* Auspiciado por el Departamento de Cultura de AMIA
* Declarado de interés por el Centro Contemporáneo de Estudios Judaicos y Sionistas *Organización Sionista Argentina*
* Declarado de interés por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí - CIDICSef
* Auspiciado por el Departamento de Hagshamá, de la Organización Sionista Mundial www.hagshama.org.es

Año 2 - Nº 28
30 de Mayo 2007 / 13 de Sivan 5767
Ciudad Autónoma. de Buenos Aires - Argentina
Email  Cultural@arnet.com
Editores:  Alicia V. de Benmergui - Salvador Benmergui
Edición quincenal
* La Familia Mendelsohn
  *Los Mendelsohn - El Judaismo y la Cultura Europea


*Moses Mendelsohn


*Friedlander- Discípulo de Mendelsohn


Mendelsohn -Texto

 

*MOSES MENDELSOHN

*El Siglo XVIII marca dos cambios fundamentales en el judaísmo europeo. 

Por una parte los judíos de Europa Oriental, especialmente los sectores populares van a sumergirse en una liturgia y una observancia de fuerte influencia mística y mesiánica.

Durante el siglo XVII habían atravesado una durísima existencia y dos acontecimientos que transformaron su existencia casi de un modo definitivo. Uno de ellos, fueron las invasiones de las hordas cosacas capitaneadas por Bogdan Jmelnitzky y otras el surgimiento del falso mesías el Shabetai Zevi y su sucesor Jacob Franck.

 La respuesta ante tanto dolor y devastación fue la aparición de la figura providencial y notable del Baal Shem Tov, el jasidismo y el surgimiento de la esperanza y el sentido de la vida para quienes lo habían perdido todo y no les quedaba casi nada de lo mejor de la tradición judía. En Europa entretanto había surgido para fines del Siglo XVII y principios del Siglo XVIII el Iluminismo, un movimiento filosófico que provocó la separación entre el racionalismo y la religiosidad. 

A mediados del Siglo XVIII un judío de una enorme cultura, influido por la filosofía de la Ilustración, dio origen con su obra al movimiento de la Haskalá, la ilustración judía, al surgimiento de nuevas formas de observancia religiosa como fueron el Judaísmo Reformista y el Movimiento Conservador.

Esta personalidad notable, ejerció una muy fuerte influencia no solo dentro del judaísmo sino también, a través de sus descendientes en la historia y la cultura moderna europea..  Moses Mendelsohn, fue un judío nacido en el Estado de Anhalt-Dessau en lo que hoy en día es Alemania en 1729. Su familia era muy pobre, su padre era un copista de la Torá por lo que pese a vivir sumidos en la pobreza, los estudios y el conocimiento eran importantes para ellos.  El rabino David Fraenkel, de Dessau fue quién le dió una educación tradicional judía, a los catorce años Moses se fue a Berlín, a la Yeshivá del Rabino Fraenkel cuando este se trasladó, como rabino a la capital prusiana. En poco tiempo se convirtió en un brillante y prometedor discípulo en los estudios talmúdicos y rabínicos. Cuando Moses lo conoció al rabino Samson Rafael Hirsch, hizo un gran esfuerzo para poder recibir sus enseñanzas, entre ellas y para él una de las más valiosas, relacionar la lógica con las creencias religiosas del judaísmo. Según Moses, esta era la riqueza fundamental del judaísmo, porque un Código Legal, la Torá, es producto de la revelación divina y la base de la existencia del Pueblo Judío..

 

Mendelsohn unió a sus estudios de temas judaicos, el alemán, italiano, inglés y francés además de las lenguas clásicas, el griego y el latín.

También se dedicó al estudio de las matemáticas, la lógica y la filosofía.

Para 1750 entró a trabajar como maestro en la casa de Isaac Bernhard, el dueño de una factoría de seda, a la vez que trababa amistad con el filósofo Immanuel Kant y con Gotthold Lessing. Mendelsohn ascendió en su trabajo convirtiéndose en el contador de Bernhard para luego llegar a ser su socio. Se dedicó al comercio con el cual prosperó pero paralelamente continuó con su tarea intelectual, especialmente con la escritura. Durante el último período de su vida, Mendelsohn fue un ferviente devoto de la Emancipación, civil e intelectual, de la guética comunidad judía de Europa. La condición de los judíos, desde los siglos precedentes, con muy pocas excepciones, había sido horrenda. Los judíos habían sido forzados a vivir en escuálidos y superpoblados guetos, se les impusieron tasas especiales, incluyendo impuestos por la celebración del sábado sagrado y los servicios religiosos; fueron apartados de las tareas en las que eran expertos como el comercio y  la mayoría de las profesiones. (Continuará)

 

*HISTORIA DE LOS JUDIOS SEFARDIES DE BOSNIA (2 de 3)

*Cementerio Judío de Sarajevo*


Cementerio Judío de Sarajevo

Bosnia y Herzegovina- verano 2002.

El edificio, y parte del cementerio fue quemado durante la guerra civil 1992-95. Se está restaurando con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos de América proporcionados a través de la United States Commission for the Preservation of America's Heritage Abroad

 

 


El cementerio judío de Sarajevo, situado fuera de la ciudad en el monte Trebevic, es uno de los más famosos de los cementerios sefarditas del mundo. Fundado en 1630, por el Rabino Samuel Baruch, es el mas antiguo cementerio de cualquier grupo religioso en Sarajevo y se lo reconoce por su antigüedad y belleza.

(Continuación)......

Era una pequeña comunidad, encerrada por la fuerza de las circunstancias y por sus propias costumbres, donde había fortuna duramente amasada, conservada con pena y siempre amenazada, y, por si fuera poco, una miseria oscura. Todo esto debía tener una influencia desfavorable sobre su desarrollo. Sin embargo, estas circunstancias no estaban destinadas a hacerlos degenerar, a sofocarlos en toda su vida espiritual, a aniquilarlos físicamente.

En tanto, a partir del siglo XIX las condiciones de vida se volvieron, también para ellos, un poco más, solamente un poco más favorables y más modernas; pese al estado de alienación obligada que compartían con las otras dos confesiones, mostraron signos indudables de energía y de talento, el gusto de la novedad, un deseo innato de progreso. (En nuestros días han dado a Bosnia uno de sus mejores escritores, Isaac Samokovlia, armonioso y profundamente humano.) Sólo la Segunda Guerra Mundial, con la tenebrosa y mortífera invasión del fascismo, que los tomó desprevenidos, mal preparados para este género de combate, logró dispersarlos y aniquilarlos.

Siempre quisieron vivir y siempre, en el curso de su terrible historia, se les ha tomado alguna cosa de su vida. Su historia, que ya es tiempo de escribir –el libro de Maurice Levi sobre los sefarditas de Bosnia es hoy difícilmente accesible y parcialmente obsoleto– mostrará no sólo el destino de los sefarditas, sino también toda la diversidad y complejidad de nuestra vida social en el pasado. Pues aunque hayan constituido un mundo aparte, formaban al mismo tiempo parte integral de nuestra comunidad.

Es con estos pensamientos y recuerdos que franqueo el pórtico de hierro del cementerio de los sefarditas de Sarajevo, sobre una pendiente despiadada más arriba del Miliatska.

Este cementerio al flanco de la montaña se divide, según la forma de las piedras y las inscripciones que llevan, en dos partes muy distintas. Poco antes del inicio de este siglo, las lápidas son típicamente judías, masivas, burdamente talladas, apenas desbastadas en la cara posterior (por su posición y sus líneas esenciales, evocan un león en una actitud clásica, sentado sobre las patas traseras, las manos extendidas, la cola alzada). En la cara anterior, en lo alto, una inscripción en caracteres hebraicos.

Para finales del siglo anterior, estas lápidas cambian de forma, se semejan más a "monumentos" convencionales de los cementerios cristianos, y aparecen epitafios en nuestra lengua y en español sobre todo al lado de los caracteres hebraicos, cuando no están por completo ausentes.

Como aconteció en otros países, aquí también las lápidas judías empezaron a adaptarse al estilo y al gusto de la época y del país. Están las tumbas de personas que llevaron una vida de burgueses de su tiempo, y es lo que cuentan, por su forma y sus epitafios, los monumentos que los coronan.

Y sin embargo estas lápidas son particulares en varios aspectos, hablan de los muertos, pero también de los vivos. Las antiguas lápidas con sus inscripciones exclusivamente en hebreo se yerguen aparte, con su forma insólita y sus signos incomprensibles, como si se hubieran resignado desde siempre a no ser comprendidas y descifradas mas que por una ínfima minoría, ahora desaparecida. Están orgullosas de ser lo que son. Algunas ya no son más que piedra.

 Los caracteres hebraicos del epitafio, apenas grabados en la superficie, han comenzado desde hace mucho a extenderse, a fundirse los unos con los otros, a difuminarse y a desaparecer. Aún no están del todo borrados, pero ya no son más que un ornamento sin significado.

Más allá de estas letras hebraicas incomprensibles para nosotros, como atrás de una cortina tenue pero más dura que ninguna muralla, se esconde lo que los judíos sefarditas han mantenido al filo de largos siglos. Esta gran cortina es su lengua española. Durante más de cuatro siglos, han guardado y preservado esta bella lengua de su madre-madrastra, si bien no la han podido desarrollar ni impedir que se petrifique y se degrade. Es en esta lengua que cantan sus cantos de boda y sus romances de amor venidos de Andalucía, es la que emplean en su vida íntima y en su vida pública.

Estos dos alfabetos y estas dos lenguas utilizadas como dos códigos cifrados en el combate de su vida han sido para ellos el medio de conservar la autonomía necesaria.

En tiempos recientes, el conocimiento del serbo-croata se desarrolla en los sefarditas como en el resto de la población, pero al mismo tiempo comienzan a utilizar el español incluso en público, sobre todo cuando se trata de tradición y de folclor. Es así como aparece en las lápidas.

Una extraña ortografía y a menudo versos pobres. Como en tantos cementerios a través del mundo, son sobre todo palabras convencionales, tributo pagado a la notoriedad y a la fortuna del difunto. Sobre un pesado bloque de mármol negro está escrito, en letras de oro y versos inocentes, que el difunto era "un hombre estimado e inteligente" –"ombre prejado y entelegente"–, que era -Vicepresidente de la Komidad -Presidente de sojedades. Labrador publico dija i tarde

Aquí también los lugares comunes y los versos fríos y torpes se mezclan entre las inscripciones donde se percibe, a través de la expresión convencional e inocente, un sentimiento verdadero y una palabra calurosa, la necesidad viva y eterna de decir una palabra de más sobre aquél que perdemos para siempre.

Sobre la tumba de una madre hay esto: "Madre que non conoce otra justicia que el perdon ni mas ley que el amor." Sobre su lápida, Doncela Klara Altaraz, que murió "en la flor de la juventud" se queja de haber sido oculta en la tierra los primeros días de primavera, y que esta tierra fría le tenga "escondido el rostro del padre sol" –"Cubriome la vista del padre sol."

Junto a la jovencita yace su madre, que murió más tarde, e inscribió en su tumba - Clara no llores hija mia, No temes la fossa fria.

Además del español, hay cada vez más epitafios y versos en serbio. Están, por supuesto, en los límites del uso, como se los puede ver en las tumbas de todas las religiones y de todos los pueblos. Sobre la tumba de una madre se ha grabado: "Siempre fuiste maravillosa para nosotros –desde nuestro nacimiento– madre nuestra bien amada –hasta siempre."

Algunas veces sólo sobrepasan un poco la expresión convencional de la tristeza. En una de ellas, luego de la inscripción en hebreo, se lee: "Rachel i. Israel, Señora." Me parece ver a esta gran matrona de cabellos blancos, a quien sus padres y sus conciudadanos, con su sentido innato del humor y del trato psicológico, han llamado Señora. Y creo escuchar esta palabra de nuestra lengua esmaltar su propósito en español y el acento lánguido y ondulante con el que lo pronuncian.

Un monumento dice: "Aquí reposa mi querido y sentido esposo y nuestro padre bien amado Leo E. Papo, nacido en 1871, muerto el 12 de julio de 1915, que estuvo enfermo durante nueve años." Éste semeja un poco a los epitafios de las viejas tumbas bosnias, con ese detalle sobre la vida privada que tenía importancia para los presentes y que parece bizarro luego de tantos años.

A León Levi que, visiblemente, ya es contemporáneo nuestro, sus amigos alpinistas de diferentes confesiones declaran en versos torpes que sin él la montaña parece desierta y que no lo olvidan.

Sobre la tumba de Elías Kabil, este epitafio: "Así pues, estamos solos –vivos y muertos–, es siempre lo mismo", evoca vagamente el verso español: "¡Dios, qué solos se quedan los muertos!"

Hilvano mis pasos entre las filas estrechas de tumbas, descifro las palabras banales y los nombres conocidos, siempre los mismos: Abinun, Albahari, Altaraz, Atias, Baruch, Cabillo, Calderon, Camhi, Catan, Cayon, Conforti, Cunorti, Daniti, Danon, Eshkenazi, Finzi, Gaon, Levi, Maestro, Montillo, Ovadia, Ozmo, Pardo, Pesah, Pinto, Salom. Los nombres de sus esposas contienen un poco de música y de poesía de lejanos países soleados: Anula, Gentila, Gioia, Rika, Masaita, Luna, Buena, Palomba, Simha, Oro.

Más allá de estas palabras y estas letras, entreveo el mundillo viviente de los sefarditas de mi infancia. Mercaderes tocados de altos fez, mozos encorvados, pequeños tenderos, artesanos en sus puestos, sus viejas esposas portando aún el antiguo hábito oriental sefardí, sus hijos ricamente vestidos, o pobres, flacos y miserables. Siento el olor de sus moradas y escucho sus explosiones de voces guturales en español entrecortado con palabras serbias. Un mundo que ya no existe. Ya no está, y es lo que dice este cementerio con sus signos vivientes y sus huellas visibles del gran drama de un pueblo.

(Continua  en el margen izquierdo)

*Fotovivencias*

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*El viejo Barrio Judío de Jerusalem
  *1000 años del Viejo Barrio Judío de Jerusalem

Por Alicia Benmergui

 


Mikvé

Objetos de la exhibición correspondiente al período de Herodes, descubierto en estos sitios : recipientes de la cerámica, manijas del jarros del período del primer templo incluyendo algunas diosas como la de la fertilidad, una tradición cananita que persistió en el tiempo;

Fuente. Biblical Archeologie Society Nitza Roosovsky

Continuación del número anterior

... En el barrio de Herodes, hay seis casas de la Ciudad Alta.

Las seis casas estaban juntas, paradas sobre las cuestas al este de la ciudad alta, frente al Monte del Templo. Estaban separadas solo por dos callejones ocultos. Posiblemente las calles estaban localizadas sobre la periferia de las casas. En todas ellas se hallaban los restos de los pisos de tierra  y los sótanos con instalaciones de agua y áreas de servicio.

 Algunas pueden haber tenido un historia adicional. Dos de las casas más grandes estaban construidas alrededor de los patios, en otra una columnata formaba un peristilo que rodeaba un espacio abierto.. Los cimientos de las casas se hallaban sobre el fondo rocoso. La albañilería con que estaban construidas las paredes era de fina y artística elaboración y las paredes fueron construidas con cenizas, los bordes de las paredes eran totalmente rectos lo que permitía su perfecta unión. Los fragmentos de yeso que habían caído de las paredes  muestran las marcas  de las impresiones que habían quedado cuando las piedras de las paredes  fueron toscamente cubiertas con cenizas antes de que el yeso fuera aplicado.  Las paredes estaban decoradas y  diseñadas arquitectónicamente con frescos o diseños florales; sobre algunas paredes el yeso fue modelado húmedo de modo que pareciera que eran paneles con relieves que semejaban piedras.

Avigad halló nueve mosaicos negros, rojos, amarillos y blancos decorando los mosaicos de los pisos del Barrio de Herodes — el más temprano ejemplo de arte con mosaicos en  Jerusalem.

 En el mundo romano-helenístico, en la cual fue creada la técnica de los mosaicos eran comunes las representaciones de figuras humanas y de animales. Pero  en Jerusalem solo los motivos florales y geométricos aparecían en los mosaicos, respetando la prohibición del Segundo Mandamiento acerca de la reproducción de imágenes. Varios de los mosaicos contienen una geométrica y esquemática roseta, un motivo frecuentemente visto en el arte judío, por ejemplo sobre los osarios y los sarcófagos. Hoy los visitantes pueden caminar actualmente sobre pisos de mosaicos de 2.000 años de antigüedad .

En una ciudad surtida de agua por un pequeño manantial, la abundancia de las instalaciones de agua en las casas del Barrio Herodiano es sorprendente. Grandes cisternas de yeso recogían el agua de lluvia que caía de las terrazas planas. Cada vivienda tenía un baño con cañerías de yeso y vestíbulo pavimentado de elegantes mosaicos.

Piletas especiales eran probablemente usadas para el lavado de  los pies.

Fueron descubiertos un importante y gran número de baños rituales, o mikva’ot.  Al menos una mikveh—“un recipiente [ de agua]”—y aun más, fueron encontradas en cada casa en el Barrio Herodiano. La más común entre los diferentes tipo de baños rituales fue una pileta con una escalera cortada, con la parte baja cubierta con un yeso gris. La pileta estaba colocada usualmente por debajo de un techo sin yeso, hecho de bloques salpicados de ceniza a los que el agua no mojaba.

 La construcción conocida como la Mansión Palaciega, la casa más grande descubierta en la Ciudad Alta, contenía baños rituales especialmente grandes, cada uno tenía dos entradas, colocadas lado a lado, así el que entraba al agua antes de la purificación podía salir, una vez limpio a través de la otra.

 A veces los peldaños estaban cerrados en la mitad inferior por una pared baja donde un escalón era para sumergirse y otro para poder .

El gran número de baños atestigua la estricta observancia de las leyes de pureza ritual practicada por los residentes de la Ciudad Alta durante el Período del Segundo Templo. (Estas leyes son recordadas en la Mishnah,j con devotos diez capítulos sobre los detalles de la mikveh)

La ley estipula que la mikveh debe tener al menos cerca de 4,5 pies de profundidad, no menos que 198 galones de agua de agua de un manantial o de un surgente o agua de lluvia que fluye directamente hacia ella, sin tener que llenarla manualmente.

 Las mikvaot fueron vaciadas a manos, porque las leyes religiosas prohíben que un baño ritual tenga un tapón porque inmediatamente eso convierte a la mikve en una pileta, y esa no es la función para la que estaba destinada. 

* Recordando *El Día de Yerushalaim
  *Recordando momentos históricos en los anales de este pequeño país que conocemos como Israel*
  *. Lloraban como niños… por Moshé Yanai

*Los Judíos y el Arte: Arturo Schwartz y los otros donantes del Museo de Israel


Dayan- Sharon

*Artículo publicado en Reloj.comdel domingo 13 de mayo de 2007/19.40

*Moshé Yanai-Periodista

Nació en Barcelona y llegó a la entonces Palestina en 1944, cuando su familia fue de hecho expulsada por su condición judía. Participó en la Guerra de la Independencia de Israel así como en la de los Seis Días de 1967. Su aislamiento del ámbito hispanohablante no le impidió mantener vivo el conocimiento del castellano, primero como maestro de ese idioma y luego como traductor y encargado de prensa en la Embajada Argentina, en donde trabajó 50 años hasta agosto de 2001. En los años ’50 fue corresponsal en Israel de “Prensa Israelita” de México y otras publicaciones judías de la América Latina, y en 1963 participó en la fundación del semanario Aurora  y durante 14 meses fue el  primer Jefe de Redacción de esa publicación. En el ínterin también editó “Noticias Breves” de la Agencia Judía así como  “Revista Wizo”. Ha sido traductor principal de la Industrias Aeronáuticas  de Israel, el Instituto Científico Weizman, el Ministerio de Turismo y otras  instituciones  locales. Ha traducido varios libros al castellano, así como innumerables artículos de la prensa local. Últimamente ha publicado varias colaboraciones en “La Vanguardia” de Barcelona, así como en varios sitios de Internet como “El Reloj”. Además de escribir, ahora enseña voluntariamente castellano en un centro de jubilados local.

En mérito a sus servicios, el Gobierno argentino le condecoró en 1984 con la Medalla de la Orden de Mayo, en una ceremonia celebrada en la sede de la Embajada Argentina en Israel.

*Estábamos reunidos alrededor del transistor. Con fusil en la mano y casco ajustado en la cabeza, los no tan jóvenes reservistas nos apretujábamos a su alrededor, para no perder una palabra de lo que el locutor exclamaba.

 Era la mañana del 7 de junio, el tercer día de la lucha y formábamos parte de una columna en movimiento hacia el próximo objetivo. La Guerra de los Seis Días fue bautizada como la guerra de la “radio transistor”: abundaban quienes habían traído ese novel aparatito que permitía seguir el curso de los acontecimientos en los demás frentes. En el nuestro, estábamos avanzando hacia el interior de la Margen. Luego de entrar en la localidad de Tulkarem, desde donde los jordanos amenazaban cortar en dos a Israel en el llamado cuello de la botella, nos adelantábamos, ahora ya sin oposición militar alguna, por la ruta que conduce a Nablus, la bíblica Shjem. El día anterior se había librado un intenso duelo de artillería, y nuestra batería de morteros pesados destacada junto al kibutz Bajan había contestado con creces al fuego enemigo.

Sabíamos que no había quedado prácticamente aviación egipcia, que nuestras tropas avanzaban en el Sinaí, y que se combatía en distintos sectores del frente jordano, que era de hecho donde estábamos.

Pero ahora escuchábamos la radio. Transmitían directamente de Jerusalén, en donde parecía librarse combates muy encarnizados.

Todos estaban pendientes de la emisión radial. Sabíamos que el comentarista se hallaba en territorio previamente ocupado por Jordania, de modo que nos sentíamos animados. Mejor dicho, emocionados. Como en el caso de nuestro frente, los jordanos estaban en retirada. Alguien movió la aguja sintonizadora y escuchamos una voz en árabe: era Ramala, la emisora jordana. Luego tradujo con sorna los partes militares del enemigo: las gloriosas fuerzas jordanas estaban rechazando los ataques de los sionistas en todos los frentes, y su heroica resistencia había frustrado los intentos de penetrar en la “sagrada tierra árabe”. Nos pusimos a reír: ¿a nosotros nos iban a embaucar contándonos semejantes cuentos? Si es que estábamos en plena Margen sin encontrar resistencia alguna. El enemigo había desaparecido.

De repente sonaron disparos. El convoy se detuvo y nos ordenaron tomar posiciones a ambos lados del camino. En un abrir y cerrar ojos saltamos de los vehículos y cada uno encontró donde ubicarse y esperó alerta los acontecimientos con el dedo en el gatillo. Se escuchó cierto tiroteo, aunque un tanto lejos. Luego un estampido y algunas voces. No se veía ningún enemigo. Unos minutos más tarde un oficial apareció en la ruta indicándonos que había pasado el peligro y se reanudaría la marcha.

Luego supimos lo que ocurrió: varios palestinos armados había disparado contra la última unidad de la columna, que era una batería de artillería que seguía a nuestro regimiento. Pero no se percataron que había todavía otro vehículo civil movilizado que había quedado rezagado. Después de tirar trataron de huir, pero los soldados israelíes que viajaban en él aparecieron como por encanto de ningún lado y comenzaron a dispararles. Así, los palestinos quedaron atrapados y no pudieron salir de la casa en la que se habían atrincherado. Al localizar al grupo atacante, los artilleros introdujeron un obús en el último cañón, y sin ni siquiera hacer las maniobras precisadas para apuntar debidamente, dispararon. Parece mentira, pero el tiro fue muy certero. La casa desde la que habían sido atacados se desplomó, y sus ocupantes perecieron.

Volvimos a los camiones y, desde luego, alguien encendió de nuevo el transistor. El locutor estaba casi afónico de tanto chillar: “Estoy en la Ciudad Vieja, nos acercamos al “Kotel” (el Muro de los Lamentos), parece un sueño, no puede ser verdad… miren, están izando la bandera de Israel sobre el Monte del Templo… Llega el gran rabino castrense, el General Shlomo Goren, con un shofar y lo toca frente a este lugar milenario… Los soldados que estuvieron luchando tres días, que vieron caer a tantos compañeros y se mantuvieron serenos, ahora se apoyan en el Muro, besan sus piedras y lloran como niños…” Sin darnos cuenta, las lágrimas también resbalaron por nuestros rostros, nadie quedó con los ojos secos… habíamos vuelto al lugar más sagrado del judaísmo… El Kotel estaba en nuestras manos…

De eso hará cuarenta años. Para precisar, el 7 de junio según el calendario gregoriano. Pero según el nuestro, ese acontecimiento se recuerda el Día de Jerusalén, que será el miércoles, 16 de mayo.

*No he podido contenerme: los recuerdos me han obligado a escribir lo que antecede. Tal vez con una nota exagerada de dramatismo, pero fiel a los sentimientos que me conmovieron entonces. A mí y a todos quienes tuvimos el privilegio de ver plasmado ese milagro*

FALLECIO JANAN NUDEL
 

Tenemos que hablar con Janán…
por Moshé Rozén

Vamos a ver a Janán, me dijo Ruth.   Ruth era mi compañera en la conducción educativa del grupo “Shajar Hashalom” (“Amanecer de la Paz”, en hebreo).

Teníamos menos de veinte años pero sentíamos  dos mil años de Diáspora sobre nuestras espaldas: a nuestro regreso del “Shnat Hajshará”, un año de capacitación en Israel, el movimiento nos encomendó la “hadrajá” de una veintena de adolescentes, mayoritariamente varones, que venían los sábados de tarde a  nuestro centro de actividad  en Paternal con un objetivo declarado: jugar al fútbol.  

Ruth y yo teníamos que transformar esa pasión por el esférico en amor a Sión, en fervor judío y en ansias de radicarse en un kibutz.

La tarea, a pesar de la capacitación previa y la convicción sionista socialista que nos animaba, tropezó con una “sorpresiva” dificultad: los educandos se manifestaban  reacios a asumir los postulados de Herzl y Borojov,  reclamando más tiempo de juego y menos charla…

Así conocimos a Janán Nudel.

Fuimos a  lo de Janán como quien va al rabino: fuimos a preguntar “cómo puede ser”: cómo es posible que a estos chicos les interese más jugar que escuchar de sus instructores la idea de la Revolución.

Estábamos a principios de la década del setenta. Janán Nudel ya era psicólogo, prestigioso asesor pedagógico de las instituciones comunitarias judías. Pero –además- Janán era “nuestro”: había militado en el Hashomer Hatzair, era alguien que nos podía entender intimamente, dueño, como nosotros, de los códigos del movimiento que pretendía crear un hombre nuevo, proletarizar al judío, el movimiento cuyos educandos se nucleaban en grupos que tenían nombres como “Amanecer de la Paz”.

Janán, con aquella mirada comprensiva y sonriente, con su sabia paciencia, supo desarmarnos del discurso dogmático sin desanimar nuestra motivación juvenil.

Treinta y seis años transcurrieron desde aquel encuentro. La figura de Janán Nudel creció como docente, filósofo, escritor. Su producción intelectual se proyectó a toda América Latina y a Israel.  Cambiaron los tiempos y Janán conservó frescas la  sencillez y camaradería de su paso por el Hashomer Hatzair.

Janán Nudel cerró sus ojos pero nos dejó su mirada. Janán partió para siempre, pero nos quedamos con su sonrisa, con su voz y sus  silencios: aquellas pausas de Janán para pensar y asimilar lo que se habla.

Vamos a extrañarte, querido Janán. 

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