último tren que llevó judíos a Auschwitz. Murió en 1944.

En la muestra tiene también un espacio propio el arte creado por aquellos artistas que tuvieron que exiliarse o vivir en la llamada Zona libre, regentada por el gobierno de Vichy en el sur de Francia. En este contexto, la exposición se hace eco de la labor de Varian Fry, un periodista norteamericano al que su Gobierno envió a Francia en representación del Comité de Rescate de Emergencia, con la misión de intentar sacar del país a artistas e intelectuales extranjeros, antifascistas y judíos a los que el gobierno de Vichy iba a entregar a Hitler. Fry consiguió salvar a artistas como los pintores Marc Chagall y Max Ernst, al escritor Hannah Arendt y al escultor Jacques Lipchitz. Sin embargo, no fue hasta 1991 cuando recibió su primer reconocimiento oficial por parte de EE.UU.

Hubo otros artistas, como Joseph Steib, que consiguieron esconderse y pasar desapercibidos en el ambiente artístico parisino. Steib plasmó las pesadillas y humillaciones hitlerianas infringidas a la población y denunció el régimen de Hitler, a quien retrató como si fuera Cristo, que en la escena invita a sus discípulos-militares a la última cena, y abrasado por el fuego infernal en compañía de sus acólitos.

Durante los cuatro años que la ciudad estuvo bajo la cruz gamada y las tropas alemanas desfilaron por los Campos Elíseos también hubo artistas que coquetearon en algún momento con la bestia. Así, Jean Cocteau, a quien le gustaba la vida social con los alemanes, paseó a Arno Brecker por París, el gran escultor favorito de Hitler y Dérain, quien formó parte de la expedición de artistas invitada por los nazis a visitar Berlín. 

Arte en la guerra es una vuelta al pasado, recuerdos sombríos donde el arte cambió su mirada por una más profunda. Tras el fin de la guerra, el mundo se dividió en dos grandes bloques y el epicentro del arte pasó de la capital de Francia a Nueva York. La exposición permanecerá abierta en Bilbao hasta el 8 de septiembre.

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