* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas *Organización Sionista Argentina*
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año 2 - Nº 30
30 de Junio 2007 / 14 de Tamuz 5767
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal
Miércoles 18 de julio 9.53 hs.
Acto Central Recordatorio del Atentado a la AMIA - Pasteur 633
* El Antisemitismo en Estados Unidos
  * Sobre la Shoá y sus responsables *

El antisemitismo en
Estados Unidos

Artículo publicado en el periódico "Nueva Sion" Nº 930 Junio/2007

 


George lincoln Rockwell
Presidente del Partido nazi en EE.UU.
1918-1967


Foto 1
Cartel antisemita que equipara
los judíos con el comunismo.
Estados Unidos, 1939

 


Joseph Kennedy

 


Joseph Kennedy y flia

 


Padre Charles Coughlin

Por Alicia Benmergui

*Recorrer el Museo del Holocausto de Washington es llegar a uno de los museos más completos y didácticos sobre esa historia de muerte y horror que representó la Shoá para el judaísmo europeo. Pero también es una puerta abierta a las innumerables preguntas que suscita un fenómeno como el  nazismo, algunas cuyas respuestas se encuentran allí, en tantos que otras debemos buscarlas en otros espacios, en otros ámbitos.

Solo así puede llegarse a la conclusión de que el nazismo no fue únicamente el delirio en que se sumió la nación alemana tras un líder carismático, sediento de sangre y de poder.

 La responsabilidad del encumbramiento del régimen nazifacista y la indiferencia ante el proyecto político que éste había enunciado, entre otros el terrible destino que reservaba en primer lugar para los judíos, además de las otras víctimas elegidas para su eliminación, involucra a numerosos protagonistas de su tiempo.

Entre ellos puede incluirse a la dirigencia política de las naciones que determinaron la política de esos días, tales como Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia y por supuesto y por que no, hasta el Papa Pío XII, que también  tiene su parte en ese escenario que se fue generando hasta culminar con el horror de la Segunda Guerra Mundial.

 Para obtener algunas de las contestaciones que nos formulamos es necesario interpelar al pasado de los Estados Unidos, a la historia, porque el museo nos ha provisto de una información no muy divulgada acerca del extendido antisemitismo existente allí, especialmente en la década del treinta. Es evidente que existió un manifiesto apoyo por parte de la dirigencia política y de grupos de elite norteamericanos hacia el nazismo, en tanto que en otros casos, las simpatías hacia el régimen nazi fueron más ocultas y solapadas                

 La imagen de un cartel de propaganda antisemita (Ver figura 1) es totalmente sorprendente para quienes ignoran los hechos de aquellos años, cuando ya se habían hecho muy explícitas las intenciones y las acciones del gobierno de Hitler hacia los judíos, en el año en que comenzó la guerra. El dibujo de la Estatua de la Libertad sosteniendo a un judío, con la hoz y el martillo en la mano, estaba reforzado con una leyenda que afirmaba que comunismo es judaísmo y de la urgente necesidad de reaccionar contra el comunismo boicoteando a los judíos!

 Ante esa publicidad tan emblemáticamente antisemita es importante preguntarse sobre cual fue la posición asumida por el gobierno norteamericano frente la amenaza creciente que se cernía en principio, sobre los judíos en Alemania. 

A través del análisis de las reacciones de la sociedad estadounidense ante el creciente avance del nazismo hacia el poder, de las posiciones de sus personalidades más influyentes, sobre la conducta del Hollywood judío, y de la prensa norteamericana tal vez podamos llegar a comprender como permanecieron impávidamente inactivos frente a los peligros y los actos concretos y reales cometidos por los nazis contra los judíos. Quizás así podamos llegar a comprender esa tolerante aquiescencia que ha sido una de las formas de complicidad que permitieron el ascenso de Hitler al poder y toda la espantosa tragedia posterior representada por la Segunda Guerra Mundial.

 La situación económica provocada por la Depresión había generado una fuerte xenofobia en la sociedad norteamericana, esto determinó la  indiferencia del gobierno hacia los refugiados y lo que explica que muy pocos judíos pudieron entrar a los Estados Unidos escapando al horrible destino que les aguardaba en Europa.

 El gobierno se mantuvo distante ante los problemas del judaísmo europeo, cuando todo comenzó se rehusó a presentar cualquier tipo de reclamo formal ante gobierno alemán. Muchos funcionarios del Departamento de Estado consideraban que las historias que se contaban eran una mera exageración, producto de los “horrorosas anécdotas que se contaban durante la Gran Guerra”. Una de las razones que se utilizaba para justificar esta indiferencia era que si se reconocía la brutalidad del nazismo debía implementarse una política de aceptación de los refugiados.

 Esa era una posibilidad impensable porque por parte de la población había una profunda oposición a la recepción de nuevos inmigrantes y la Depresión había generado un aumento del fuerte antisemitismo existente en los Estados Unidos. Un gran sector de la población consideraba a los judíos y otros inmigrantes, como una amenaza para su propia subsistencia ante el problema de la escasez de trabajo y empleo, convicción que era compartida por los congresistas.

 Un importante funcionario del Departamento de Estado era Breckinridge Long, un aristócrata y amigo personal del presidente Roosvelt. Fue él, quién contando con la aprobación del presidente determinó la política en materia de refugiados, especialmente la  mantenida desde 1941, el año en que Estados Unidos entró en la guerra, hasta 1944.

Roosvelt, un individuo políticamente muy astuto, sostuvo totalmente esas medidas restrictivas, manteniendo no obstante su imagen sensible y bondadosa a los ojos de los liberales y los judíos norteamericanos. Estos, desde el New Deal, lo habían apoyado fervorosamente, continuaban viéndolo como un amigo leal y profundamente humanitario. Y nunca lo abandonaron. Un historiador afirmó que esa relación amorosa entre los judíos y Roosvelt tuvo un alto costo para su dirigencia comunitaria porque por ese motivo nunca puso en cuestión ni hizo valer su apoyo político y el retiro del voto judío, como un modo de presión para modificar la política hacia los refugiados.

 A nivel popular y dentro de la opinión pública norteamericana católica de origen irlandés, había un profundo antisemitismo influido por la tarea llevada a cabo en Irlanda, por el cura Denis Fahey, un profesor de filosofía y de historia de la Iglesia en el Seminario del Espíritu Santo de Dublin. Este consideraba que el capitalismo y el comunismo eran un siniestro complot judío cuyo objetivo era la destrucción del cristianismo y la iglesia y describía a los judíos como parte del cuerpo místico de Satán.

El cura Charles Coughlin, originalmente un simpatizante de Roosevelt en los Estados Unidos, comenzó a difundir el rumor de una conspiración judía, proclamando que todo simpatizante de Cristo era necesariamente antijudío y se dedicó a propagar el pensamiento y los discursos del Padre Fahey, con lo que fue muy exitoso en sus propósitos antisemitas.  

 Este clima se extendió al resto del país, unido a la posición de Henry Ford, notorio antisemita que escribió la obra antijudía muy difundida “El Judío Internacional”.  

 El antisemitismo y el aislacionismo eran sentimientos fuertemente instalados en la sociedad, había una gran resistencia por parte de gran parte de la población estadounidense a participar en una guerra a la cual consideraban ajena. Uno de los personajes políticamente influyentes dentro de la opinión pública, fue Joe Kennedy, embajador norteamericano en Gran Bretaña.

 En esa función demostró con toda claridad su apoyo a Hitler y su régimen. Durante una reunión en 1938 en la embajada alemana en Londres, Kennedy le aseguró al embajador alemán que América deseaba fuertemente mantener relaciones amistosas con Hitler. Le manifestó que pensaba que el gobierno de Hitler había hecho “grandes cosas” por su  país, y que los alemanes “se hallaban satisfechos por las excelentes condiciones de vida de las cuales gozaban”  también le dijo, de embajador a embajador, que un informe reciente que circulaba diciendo que había restricciones alimentarias para la población alemana porque la comida era  reservada para el mantenimiento del ejército, seguramente era una mentira. . . Después de todo, le dijo, el profesor que había hecho el informe “era un judío.” 

Su actitud respondía a varios factores, en principio, a que gran parte de los irlandeses católicos eran antisemitas debido a las prédicas de la iglesia que por ese tiempo asumió una posición fuertemente antisemita como era el caso de los curas Fahey y Coughlin y porque además, durante la guerra, la Irlanda católica se declaró simpatizante de la Alemania nazi, como muestra de su rechazo y odio a la dominación británica. Pero el verdadero problema era el odio que Kennedy sentía hacia los judíos. Tenía un fuerte sentimiento antijudío que además le era muy conveniente, por pertenecer a otra minoría también muy despreciada como lo era la de los irlandeses católicos. Cuando luego fue a Hollywood, les comentó a sus amigos que esperaba echar a patadas de allí a los judíos que dominaban los estudios hollywoodenses y que de ese modo serían borrados del mapa.

Sus sentimientos antisemitas eran tan fuertes que había manifestado que solo se sentía feliz cuando al fin de cada día, le había ganado o estafado a un judío.

 Kennedy impulsó a su amigo William Randolph Hearst (sobre el cual basó su película Orson Welles en el “El Ciudadano”) a ayudar a Hitler a mejorar su imagen en los Estados Unidos. Hearst no necesitaba esta sugerencia, venía cortejando al fascismo desde mucho tiempo antes, casi al mismo tiempo que prestaba su apoyo y ayuda a Roosvelt y al New Deal. Desde 1927 hasta mediados de los años treinta, Hearst solicitó y publicó en sus periódicos, columnas de Mussolini y de Hitler.

Continuará en el próximo número 31

Para leer el informe completo haga click aqui

 

*Los Mendelssohn - El Judaísmo y la Cultura Europea

 


Opera de Berlin, S.XVIII

 


Palacio Sans Souci
de Federico El Grande

...Uno de los logros que coronaron el movimiento reformista fue la colaboración del Cantor Salomon Sulzer de Viena y del director de coro Louis Lewandowski de Berlín con los estudiantes de los compositores clásicos Bach, Beethoven, y Mozart, y con Felix Mendelssohn y Franz Schubert, también ellos estudiantes.

Esto llevó a una reforma de todo el servicio judío de rezos, de su liturgia, convirtiéndola en una composición de música clásica.

(Continuará)

*MOSES MENDELSSOHN                    Continuación del Nº anterior 29

   Por esa razón Moses Mendelssohn buscaba la forma de subsistencia del judaísmo a través de formas más integradas con la cultura y el conocimiento en la Europa ilustrada. . .La Ilustración en la que se inspiró Mendelssohn, fue la que convirtió la Razón en autoridad y al pensamiento en la mayor capacidad del ser humano. Según Hannah Harendt la razón puede libertar al hombre de los prejuicios del pasado y señalarle el camino hacia el futuro, pero esto no es suficiente, el individuo liberado sigue tropezando con un mundo y una sociedad llenos de prejuicios. Por ese motivo el filósofo estaba tratando de adaptar al viejo judaísmo al nuevo mundo que estaba surgiendo pensando que judaísmo y razón pueden ir unidos.  Para algunos judíos  la forma de huir de esta pesadilla de la discriminación y el antijudaísmo fue la conversión—y solo lo hicieron cuando se convirtieron al cristianismo.

Ese era el mal que Moses estaba tratando de evitar.

 *Razón y Ley Mosaica 

Pese a que las obras de Mendelssohn respondían a una concepción secular, filosófica, su visión religiosa fue coherente con la concepción del judaísmo ortodoxo que había practicado. Estas ideas fueron rechazadas por los rabinos ortodoxos de su época, especialmente por los del judaísmo de Europa oriental, que rechazaron relacionar la coherencia de la Razón con la ley de Moisés. Rechazaron la noción de Mendelssohn de que la unión del sentimiento religioso con el conocimiento secular más avanzado, era no sólo natural, sino esencial para la vida moderna. Tampoco aceptaron la idea que relacionaba las obligaciones del hombre hacia la sociedad civil y que pueden ser definidas de un modo ecuménico

Las obras de Mendelssohn se convirtieron en las bases para la modernización de tendencias dentro del judaísmo,conocidas como el Movimiento Reformista, el cual se extendió por varias generaciones a través de Europa y Rusia, y dentro de los Estados Unidos, donde actualmente el judaísmo conservador y reformista son mayoritarios. Los colaboradores judíos de Mendelssohn y los seguidores de sus enseñanzas se denominaron maskilim (intelectuales). Bajo la influencia del legado de Mendelssohn y las reformas educativas de Humboldt a comienzos del Siglo XIX, jóvenes judíos intelectuales que estaban estudiando para convertirse en rabinos, fueron a las universidades por primera vez y aproximadamente sesenta de ellos llegaron a obtener  títulos en los niveles más avanzados.

Esos rabinos fueron entrenados en filología, filosofía platónica, astronomía, geometría y otros temas clásicos – una verdadera tarea monumental, para lo que habían sido los tradicionales estudios rabínicos que los habían precedido y que tenían poco o ninguna educación secular.

Ellos acostumbraban utilizar su formación universitaria en la cultura clásica alemana para educar a sus congregaciones judías. Formados en los clásicos griegos y el método platónico, intentaron introducir  la Razón para revigorizar el judaísmo. Estos fueron los rabinos que condujeron el movimiento reformista y al que se opusieron amargamente los elementos dentro del atrincherado rabinato ortodoxo. 

En la tradición de Mendelsohn, estos líderes reformistas se consideraban a si mismos como hombres y mujeres que comnpartían el regalo universal de Dios que es la Razón. Se vieron a si mismos como participantes en la vida de su nación, con obligaciones para su presente y el futuro , del que el judaísmo sería una guía moral. Esta fue la mayor ruptura con el rabinato ortodoxo, que creía que los judíos eran una Nación teocrática en el exilio, esperando por su retorno a Sion. 

Varios excepcionales rabinos reformistas dieron un paso fuera del rol tradicional  de los temas teológicos y educativos, tratando de organizar a la totalidad de la población dentro de formas republicanas de gobierno a través de Europa. El movimiento reformista, al transformar a los judíos en ciudadanos de fe judía, transformaron algunas de las antiguas tradiciones litúrgicas. La conducta dentro de la sinagoga se cargó de un fuerte contenido de solemnidad, la música fue una inspiración tomada de la liturgia protestante. Esto era totalmente ajeno a la función cumplida hasta ese momento en las sinagogas, especialmente de Europa Oriental, el lugar más frecuentado por toda la comunidad. Allí se mantenían todas las formas de la sociabilidad judía, incluso transacciones de dinero. Hecho que va dejar de tener lugar cuando se introducen los instrumentos musicales y la mejor música de la época para los oficios del judaísmo reformado.(Continuará)

 Sigue en el margen izquierdo 

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Jacques Halévy y su ópera "La Judía"
  * La judía Opera de Jacques Halévy

 

“La Judía", una famosa ópera del Siglo XIX del compositor francés Jacques Halévy ha sido representada con gran éxito en París. Creada en 1835, “ La Judía” marcó una generación entera de músicos franceses y recibió alabanzas de maestros tales como Wagner y Berlioz. Halevy ha sido el autor de numerosas obras, incluyendo 22 óperas que fueron representadas en París.

La más conocida de todas es su ópera monumental “La Judía” que fue ampliamente aclamada en París. Fue presentada en 562 funciones antes de perder su lugar en el repertorio y el renombre mundial que había ganado. El argumento de la ópera relata la historia de un amor imposible, a principios del Siglo XV en Suiza, entre un cristiano y una judía, en un momento de gran agitación religiosa. La obra es una profunda apelación a la tolerancia, lo que la convierte en un tema muy actual. A nivel musical, “La Judía” se conoce especialmente por el aria “Rachel, quand du seigneur”.

Halévy había nacido en 1799 en Paris de una padre judeoaleman y de una madre franco-judía justo diez años después de la Revolución Francesa. Creció bajo los tempranos años del régimen napoleónico, una época de gran libertad para los judíos que él había asimilado totalmente a la sociedad francesa. Napoleón otorgó la ciudadanía francesa a todos los judíos en su imperio, no importa dónde vivieran y derrumbó las murallas que aprisionaban los guetos. La intención del guion fue evaluar el status de los judíos en la sociedad, como lo habían hecho algunas novelas (por ejemplo Balzac en “La Comedia Humana”)

Considerado alguna vez como una de las obras maestras del teatro lírico francés, “La Judía “ ha sido descuidada en estos últimos años, principalmente debido a su tema - intolerancia y antisemitismo religioso católico en la Europa medieval - es por esa razón que no se ha debido a ninguna coincidencia que la pieza nunca fue mostrada durante los años treinta, durante el crecimiento del fascismo en Europa. “La Judía” de Halevy fue presentada en la Opera de la Bastilla hasta el 25 de marzo de 2007

* Recordando *El asalto al tren de la muerte
  "Quien salva a una vida humana,
salva a un pueblo entero"

De Bélgica a Aischwitz
19 de abril de 1943

 


Robert Maistriau Youra Livchitz
y Jean Franklemon

 


Trenes de la muerte

 


Spoiegel falleció el 30 de abril del 2006 luego de un infarto cardíaco

 

Fuente: Stern

Cuando el 19 de abril de 1943 se detuvo el tren de deportación que se dirigía desde Mechelen, Bélgica hacia Auschwitz, con 1631 judíos Robert Maistriau sobreponiéndose al miedo, se acercó al tren y abrió las puertas del vagón. Huyan! Huyan! gritó el joven de 22 años, en esa noche en medio de los ruídos de disparos y de latigazos.

El tren que detuvo junto con otros dos camaradas de la resistencia, tenía mas de 1630 judíos a bordo. Los soldados que viajaban en el primer y ultimo vagón se sorprendieron de la acción ”tuvimos una alegría loca” recuerda Maistriau, el único que sobrevive hoy en día, de aquel comando rebelde.Esta acción única, marca también en el mismo año el comienzo de la resistencia en el Getto de Warschauer, que se recuerda cada año en  Boortmeerbeek, Bruselas, poco después de Pascuas. La historia se relata en el libro ” Rebeldes silenciosos” de  Marion Schreiber “.

La motivación de los tres héroes era simple ”Yo deseaba con todas mis fuerzas realizar algo contra los opresores, que fuera de gran importancia”. Luego de 58 años comenta, que entonces, tenía pleno conocimiento del riesgo. Su familia no lo supo hasta que acabó la guerra, entonces relató su accionar en la resistencia, a su madre y a su hermano. El trabajo de Maistriaus en la resistencia fue mantenido en secreto porque su madre no hubiera podido sobrellevar el miedo. Hoy tiene 84 años y recuerda que cuando su amigo Youra Livchitz le pidió ayuda para el asalto al tren, él conocía el nombre,  Auschwitz, pero no sabía donde estaba. Tampoco sabía que les esperaba allí a los judíos deportados, pero su amigo Livchitz le dijo: seguramente que no les espera nada bueno allí.

La resistencia comunista belga, había planeado detener un tren de deportación sin embargo, había desechado el plan por encontrarlo demasiado peligroso. Youra Livchitz, Robert Mastriau y Jean Franklemon decidieron llevarlo a cabo a pesar de todo. En la noche del 19 de Abril de 1943 se quedaron delante del Porton de Bruselas, pusieron una linterna roja en las vías y esperaron al tren que venía desde el campo de concentración  Breendonk.

El tren llegó y se detuvo, Maistriau abrió el vagón que tenía delante, allí habían 60 personas, dos mujeres saltaron primero, luego los hombres, pero un hombre trató de impedir que la gente salte, por lo cual solo lograron salvarse 17 personas de ese vagón quienes se internaron luego en el bosque. De pronto se escucharon voces desde el otro vagón que les pedían que lo abrieran, el tren volvía a andar, uno tras otro fueron abriendo los vagones hasta llegar a la frontera alemana. Se salvaron 231 personas y 23 murieron por los disparos de los soldados alemanes o por una mala caída. Los que lograron saltar fueron acogidos y protegidos por la población belga, según comentaba Paul Spiegel, quien fuera presidente del consejo  judío en Alemania.

 Spiegel huyó con sus padres a Bélgica cuando tenía dos años, su hermana Rosa fue detenida en una razia y llevada con otros 130 niños a Auschwitz y allí fue asesinada. Su madre nunca se perdonó aquel suceso, ella le había enseñado a su hija a mentir si algún uniformado le preguntaba si era judía, pero esa vez quienes preguntaron eran de la policía secreta y estaban de civil y la pobre niña admitió ser judía. 

Spiegel siempre tuvo la esperanza de encontrarla viva en alguna parte y recién tuvo constancia de su muerte en 1980, había pasado mucho tiempo, sin embargo no pudo contener las lagrimas. Paul sobrevivió en casa de unos campesinos, muy alegres y hospitalarios en Chápele-les-Herlaimont a quienes siguió visitando luego de la guerra. Su padre sobrevivió a tres campos de concentración: Buchenwald, Auschwitz y Dachau y al acabar la guerra, le buscó a él y a su madre y retornaron a Alemania.

Spiegel reflejó sus experiencias en el libro: ¿De vuelta a casa? Dónde relata sobre el racismo que siguió existiendo en Alemania, muchos años después de la caída del régimen nazi, pero también cuenta cómo su padre le enseñó a enfrentar a esa gente. “Esta es nuestra tierra y de aquí no nos moverá nadie”, decía.

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© 2007 Alicia V. de Benmergui y Salvador Benmergui