* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas Organización Sionista Argentina
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año VI - Nº 1543
15 de Diciembre de 2012 / 2 de Tevet de 5773
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com.ar
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal

* Indice *

HISTORIAS JUDAICAS
USHER FELLIG
PREPARANDO FUTUROS VIAJES
RECORDANDO SHELOMO SELINGER

*Nos encontramos a fin de un a año que ha transcurrido como la vida de la gente, con grandes penas y alegrías, con conflictos, con preocupaciones y temores, con desilusiones y con muchas esperanzas. Porque de todas esas cosas y muchas más está hecha la sustancia de la vida.

* Por eso ante las nuevas perspectivas y proyectos que genera la proximidad de un nuevo año, queremos agradecerles a todos nuestros amigos, a los avisadores que nos ayudan para poder seguir cumpliendo con este proyecto personal que implica la difusión de la historia y la cultura del pueblo judío, en nuestro querido país, la Argentina y de los que viven en nuestro querido Israel para quien deseamos lo más deseado y ahnelado, un futuro en paz.

* A todos nuestros hermanos desparramados por el mundo, los judíos como nosotros, los que compartimos los mismos sentimientos humanistas por un mundo mejor, los hermanos de nuestra patria de la rica lengua castellana, a todos los que colaboran con nosotros, con artículos, con informaciones, con aclaraciones, con comentarios y con críticas, porque eso significa que nos leen, apoyando nuestro trabajo,

*Porque para desear hay desear lo mejor y esperar que se cumpla. Recuerden a los que no les gusta el trece, que nosotros no le tememos, porque para los judíos representa algo bueno y el comienzo de la adultez.

A todos, sin olvidarnos de nadie les deseamos un
Muy feliz saludable, próspero y pacífico Año 2013


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Radio Sefarad de Madrid: MILIM Corresponsal en el Tiempo

Reportaje a la Prof. Alicia Benmergui
NAVEGUE MIENTRAS ESCUCHA


CABA

HISTORIAS JUDAICAS

Por Alicia Benmergui

* El Terremoto de Lisboa, Los Judíos y la Inquisición

El Terremoto de Lisboa
Los Judíos y la Inquisición

 

 

*Panfleto de la sinagoga portuguesa y española de Hamburgo, anunciando un día de ayuno y oración en memoria de las víctimas del terremoto de Lisboa.

 

 



ALICIA BENMERGUI

Columnista en
"Música y Vida de Israel"

Por AM 670

Escúchela los
domingos
de 13 a 15 hs.


 

 

 

 

 

 

 

Este texto, basado en un artículo de Rua da Judiaria de 2005, tiene el objeto de actualizar viejas historias judías, en este caso la de los judíos portugueses y españoles del siglo XVIII. Es muy interesante poder observar aquí el panfleto y el día de ayuno estipulado por la comunidad judeo-hispanoportuguesa de Hamburgo con motivo del devastador terremoto ocurrido en tierras ibéricas, especialmente en Lisboa. Por supuesto debe ser enmarcado dentro de la consideración que ellos tienen sobre que lo ocurrido es a consecuencia del castigo divino por los actos de la Inquisición contra los judíos. Pero también el ayuno impuesto, y aunque nada se dice de eso, porque es muy peligroso mencionarlo está relacionado con la suerte o la desgracia corrida por los judíos que ocultamente, los falsos conversos, aun habitaban allí.

No debemos olvidar que allí, en Portugal, estaba prohibida la presencia de judíos desde 1497, donde los que no se habían ido fueron bautizados por la fuerza. Seguramente muchos de ellos parientes, amigos o socios porque no de los integrantes de las comunidades judeo portuguesas dispersas por todas partes. Especialmente entre Europa y el Nuevo Mundo.

Esta es la historia: a las 9,20 de la mañana del 1 de noviembre de 1755, hace 257 años, Lisboa era barrida por una serie de tres violentos movimientos sísmicos. En pocos minutos, una de las más bellas capitales europeas quedaría irreconocible, irremediablemente destruida por uno de los más devastadores terremotos de la historia. Lisboa fue la ciudad que más sufrió los efectos del temblor, pero no la única. En España, ciudades como Huelva, Sevilla, Madrid o Salamanca entre otras tuvieron que lidiar con las consecuencias del sismo. E incluso es posible que se sintiera en algunas partes de Europa occidental. En España hubo importantes daños en edificios en amplias áreas del sur del país y el oeste. Sin embargo, el desastre no acabó ahí. El terremoto originó un tsunami que arrasó el sur de Portugal y las costas atlánticas de Marruecos y Andalucía (España).

La ola gigante llegó también a países más lejanos, aunque sin consecuencias tan graves, como Gran Bretaña. En algunos lugares de la costa portuguesa se estima que el maremoto pudo sobrepasar los 15 metros de altura y en España pudo alcanzar hasta los 15 metros en algunos puntos de la costa de Huelva. Aún ahora, continúan las incógnitas de cómo pudo producirse ese fenómeno ya que este tipo de terremotos, tan grandes y de tanta duración, se suelen originar en áreas de destrucción de corteza oceánica llamadas zonas de subducción, que no se corresponden con el área afectada. Así, Joao Filipe de Barros Duarte Fonseca, investigador portugués, afirmaba en el año 2005 que “El terremoto de Lisboa sigue siendo un misterio científico”

A los cuatro meses posteriores al terremoto, el 11 de marzo de 1756, (el 9 de Adar de 5516, según el calendario judío, cinco días antes de la festividad judaica de Purim), los gobernadores de la congregación sefaradí portuguesa y española de Hamburgo – donde en esa época residían cerca de 350 judíos portugueses – decretaron un dia, para “orar y suplicar a la Divina majestad”. Un panfleto escrito en español circuló por la ciudad, anunciando un sermón a cargo del rabino Jacob Bassan (1704-1769), en el cual se leía (estaba escrito en el portugués de la época. N.d. E)

“Orden de Rogativa y Petición, para orar y rogar, al Señor por el tiempo del terremoto y el temblor de tierra, y según se ha oído, la indignación de Ds. se experimentó, en varios lugares, y en diferentes partes, tembló la tierra, por lo que se juntaron los Señores Parnassim, y con la aprobación del Sr. HH, decretaron un ayuno general, para el jueves, siendo el 9 del mes de Adar según este años, para orar y suplicar a la Divina majestad, por nos y por todo Israel, nuestros Hermanos los próximos y los remotos, El todopoderoso se apiade sobre nosotros y sobre todos los lugares de nuestras moradas, y ampare por nosotros, Amen.

Composto em Lengua Ebrea, y tradizido em Lengua Espanhola por el H.H.R. Jehacob de Abraham Bassan, rav del K.K. Beth Israel en Hamburgo. Estampado por orden de los Senhores Parnassim de dicho Kahal anno 5516. Estampado em Hamburgo, em casa de la Viuda de I.H. [ilegível] Anno 1756.”

Rezando por la memoria de las víctimas del terremoto de Lisboa, y pidiendo la protección divina, algunos de los líderes religiosos de los judíos portugueses emigrados en Hamburgo – y también en Amsterdam – veían en la catástrofe un “castigo divino” que cayó sobre Portugal por los Crímenes de la Inquisición, en retribución por sus innumerables víctimas. (António José da Silva, dramaturgo conocido como El Judío, por ejemplo, fue ejecutado en la hoguera 18 años antes del terremoto).

La misma lectura se hizo un poco por toda Europa, donde los teólogos protestantes consideraban que el Gran Terremoto de Lisboa es la omnipresente “mano de Dios ” que castigaba a los portugueses por la sed sanguinaria y fanática de la Inquisición. Cerca de dos siglos antes, como testimonió un atónito Gil Vicente, un grupo de monjes de Santarém rogaba que el terremoto del 26 de enero de 1531 fuera “un castigo divino” por la presencia de los judíos en Portugal. Pero en el Siglo XVIII, también se unían temas religiosos que no dudaban en unir terremoto e inquisición en las mismas páginas.. En una carta dirigida a M. Tronchin de Lyons, fechada el 24 de Noviembre de 1755, enviada poco tiempo después de recibir la noticia de la catástrofe de Lisboa, Voltaire, el filósofo iluminista francés escribía : “(…) Que dirán los creyentes – especialmente si el Palacio de la Inquisición todavía quedó en pie. ! Me gusta la idea de que esos reverendos padres, los de la Inquisición, habrán sido afectados, tal como el resto de la gente. Servirá eso para enseñar que los hombres no deben perseguir a otros hombres: porque, en tanto que beatos hipócritas queman unos cuantos en la hoguera, la tierra se abre y se traga a todos sin distinción .”

Cuatro años más tarde, Voltaire volvía a escribir sobre el terremoto de Lisboa, y sobre la Inquisición, en su novela burlesca Cándido. En el capítulo VI de Cándido el filósofo francés coloca a los padres de la Universidad de Coimbra proclamando que “el espectáculo de quemar vivas unas cuántas personas en fuego lento, en una gran ceremonia es un secreto infalible para prevenir el temblor de tierra”, por lo que se organiza un “grandioso auto-de-fé” en el cual serán quemados, entre otros, “dos portugueses que se rehusaban a comer tocino. “En el mismo día”, escribió Voltaire al final del capítulo, “la tierra temblaría de nuevo con un furor implacable.”

Hasta fines del Siglo XIX, las congregaciones de judíos portugueses en la Diáspora (en Nueva York, Filadelfia, Savannah, Newport, Ámsterdam, Caraíbas etc.) tenían en sus libros una bendición pronunciada diariamente por los asistentes, donde se leía en portugués: “Brinda tu protección a todos nuestros hermanos presos de la Inquisición y a todos nuestros hermanos que andan por los caminos, tanto por mar como por tierra.

 

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USHER FELLIG
  * FOTÓGRAFO DE GUARDIA

 

Por Alicia Benmergui

Weegee es el seudónimo de Arthur H. Fellig

12/6/1889-26/12/1968

Un fotógrafo y reportero gráfico ucraniano conocido por sus descarnadas fotografías en blanco y negro

 

Usher Fellig

 

*Trabajo experimental producido en los años 50 y 60, con panorámicas, infrarrojos, fotografías gran angular extremo, prisma y distorsiones fotográficas-(el más famoso, Marilyn Monroe, mucho antes de Photoshop hecho de rutina).

 

Fuente: Fotógrafo de guardia
ANTONIO MUÑOZ MOLINA Babelia, 04/02/2012

 

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Quisiera uno imaginar cómo era la mirada del niño Usher Fellig cuando vio por primera vez Nueva York, después de la travesía del Atlántico en la bodega de un barco lleno de emigrantes pobres de Europa, después de haber abandonado su ciudad natal, Lvov, que entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro y ahora es parte de Ucrania, en ese territorio que el historiador Timothy Snyder llama con acierto sombrío The Boodlands, las tierras de sangre asoladas por los genocidas nazis y los genocidas soviéticos.

El niño Usher Fellig viajaba a Nueva York con su madre y sus hermanos para encontrarse con su padre, que había emigrado unos años antes. Lo que uno quiere imaginar se parece inevitablemente al comienzo de una de las grandes novelas americanas de la emigración, Llámalo sueño, de Joseph Roth, que empieza con el encuentro del niño recién llegado con su padre al que no recuerda, pero sin duda tiene mucha menos amargura. Nada más llegar, y cuando todavía solo hablaba yídish y hebreo, a Usher Fellig sus padres le cambiaron el nombre para que sonara algo menos judío y más americano. Ahora se llamaba Arthur, pero sus ojos vivísimos y oscuros, su pelo turbulento, sus rasgos exagerados, no engañarían nunca a nadie acerca de su origen, ni siquiera cuando se hizo célebre y volvió a cambiar de nombre para llamarse Weegee, Weegee The Famous, o cuando recibió una oferta de Hollywood y abandonó la mugre y la prisa de Nueva York para instalarse en California.

Su padre era un hombre piadoso que aspiraba a convertirse en rabino y se ganaba la vida vendiendo fruta en un carro ambulante por las calles pobres del Lower East Side. Con quince años el hijo no tenía la menor vocación religiosa. Se colocó muy pronto como ayudante de fotógrafo, haciendo recados, aprendiendo a revelar. Con una cámara de segunda mano y un pony alquilado salía los días de fiesta a hacer fotos a los hijos de los emigrantes, montados en el pony. Las saturaba de claridad al revelarlas, porque los emigrantes, judíos, italianos, polacos, quedaban más contentos cuanto más blancos salieran sus hijos en las fotografías.

Pero el pony era muy caro de mantener y en la casa no había dinero para mantener a tantos hijos. El padre vivía tan embebido en sus devociones que descuidaba el triste negocio de la venta ambulante. A los 17 años Arthur Fellig se marchó de casa y trabajó en lo que fuera, fregando platos, barriendo suelos de tabernas, buscando una oportunidad para dedicarse de nuevo a la fotografía. Dormía en albergues para indigentes, en bancos de parques, en las estaciones de tren. Si a partir de mediados de los años treinta supo retratar con tanta verdad las vidas de la gente extraviada y marginada fue porque había sido uno de ellos. El cuarto en el que vivía durante la época de sus mejores fotos nocturnas parecía el de un indigente, o uno de esos lugares a los que él mismo llegaba cuando acababa de suceder una desgracia o de cometerse un crimen.

Weegee era un Caravaggio de las fotos con flash, un tenebrista de la mala vida. En el International Center of Photography puede verse su gran cámara negra como un artefacto funerario y junto a ella un puñado de bombillas fundidas de flash. La exposición de Weegee que se inauguró hace unas semanas lleva un título que inventó y usó él mismo, Murder Is My Business. Imágenes muy familiares de malhechores, cadáveres y escenas de crimen son lo que espera uno encontrar, pero lo que distingue al talento es que siempre desconcierta o desborda nuestra expectativa.

Ni a Weegee ni a ningún gran artista hay que darlos por sabidos. Después de haber visto tantas veces sus fotografías solo hoy me he dado cuenta de la compasión que hay en ellas, de un fondo confesional que se vuelve evidente cuando se comprende que esas calles por las que Weegee corría queriendo llegar a la escena de un crimen antes que los demás fotógrafos y hasta la policía eran las de su mismo barrio, y que la gente que aparece en ellas, los muertos, los testigos, los transeúntes que se vuelven un momento a mirar, los curiosos que se asoman a una ventana o a una terraza, son emigrantes pobres como él.

El cine de gangsters ha añadido un lustre mentiroso al crimen. La estética del cine negro le debe tanto a Weegee como a las películas del expresionismo alemán, pero Weegee, cuando se observan sus fotos con algo de atención, es el reverso de esas negruras lacadas de Hollywood.

Los asesinatos que él retrata son asuntos de poca monta en los que la víctima suele ser un desgraciado, un cualquiera, un apostador sin éxito, un tendero de barrio que vende chucherías y cigarrillos sueltos, y que quizás no pagó a tiempo una pequeña deuda. Un cadáver yace en la acera sucia medio tapado con unos periódicos, y se ve que tenía los bajos del pantalón deshilachados, los calcetines cortos, los zapatos muy viejos. La pistola que tiró el asesino a sueldo al marcharse es una cosa irrisoria, casi como un llavero, una tosca imitación de pistola.

Y los ladrones, los asesinos recién detenidos, no son menos lamentables en su penuria. Son como esos borrachos antiguos que llevaban la ropa en desorden y el pelo sucio y quizás se habían reventado el labio o la nariz al caerse al suelo. Se les ve en las caras que vienen de la miseria y que van camino de la silla eléctrica, y que mientras tanto sirven de cebo para un titular de primera página o ni siquiera eso, para un suelto en la crónica de sucesos.

En sus autorretratos, con su palidez nocturna y su pelo tan oscuro imposible de peinar, con la corbata floja, con el traje arrugado, con el cigarro barato y salivoso en la boca, Weegee se parece a esa gente: alguna vez, por burla, se dejó fotografiar esposado, o de frente y de perfil delante de una cinta métrica, con un número de detenido colgando del cuello. Parte de su talento consistía en mirar lo que no era obvio, en estar atento a las posibilidades del azar.

Delante de un cine, policías y curiosos rodean el cadáver de alguien que ha muerto en un accidente de tráfico, y Weegee retrocede para incluir en el plano la marquesina en la que se ve el título de la película, The Joy of Life. Un edificio arde y en mitad de la fachada, entre el humo y los chorros de agua de los bomberos, se ve un anuncio de salchichas: "Añadir solo agua hirviendo".

Y siempre hay gente que mira, gente asomada a todas las ventanas de una calle para ver el cadáver de ese tendero sin fortuna, rodeando a la víctima de un accidente, o a un gangster recién ejecutado, acercándose para ver mejor a alguien que lleva unas esposas, gente pobre fascinada por el espectáculo barato y accesible de la desgracia ajena, con esa avidez de las personas gastadas por el trabajo y la necesidad que no tienen muchas distracciones en la vida.

Nadie ha retratado esas miradas codiciosas mejor que Weegee. Eran iguales a la suya.

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RECORDANDO SHELOMO SELINGER

 

 

 

Shelomo Selinger

 

Shelomo Selinger en su estudio

 

Monumento en Drancy

VIVIR PARA CONTAR

Shelomo Selinger nació en 1928 en Szczakowa (Polonia), deportado a Alemania a la edad de 13 años estuvo en nueve campos de concentración durante su adolescencia. En 1945, un médico judío d la Armada Roja lo encontró tirado sobre un montón de cadáveres en Theresienstadt, y le salvó la vida. Shlomo Selinger tuvo amnesia durante siete años. Enviado a un kibutz en Israel, recuperó lentamente una vida normal.

En 1951, encontrará a Ruth Shapirovsky, que se convertirá en su mujer. Paralelamente recuperó la memoria y descubrió su talento de escultor. Con la memoria, los terribles recuerdos han resurgido. Como muchos de los sobrevivientes, Shlomo Selinger piensa que ha quedado con vida para poder contar lo que han vivido millones como él. "Nadie testimonia por el testigo" escribió por Paul Celan. Shlomó Selinger es un testigo. En una exposición artística que tuvo lugar en París con sus dibujos, con lápiz, con tinta china, sobre hojas de papel de todas las dimensiones él cuenta lo que fue la vida cotidiana en los campos de la muerte. La llegado al campo, el amontonamiento, la selección, el trabajo, el ahorcamiento al cual escapó por milagro, las experimentos con los prisioneros, la cámara de gas, el Sonderkomando, las "diversiones" de los SS en los domingos, Shlomo Selinger las mostró a través del prisma de su arte. El dijo que "sugiere las partes de los cuerpos, los rostros que el espectador completará mentalmente". En un pequeño espacio puede mostrar también muchas cosas. . . donde no queda nada afuera.

La sobriedad y la fuerza del trabajo del artista, se las encuentra en su manera muy personal de utilizar, de esculpir el espacio de la hoja. Los espacios blancos acentúan las líneas curvas, creando una arquitectura, donde no hay nada anecdótico. A la ferocidad de los gestos y de las miradas de los SS, el pone aquellos desesperados y a veces plenos de ternura, los deportados que hasta el final trataron de permanecer como hombres En los cuerpos destrozados, en los rostros despedazados se percibe un soplo de humanidad. El 1ero.de julio de 1993 Shelomo Selinger fue nombrado Caballero de la Legión de Honor por el Presidente de la República Francesa François Mitterrand

Shelomo Selinger esculpe desde hace más de 20 años cuando ganó el concurso internacional para la realización del Memorial de Drancy. A pesar de las representaciones, a pesar de las evocaciones, a pesar de la preparación de la mente y el corazón, el encuentro con esta obra provoca un shock emocional. Cada una de las esculturas está impulsada por la respiración y los latidos del corazón del escultor, y también por los espíritus de los seres cuyo amor ha sido asesinado. Ellos son los que forman el alma de su creación en el que trabajó por más de dos años. Si, Shelomo esculpió allí un destino humano, lo hizo desde sus propias vivencias y la tragedia que le tocó padecer y a la que sobrevivió milagrosamente. Shelomó Selinger es un trasmisor.

El nos trasmite a través de su arte algunas de las páginas mas terribles de nuestra historia

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