* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas *Organización Sionista Argentina*
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año 2 - Nº 39
15 de noviembre de 2007/ 5 de Kislev de 5768
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com.ar
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal

* Indice *

El Judaísmo y la Cultura Europea - Mozart - Da Ponte
Sefardies de Marruecos en el Amazonas
Musulmanes que dieron su vida para salvar a judíos durante la Shoá

* El Judaísmo y la Cultura Europea
  * Mozart - Da Ponte

 


"Bodas de Fígaro"

 

 

 


Lorenzo Da Ponte

 

 

 


Familia Mozart

 

 

JEWISH CONNECTIONS
OF SOME CLASSICAL
COMPOSERS NETTL
Music and Letters.
1964;
45: 337-344

 


 La prohibición del Emperador José II de representar "Las Bodas de Fígaro" para Da Ponte significaba -como contó en sus memorias - “una dificultad muy grande para superar. . . el Barón Wetzlar se ofreció con noble generosidad, para pagarme un precio considerable por el libreto, y que si no se podía representar la ópera en Viena lo haríamos en Londres o en Francia”. Según Da Ponte, él se rehusó a aceptar este ofrecimiento, cosa que parece bastante improbable, aunque en sus memorias relata en otro momento que su orgullo le impidió aceptar trabajos por ofertas de dinero. También es verdad que ni en París ni Londres tenían cantantes lo suficientemente idóneos como para cantar en una ópera bufa tan compleja como "Las Bodas de Fígaro". 

No obstante no hay razones para dudar de las palabras de Da Ponte sobre el generoso ofrecimiento financiero por parte del Barón de Wetzlar, quién estaba dispuesto a ser el padrino del primer hijo operístico de la dupla Mozart-Da Ponte.

La prosperidad de los Wetzlars y de otros judíos en Viena, conversos o no, fue un fenómeno que comenzó a partir de 1780, pues anteriormente el largo reinado de la emperatriz Maria Theresa había limitado la presencia de protestantes y judíos en el reino de los Habsburgo.

Los judíos necesitaban un permiso especial para poder vivir en Austria, la reina compartió el poder con su hijo José desde 1765 a 1780, que tuvo grandes disputas con su madre sobre esta cuestión. Cuando ella murió y José convirtió en emperador, proclamó un edicto de tolerancia en 1781 que fue verdaderamente muy liberal para la época. Se ha sugerido que el emperador José apoyó al inexperto Da Ponte, como autor de su teatro italiano, precisamente por sus ancestros judíos

  La familia Da Ponte era de Ceneda, una pequeña ciudad del norte de Venecia, que estaba muy lejos de disfrutar de la prosperidad de los judíos que conocía y frecuentaba Mozart en Viena. El verdadero apellido de Da Ponte, era Conegliano, como la ciudad que había justo al sur de Ceneda. Lorenzo Da Ponte había nacido como Emanuele Conegliano el 10 de marzo de 1749 en el gueto judío de Ceneda, cerca de Venecia, era el hijo mayor de Geremia Conegliano y de Rachele Pincherle Su padre era un artesano que se ocupaba de teñir cueros y su madre murió cuando tenía cinco años.  

A pesar de la insuficiente información existente sobre su infancia,  se sabe que tuvo su Bar Mitzvah y que su preparación fue la que le dio la familiaridad con la Biblia y el hebreo. En sus memorias Da Ponte omite sus orígenes judíos o su conversión, aunque desliza en el texto alusiones que no pueden ser ignoradas. Durante su preparación para ser sacerdote en el seminario de Portogruaro cerca de Ceneda, él se sumergió en el estudio de las obras clásicas latinas e italianas; el seminario era el único camino abierto para que se convirtiera en el brillante latinista en que se transformó muy rápidamente.  Mientras leía a escondidas a Tasso y Guarini, Da Ponte dice, que él “pensaba en perfeccionarse en el conocimiento de la lengua hebrea, que había estudiado asiduamente en sus años tempranos y aplicándose asimismo en el estudio de los clásicos griegos, desde su muy firme convicción de que sin todos aquellos autores no llegaría a ser un gran poeta. 

En la pequeña Ceneda el joven Emmanuel podía haber estudiado hebreo solamente de manos de un rabino, o tal vez con alguno de los ancianos de las diez familias judías del gueto. Da Ponte explica luego que llegó a ser un estudiante sobresaliente al punto de haberse convertido en maestro de sus compañeros en Portogruaro: “Lo que mis maestros no tuvieron tiempo de enseñarme, lo aprendí como dijo una vez un estudiante rabínico, desde mis ojos, Utmitalmidai rabddi miculdim. "

Una vez ordenando sacerdote, Da Ponte se instaló en Venecia, donde vivió toda clase de aventuras y peripecias, se le acusó de tener lances amorosos con mujeres casadas y llevar una vida escandalosa, fue amigo del famoso Casanova. Perseguido por la Inquisición finalmente abandonó Venecia y llegó a la capital vienesa. Allí con Mozart elaboraron entre ambos, tres de las mejores obras del genio de Salzburgo.

La afinidad ideológica y artística que les unió fructificó en las extraordinarias óperas que fueron Las Bodas de Fígaro, Cossi Fan tutte y Don Giovanni.  Da Ponte mientras residió en Viena fue el blanco de numerosas intrigas, que parecían perseguirlo como en Venecia, por lo que terminó abandonando la capital imperial mudándose a Triestre.

Allí su vida experimentó un gran cambio, pues, en el año 1791 conoció a Nancy Grahl, la hija de un rico comerciante judío proveniente de Dresde y de una judía francesa, sus padres también eran judíos conversos. Sin embargo parece ser que ante el asombro de sus amigos, Da Ponte no solo no mantuvo sus votos sacerdotales sino que de acuerdo a un testigo de Triestre su ceremonia de matrimonio tuvo lugar en una sinagoga, de acuerdo al rito judío. De Trieste Da Ponte partió con su familia a Londres y de allí en 1805 a los Estados Unidos, donde permaneció hasta su muerte en 1838.  

*Por Alicia Benmergui.

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* Sefardies de Marruecos en el Amazonas
  * Judíos Marroquíes del Amazonas

 


Prof. Samuel Benchimol

 


Tumba de Rab. Muyal

 


Tumba de Rab. Muyal


 La comunidad judía del Amazonas tiene una rica historia de casi dos siglos, mucho más antigua que las comunidades judías de Río o de San Pablo - las más numerosas del Brasil- que es todavía poco conocida y estudiada, tanto en el Brasil como en el extranjero.

 En la actualidad no quedan comunidades judías organizadas más que en Manaos y en Belem; pero durante el curso del Siglo XIX, pequeñas kehilot han florecido sobre las orillas de los numerosos ríos de esta región salvaje.

En las aldeas tales como Maua, Itacoatiara, Alencar, Obidos, Cametá, Santarém Itaituba y una docena de otras, dispersas a los largo del río Amazonas y aún en Iquitos y Yurimaguas, en el Perú se encuentran antiguos cementerios judíos – la mayor parte abandonados. Los nombres escritos sobre esas tumbas, casi todos apellidos de familias provenientes de Tánger y de Tetuán, cuentan una larga historia de presencia judía en la región. Sobre esos monumentos funerarios, se hallan nombres tales como Azulay, Abensur, Assayag, Bengio, Benzaquen, Benchimol, Bendahan, Benarros, Medina, Sabba, Serrouya, Zagoury y muchos otros de origen marroquí fechadas entre 1890 y 1930.

 El apogeo de la explotación del caucho en el Amazonas, entre 1890 y 1910, atrajo una importante inmigración de judíos marroquíes. Pero las primeras familias judías habían llegado muy anteriormente en 1810. La sinagoga Shaar HaShamaim de Belem, la más antigua de Brasil (si no se cuentan aquellas que datan de la ocupación holandesa en el norte del país en el siglo XVII)  ha sido fundada en 1823 y ha estado siempre en actividad. Los inmigrantes judíos marroquíes del Amazonas vivían sobre todo del comercio de productos de la selva. Viajaban en barco por la región para comprar los cueros y las pieles de los animales, las especias, las castañas y otros productos de la selva, para vender granos, telas y diferentes artículos producidos en la ciudad. En los años 1880, el descubrimiento del caucho a partir de la hevea brasiliensis, árbol muy abundante en el Amazonas, creó un verdadero boom económico. Pero este boom no duró demasiado. Los ingleses, que estaban establecidos en la Malasia, habían creado plantaciones que volvieron obsoletos los métodos de extracción del látex amazónico y provocaron una caída del precio internacional del caucho. Esta fue la debacle de la economía amazónica y el fin de la inmigración, los judíos abandonaron sus aldeas sobre las orillas de los ríos amazónicos para buscar un nuevo modo de vida en Manaos, Belem y en Río. Algunos, no se fueron y su descendientes han terminado por asimilarse totalmente a la población local.

Su identidad judía se ha perdido en el transcurso de una o dos generaciones, pero hoy día todavía se puede encontrar, dispersos en esta inmensa región salvaje que cubre un territorio más grande que Francia, los millares de descendientes de estos inmigrantes que, a pesar del abandono de la religión de sus antepasados, conservan los nombres y apellidos típicos de los judíos marroquíes. El más conocido entre ellos es sin duda el cantor ciego David Asayag, cuyo abuelo fue un inmigrante judeomarroquí.

El historiador recientemente fallecido Samuel Benchimol, autor del libro Eretz Amazonia, estima que casi mil familias judías se fueron de Marruecos para el Amazonas entre 1819 y 1930. En las comunidades judías de Belém y de Manaus se cuentan hoy en día casi 3.000 personas.

Alberto Abecassis, que vive en Manaos, es uno de ellos, es el último de los judíos nacidos en Marruecos que vive todavía en el Amazonas, descendiente directo de una mujer cuya triste historia es casi folklórica entre los judíos de Tánger – Solica, la Tsadika,- de la familia Hachuel o Hachwell. En 1834, cuando la joven Sol Hachuel tenía 14 años, el sultán Muley  Abderrahman quiso desposarla y le pidió que se convirtiera al Islam. Ella rehusó y fue condenada a muerte. El episodio provocó una emigración masiva de judíos de Tánger a Gibraltar, donde la familia Hachuel se estableció, trasladándose luego al Amazonas.

Albert Abecassis, sin embargo es nacido en Tánger, en 1924, la familia de su madre había retornado de Gibraltar a Marruecos, a comienzos del siglo XX. El no se fue hacia el Amazonas hasta 1946 a los 18 años. Su padre vivía ya desde hacía algunos años en Mauá, desde donde exportaban lascastañas. “Mi madre no quiso emigrar al Brasil. Ella había nacido en Gibraltar y se casó con mi padre en Tánger pero cuando él quiso ir al Brasil ella se negó porque su hermano, Moïse, que vivía con mi padre en Maua, había sido asesinado por su yerno. Mi tío Moïse se  había  casado con una portuguesa católica, y su hija se había casado con un caboclo (mestizo). Una tarde se peleó con mi tío, estaba un poco borracho, y lo mató con su revolver. Este tío Moïse tenía ocho hijos pero después de su muerte ellos cortaron los lazos que los unían al judaísmo, su madre era católica. Sus nombres judíos es todo lo que ha quedado- Rachel, Rivka, Haïm, David, todos Hatchwel, todos bautizados” .

Como el padre de Albert Abecassis, los emigrantes judíos marroquíes que partieron para el Amazonas, en el Siglo XIX y a principios del XX, emigraron solos y luego, cuando su situación lo permitió, hicieron venir a sus familias de Marruecos,. Muchos de ellos se han casado con indígenas, a los que les han dado nombres como Levi, Samuel, Jacob y David, tan comunes en el Amazonas hasta nuestros días. “Cuando emigré en 1946, la mayoría de los judíos amazónicos volvían a Marruecos para visitar a sus familias, pero creo que hoy en día soy el único aún mantiene relaciones con Tánger, donde hay una población probable de unos 100 judíos”

Luego de haber trabajado con su padre durante veinte años en Mauá recuerda la existencia de un antisemitismo endémico. “Se escuchaba todo el tiempo decir que los judíos venden más caro, que los judíos mataron a Jesucristo. No se quería a los judías en Mauás y no quedan judíos allá abajo”.  

El historiador Prof. Samuel Benchimol cuenta la historia de un pogrom que tuvo lugar en Parintins en 1907, cual el sermón de pascua de un cura católico condujo a la población a matar comerciantes judíos. Abecassis, actualmente no cree que haya antisemitismo en  Manaos. La ciudad tiene una comunidad grande y bien organizada de palestinos, pero no hay nunca problemas. De hecho la ciudad de Manaos tiene entre sus “santos” locales un rabino cuya tumba se encuentra en un cementerio cristiano, adonde acuden peregrinos de todas las religiones. Se trata de Shalom Emanuel

 Muyal, rabino marroquí llegado a Manaos en 1910 en búsqueda de recursos para una yeshivá de Jerusalem. Cuando cayó enfermo de la fiebre amarilla y luego murió, se decidió que sería entrerrado entre los cristianos como los otros 90 judíos marroquíes que han muerto en esta ciudad que carece de un cementerio judío. El origen de la reputación milagrosa del rabino Muyal es desconocido, pero alrededor de su tumba se encuentran decenas de pequeñas placas de mármol, viejas o recientes, con los agradecimientos por las gracias obtenidas, como numerosas marcas recientes de velas.

Trabajo y Religión 

Cuando se conmemora el día de la muerte del rabino, así como en los días de iamim noraim, entre Rosh Hashana y Yom Kipur, los judíos de Manaos visitan la tumba del rabino Muyal, pero son sobre todo los no-judíos que vienen, rezan y prenden las velas”, dice Isaac Dahan, jazan de la sinagoga Beit Yaacov-Rabi Meier de Manaos.

 Isaac Dahan, nacido en Alencar, río arriba, ha aprendido el hebreo, los rezos y la Torá con su padre, originario de Rabat. Es el jefe espiritual de la comunidad de Manaos, una pequeña kehilá de 600 almas. El viernes a la tarde, más de un centenar de personas se reúnen en la sinagoga para el Kabalat Shabat y rezan con entusiasmo y profunda devoción. “Había algunas otras familias judías en Alencar cuando era pequeño, dice Dahan. Los Benguigui, los Benzaquen, los Athías. Mi padre vino de Rabat para reunirse con un tío, él fue quién me enseñó el hebreo y los rezos, pues había recibido en Marruecos una formación religiosa muy sólida y luego se perfeccionó en Alecar porque en nuestra vida, río abajo, lo que había era  trabajo y religión. El trabajo no era muy duro: se compraban las castañas y el caucho, se los revendía. . . El resto del tiempo, se lo dedicaba a los estudios”. Pero el padre de Dahan se quedó ciego, y todo se perdió, la familia se tuvo que mudar a Manaos para encontrar trabajo.”En Manaos yo pude mejorar mi s conocimientos” dice Dahan” en esa época había todavía viejos inmigrantes, que me han enseñado los Pirkei Avot(Las máximas de los Padres) los rezos, las lectura de la Torá”

Después de la muerte del último rabino de Manaos, Yaco Azulay, en 1976, Isaac Dahan se ha convertido en el responsable de la organización de los servicios religiosos y en el guía espiritual de su comunidad.

Un judío marroquí no se encontrará fuera de lugar en el ritual de esta sinagoga donde el Aron Ha Kodesh guarda una Tora de una antigüedad de más de cuatrocientos años, que ha sido transportada de Portugal a Tánger en la época del éxodo de los judíos ibéricos y de Marruecos a Manaos en el siglo XIX.

 Extrait de L’Arche n° 546-547, août-septembre 2003 Traducciòn Alicia Benmergui.

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* Recordando:
Musulmanes que dieron su vida para salvar a judíos durante la Shoá
  Una nueva exposición en Yad Vashem

Exhibición en Yad Vashem de Justos y Salvadores musulmanes durante la Shoá.

(Fuente JERUSALEM POST)

 


Museo Yad Vashem Jerusalem

Colaboración de
Alicia Leczycki

Traducido y adaptado de
The Jerusalem Post


Musulmanes que dieron su vida para salvar a judíos durante la Shoá

La exhibición cuenta, con fotografías y testimonios, la hazaña de decenas de musulmanes albaneses que, regidos por la ética del Islam, arriesgaron su vida para salvar a cientos de judíos perseguidos por el nazismo.

Por primera vez, Yad Vashem inaugurará esta semana una exposición acerca de musulmanes que salvaron judíos durante el Holocausto. La exhibición, que se abrirá al público este martes, se centra en los musulmanes albaneses que fueron previamente reconocidos como “Justos entre las Naciones”- el máximo honor que el museo de la Shoá entrega a la gente que arriesgó su vida para salvar judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

La muestra se titula “BESA: Un código de honor - Musulmanes albaneses que rescataron judíos durante el Holocausto”, y consta de una colección de imágenes del fotógrafo norteamericano Norman Gershman, la mayoría de ellas, retratos de los Justos albaneses y sus familias, acompañadas de breves textos.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, tan sólo 200 judíos vivían en Albania. Después del ascenso de Hitler, en 1933, miles de judíos que escapaban de los nazis cruzaron la frontera desde Yugoslavia, Alemania, Austria y Serbia.
Cuando los alemanes ocuparon Albania en 1943, la población albanesa se rehusó a colaborar con los nazis entregándoles, como pedían, listas de residentes judíos de dicho país.

La ayuda que salvó la vida de muchos judíos en este país, predominantemente musulmán, se basó en Besa, un código de honor que literalmente significa “mantener una promesa”. Casi todos los judíos que vivían en Albania durante la ocupación alemana pudieron salvarse, es más, es uno de los pocos países que, después de la guerra, contaba con una población judía mayor que antes de la guerra.

“La extraordinaria historia de Albania, donde una nación entera, tanto desde el gobierno como en la población, actuó para rescatar judíos, es verdaderamente destacable”. Dijo la directora del museo, Yehudit Shendar. “Muchos, si no todos, estuvieron muy influenciados en esta elección por el Islam… Es una historia muy humana, que resalta un aspecto poco conocido del Holocausto”.

“Es una historia que rara vez fue hecha pública” coincidió con ella coincidió el sobreviviente de la Shoá Iaacov Altarat, de 74 años, que reside actualmente en Tel Aviv. Altarat escapó hacia Albania con sus padres cuando tenía sólo 8 años, en 1941, y el país lo refugió durante la guerra. “Esta es la historia de una nación que salvó a todos sus judíos por un código de comportamiento”, dijo.

“¿Por qué mi padre salvó a un extraño, poniendo en riesgo su vida y al pueblo entero?” – pregunta Enver Alia Sheqer, hijo del Justo entre las Naciones Ali Sheqer Pashkaj, cuya obra se cuenta en la exhibición. “Mi padre era un devoto musulmán. Él creía que salvar una vida era entrar al paraíso”.

La muestra quedará expuesta en Yad Vashem durante dos meses, y luego será trasladada a New York, donde se exhibirá en las oficinas de las Naciones Unidas el 27 de enero, para el Día Internacional de Recuerdo del Holocausto.

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