HISTORIA

HISTORIA DE RIVERA (PARTE 2)
Por Alicia Benmergui

Viene de Parte 1

Violencia zarista: respuesta judía

Los últimos 20 años del régimen fueron una época de tensiones y renacimiento para los judíos, especialmente en los círculos más jóvenes. Este despertar se debió principalmente a la resistencia conciente y al rechazo de un régimen opresivo que los oprimía y humillaba, degradando sus condiciones de vida en el país. Una de las respuestas a la política del gobierno zarista por algunos sectores de la juventud judía fue su adhesión a los movimientos revolucionarios.


Familia Goldin

La juventud radical rusa se unió en organizaciones clandestinas en las ciudades rusas y en el extranjero. Muchos de estos judíos fueron los líderes de estos movimientos.

Los dirigentes de la Social Democracia incluían a Martov, Trotzky mientras que Zhitlowksi y Gershuni figuraban entre los fundadores del Partido Socialista Revolucionario Ruso. Con el crecimiento de una conciencia nacional en los círculos revolucionarios a fines del Siglo XIX, se creó un movimiento revolucionario de trabajadores judíos. Las uniones de trabajadores que habían sido fundados por iniciativa de intelectuales judíos se unieron, creando el Bund en 1897. El Bund tuvo un rol muy importante en el movimiento revolucionario ruso en las Zonas de Residencia. Creado en parte como un partido perteneciente la Partido Social Demócrata Ruso, gradualmente se fue apartando de éste al insistir con demandas de carácter nacional judío, tales como el derecho a la autonomía cultural por parte de las masas judías, el reconocimiento del idish como la lengua nacional de los judíos, el establecimiento de escuelas en este lenguaje y el desarrollo de la prensa y la literatura.
El Bund fue particularmente exitoso en Lituania y Polonia, donde después de un tiempo logró el apoyo de trabajadores y aprendices, por haberles inspirado el coraje y la decisión de enfrentar a sus patrones y a las autoridades.

Otra de las respuesta de los judíos a la opresión fue la creación del Movimiento Sionista, que creó el movimiento Jibat Sion luego de de los terribles pogroms de 1881-83. Algunos cientos de jóvenes marcharon a Palestina estableciendo allí los primeros asentamientos.

La sociedad de Jovevei Zion difundió las ideas de esta inmigración que ganaron gran ímpetu con la aparición de Teodoro Herzl, el Primer Congreso Sionista en Basilea y la fundación de Organización Sionista Mundial.

A pesar de que los sionistas estaban instalados en Europa Occidental, la principal influencia la ejercieron en la judería rusa que manifestó su apoyo al movimiento.

El Sionismo había ganado las adhesiones de todos los grupos judíos, los ortodoxos y los maskilim, la clase media y el proletariado, la juventud y la intelligentsia. Este pensamiento nacional expresado en una literatura sionista se difundió a través de la prensa en hebreo, idish y ruso. Ese era el clima existente en la Rusia de fines del Siglo XIX y comienzos del siglo XX. Varios siglos de opresión del pueblo ruso por parte de las diferentes dinastías zaristas y para los judíos, cientos de años de opresión y persecuciones.

Por primera vez en la historia moderna el antisemitismo a partir de 1881 se había convertido en un método de gobierno. La reacción de los judíos ante estos reiterados ataques, se expresó por diferentes medios. Uno de ellos fue la militancia política como respuesta, otros se concentraron en la posibilidad de la huída ante una situación tan peligrosa, para poder desarrollar su existencia pacíficamente, en tanto que otros se inclinaron por el sionismo.

Bajo el reinado del Zar Nicolás II éste y sus funcionarios identificaron totalmente al judaísmo con los revolucionarios. Pedro Raschovsky, un funcionario de la policía secreta del Zar, la Okrana, ideó la difusión de una literatura que hablaba de una supuesta conspiración judía para apoderarse del mundo y que había comenzado con una revolución. En diciembre de 1905, el Zar Nicolás II daba su asentimiento para que se desatara una acción común internacional contra los judíos por lo que determinaba una adecuada difusión del texto “Los Protocolos de los Sabios de Sion”.

Los judíos huyeron de Europa Oriental como pudieron, la mayoría de ellos partieron hacia Estados Unidos, algunos hacia Palestina y un grupo bastante numeroso rumbo a la Argentina, para comenzar una nueva vida.

La población que había partido era tan variopinta como lo había sido siempre dentro del universo judío: judíos ortodoxos, tradicionalistas, sionistas, socialistas, bundistas, anarquistas etc. Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires lo hicieron en respuesta a la invitación que, específicamente, había sido formulada a los judíos rusos por José María Bustos, el 6 de agosto de 1881 por el decreto promulgado por el Presidente Julio Argentino Roca. Este se sintió conmovido por las noticias que llegaban del continente europeo sobre las terribles matanzas y saqueos a los que estaban sometidos los judíos cuando se abatieron sobre ellos varios pogroms organizados desde el gobierno.


Entrada a la Kehilá de Rivera

Breve Historia de los aborígenes antes de la Campaña del Desierto

La pampa Argentina del siglo XVI fue la primera frontera de pastos que encontró el hombre europeo. Los conquistadores circularon por los bordes de esas pampas inmensas, no se aventuraron a entrar en ellas, carecía de los valiosos minerales que abundaban en los dominios aztecas o incaicos y de la población para utilizarla como fuerza de trabajo. Era mucho menos problemático que domesticar y colonizar esa inmensa llanura desértica y hostil.

El modo de vida de los españoles durantes 300 años les permitió prescindir de esa inmensa reserva. Los verdaderos dueños eran los avestruces, los flamencos, las vacas y los caballos salvajes, descendientes de aquellos traídos en la fracasada empresa del conquistador Mendoza.

En la mitad oriental, donde había lluvias abundantes, todo estaba cubierto por el enmarañado pasto pampa, solo los cardos y los ombúes de grandes copas matizaban el tupido pastizal. Las aguas, producto de las lluvias, apenas podían escurrir porque el terreno era totalmente plano, cuando caían copiosos chaparrones, el agua iba a parar a algunos arroyos, pero en general aparecían enormes pantanos o depresiones salinas. Hacia el oeste, el pasto pampa ya era más escaso y aparecían los arbustos espinosos y los cactos.

Ciertas tribus nómadas consideraban esas tierras su hogar, y después que los españoles introdujeron el caballo, los indios recorrían su extensión en todas direcciones. El gaucho, producto del mestizaje entre conquistadores y las indias, se encontraba a sus anchas allí, su subsistencia dependía de la caza de vacas y caballos cimarrones.
El español y luego el argentino parcelaron como vastas fincas estas tierras no colonizadas, pero el incentivo de la propiedad era escaso para la población española de las ciudades, era condenarse a una existencia muy dura y difícil en lugares remotos y desolados. Los que llegaban hacían una vida muy poco distinta de la de sus peones gauchos: una dieta compuesta totalmente por la carne y el mate.

En el siglo XIX eran no eran muchos, entre los más adinerados, los que podían aspirar a un modo de vida más refinado yneuropeizado. La vida era austera y simple, con muy pocos lujos, aun para aquellos que eran dueños en algunos casos de la mitad de una provincia.

El paisaje pampeano dista mucho de ser la monótona llanura que indica la voz pampa de origen quechua y que significa campo llano o abierto y que describe a los campos de la provincia de Buenos Aires. El paisaje cambia a medida que se avanza hacia el oeste, es más seco, aparecen lomas, médanos, grandes arenales, valles y hendiduras en las pueden verse salinas, algunas muy grandes. La vegetación característica de la llanura cambia, aparecen chañares, montes de caldén y algarrobos. La topografía es ondulada con lomadas, médanos, valles y depresiones que alojan salinas, algunas extensas, muy extendidas. El monte de caldén, chañares y algarrobo reemplaza allí a los pastizales pampeanos. Al oeste y al sur están las cuencas de los grandes ríos pampeanos, el Salado o Chadi-Leuvú y el Colorado.

Llegada de los araucanos al territorio pampeano

En el siglo XVII comenzó un proceso gradual de poblamiento por parte de los araucanos provenientes del territorio chileno que llegaron hasta la pampa, luego de haberse instalado en otros territorios. A mediados del siglo XVIII, los misioneros jesuitas en Buenos Aires podían diferenciar a las tribus araucanas de las que no lo eran llamándolos a los unos “pampas” y a los otros “serranos”.

Los araucanos no solo eran reconocidos por su lengua, también porque cultivaban y tejían. Pero en 1830 esta diferenciación ya no era posible y se llamaba araucanos o “aucas” a todos los indios que estaban al norte del Río Colorado. Esta expansión culminó a mediados del siglo XIX, llegando a crear una enorme unidad lingüística y cultural al sur de la línea de fronteras, que llegaba hasta el Pacífico en la llamada Araucania chilena.

Ya en las primeras décadas del siglo XIX se instalaron importantes grupos de mapuches chilenos. Eran unos veinte jefes, con sus guerreros y familias, que vinieron a las pampas para la organización de malones, maloquear como se le decía, o para instalarse en este lado de los Andes.

El malón fue uno de los principales y prósperos recursos de subsistencia para estas tribus, pero no el único. El principal objeto de los malones era la captura y robo de animales de ganado vacuno, caballos yeguas y mulas a lo largo de toda la línea de fronteras de Buenos Aires a Mendoza.

Toda la hacienda robada era luego arreada y llevada a Chile donde era vendida.

Los grandes malones comenzaron cuando aumentó la demanda desde Chile por un lado y por el avance de la frontera durante 1820 durante el gobierno de Martín Rodríguez, que les quitó a los indios las riquísimas tierras de pastoreo. Todo esto determinó un aumento de su agresividad pues para conseguir más hacienda se vieron obligados a obtenerlo en las estancias de los cristianos.

La captura de cautivas blancas fue otro de los objetivos indígenas pues ellas significaban un bien económico importante dada la cantidad de tareas que debían desarrollar las mujeres en las tolderías.

El ganado robado iba por caminos conocidos, aprovechando los lugares que tenían aguadas y pastos, con el tiempo estas huellas se convirtieron en los caminos, las rutas del territorio indio, eran las vías de comunicación de la región dominada por los aborígenes, las llamadas rastrilladas.

HISTORIA DE LOS INDIGENAS

Los indios constituyeron grandes unidades políticas, hubo dos grandes cacicatos que controlaron la región de las pampas: los ranqueles dominaban el norte y centro de lo que ahora es la provincia de La Pampa y el de las Salinas Grandes que controlaba el oeste bonaerense, el Carhué, y los valles surorientales de La Pampa.

En la región de la cordillera estaba el de los “manzaneros”, que Shayhueque gobernaba desde Caleufú y los Reuque-Curá y Feliciano Purrán. Estos centros políticos eran los que controlaban aguadas, caminos y pastos. Leubucó fue la capital del cacicato ranquel, controlaba un importantísimo nudo de caminos, en lo que es ahora la actual Victorica.

Al oeste de las Salinas Grandes, sobre la gran rastrillada del Camino de los Chilenos, estaba Chilihué, centro del cacicato salinero que controlaba los ricos campos de pastoreo del Carhué. A lo largo de esa rastrillada el agua podía obtenerse sin dificultades.

Caleufú, la residencia de Shayhueque era considerado lugar de invernada y controlaba los caminos que iban a Chile. El cacique Pincén conservaba su independencia pese a no ser un cacique importante porque se encontraba bajo la hegemonía de Calfucurá. Tenía su campamento en Malacó, desde donde controlaba las ricas tierras de Trenque Lauquen.

Hubo otros caciques como Coliqueo, Catriel y otros menos importantes que se encontraban instalados en territorio blanco dependiendo de las circunstancias, a veces como aliados, otras como enemigos.

Calfucurá intentó crear una confederación que incluyera a los diferentes cacicatos, y este fue el momento, históricamente más importante, logrado por los indígenas al constituir una organización política. Estableció un complejo sistema de alianzas que le permitió ser reconocido como el jefe de todos ellos. Pese a que incluso organizó una administración de gobierno, la alianza duró poco por las rivalidades internas entre los distintos caciques. Fue derrotado en San Carlos en 1872, por las fuerzas de Buenos Aires, pero en realidad quienes terminaron con su poder fueron Catriel y Coliqueo que ayudaron al general Rivas en la batalla contra Calfucurá.
Era evidente que los conflictos entre los distintos caciques y el avance de la frontera de los blancos en el territorio indio terminaría en una gran tragedia para los indígenas. La culminación de la Campaña del Desierto llevada a cabo por Roca, permitió la incorporación del territorio indígena al patrimonio estatal, consolidando el Estado y estableciendo sus fronteras.


Sinagoga de Rivera (interior)

La Conquista del Desierto: incorporación de la región al sistema productivo

Además de la incorporación del territorio indio al patrimonio estatal, la Campaña del Desierto llevada a cabo por Roca significó la conquista e incorporación efectiva al Estado nacional de cientos de miles de hectáreas de tierras aptas para la ganadería.

La expulsión y eliminación de la población indígena comenzó en una región muy próxima a la que los judíos vendrían a habitar pocos años más tarde. He aquí la descripción textual por parte del coronel Levalle al ministro Adolfo Alsina sobre el paisaje que vieron los judíos por primera vez cuando bajaron del tren, casi 30 años después.

. “. . . Por lo que respecta a Carhué, Sr. Ministro, pálido seria cuanto escribiese para dar una idea de la naturaleza, tal como aquí se ostente bella y mas que bella imponente. Ahora me esplico el amor y hasta la veneración de los bárbaros por estos lugares, cuna para ellos de tradiciones inolvidables”. Calfucurá agonizante llamaba a sus hijos y les ordenaba que no se dejasen despojar de Carhué- tal fue su testamento como Soberano de las Pampas. Bajo el punto de vista estratéjico nada puede concebirse que sea mas admirable. Un arroyo correntoso, encajonado y de agua cristalina: la inmensa laguna que lo recibe y las lomas altísimas que cierran el horizonte en todas direcciones, forman un campamento natural. . . Como dos leguas ántes de llegar á la gran Laguna de Epecuen, está el cerro Carhué. Alrededor de la cumbre y como si hubiese sido trazado a cuerda, se encuentra un circulo como de treinta varas de rádio. Era el hipódromo de los indios, y cuéntase que en él se ejercitaban los caballos para el Gualicho, que es como llaman al Diablo ó al principio de todo mal, sea físico ó moral. . .”

Informe del Coronel Nicolás Leballe al Ministro de Guerra Adolfo Alsina: “ Abril 23 de 1876- A medio dia se pusieron en marcha las Divisiones reunidas y, despues de cesar la lluvia, que habia sobrevenido en la noche, se desplegaron las banderas, avanzando la columna en órden de combate, al son alegre de cornetas, clarines y bandas de música. A las 4 p.m. se detuvo sobre el arroyo Pigüé frente al médano ‘Carhué’ que ha dado su nombre á todo el parage, que antes era el punto mas importante para los salvages, en cuyos ricos campos solían tener sus invernadas y donde, tres días antes de nuestra llegada, en el mismo punto donde hoy flameaba nuestra gloriosa bandera, los hijos del desierto habían bailado alegremente, no sospechando sin duda que nuestra columna venía tan pronto á borrar sus pisadas. Desde ese momento, este punto estratégico habia sido conquistado por siempre para la civilizacion y en defensa de la nueva frontera, sin que los salvajes hayan intentado siquiera disputarnos tan preciosa conquista. En la Orden General de aquel día S.E. el Señor Ministro felicitó á la División por el espéndido éxito de la Espedicion”.

En el año 1879, el general Roca, Ministro de Guerra, encabezó una expedición que recibió el nombre de Campaña al Desierto, la República Argentina se integró al mercado mundial como proveedora de valiosa materia prima, carne, granos, cueros y lana. La ganadería y la agricultura se convirtieron en valiosos bienes de exportación a través de los ferrocarriles que comunicaron las zonas productoras con el puerto de Buenos Aires.

El General Roca a la cabeza de un ejército de 6000 hombres llegó a Carhué, permaneciendo allí una semana, desde ese lugar expidió una Orden del Dia dirigida a todo el Ejército Expedicionario entre otras cosas dijo “. . .Cuando la ola humana invada estos desolados campos que ayer eran el escenario de correrías destructoras y sanguinarias, para convertirlos en emporio de riqueza y en pueblos florecientes en que millones hombres puedan vivir ricos y felices, recién entonces se estimará en su verdadero valor el mérito de nuestros esfuerzos…”
Hasta el año 1876, la región permaneció dentro del patrimonio indígena. En ese año, al avanzar la frontera, en todo el territorio de la Provincia, Adolfo Alsina quedó incorporado definitivamente al patrimonio estatal. El 23 de Abril de 1876, sobre una de las barrancas del Lago Epecuén en la región de Carhué, el Coronel Nicolás Levalle estableció el comando de las fuerzas a su mando – según la planificación determinada por Adolfo Alsina, el Ministro de Guerra de ese momento, construyendo el fuerte que fue denominado General Belgrano donde se estableció el comando.

Simultáneamente se decidió la creación de un pueblo al que se llamó Adolfo Alsina, en honor del ministro; el 21 de enero de 1877 fue el día de su fundación. La guarnición abandonó el pueblo cuando se amplió la frontera estatal, la población pidió que se le dieran nuevas autoridades y se lo constituyera como cabeza de partido. El 28 de Julio de 1886 se creó por Ley el nuevo partido, aunque el pueblo y su estación de ferrocarril recibieron el nombre de Carhué.

Como acontece muy a menudo en la historia de la humanidad, el refugio en que la Argentina se convirtió para una numerosa población desarraigada y expulsada de Europa por la miseria, las guerras y persecuciones, fue también el drama y la destrucción de los antiguos habitantes de estos territorios, del que nunca han sido redimidos, por lo menos los que han quedado.

Marcha hacia la esperanza

Las explosiones de violencia, la ola de pogroms y la expulsión de Moscú, que constituyeron la causa del éxodo judío de Rusia en los comienzos de la década de los 80, recrudecieron a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, con una intensidad y proyecciones hasta entonces desconocidas.

El pogrom en Kishinev, provincia de Besarabia, en 1903, demostró que la violencia y crueldad de los atacantes iba en aumento. Hubo 49 muertos, 600 heridos atacados con golpes y arma blanca.
En Rusia, el judaísmo ruso se enfrentaba al antisemitismo estatal, cuya acción se expresaba en los pogroms, que aumentaron su frecuencia y brutalidad.

Entre 1903 y 1906, hubo 250 ataques violentos que consistían en apaleamientos, asesinatos y despojo. La opinión pública occidental que reaccionó con enojo e indignación, haciendo llegar sus protestas al gobierno ruso, lentamente se fue acostumbrando a estos hechos que se habían convertido en un fenómeno permanente en el Imperio eslavo.

Los Centuriones Negros y los “rusos auténticos” hicieron de sus ataques contra los judíos, aun en épocas más apacibles, una rutina cotidiana.

Por otra parte también se había iniciado una persecución legal, echando a aquellos que habían logrado instalarse fuera de la Zona de Exclusión, que fue mas acotada aun y donde las limitaciones en las condiciones de vida de la población judía provocaron un agravamiento de la situación con el empobrecimiento de numerosos grupos que habían mantenido hasta el momento condiciones de vida más o menos aceptables. A todo ello se agregaron las restricciones a los jóvenes que deseaban fervientemente acceder a una educación superior.

La necesidad de emigrar, con la conciencia de que este era un paso definitivo, fue un objetivo prioritario para esos jóvenes, decisión con la que colaboró gustosamente el gobierno ruso.

La colonización judía en la Argentina determinó que las colonias fueron fundadas y administradas por una asociación colonizadora diferente en su carácter de la mayoría de las demás empresas de colonización que entonces actuaban en el país. Era diferente de ellas, en el sentido de que su finalidad no era obtener ganancias en las enormes inversiones que había realizado, sino establecer en la Argentina un sector grande y estable de agricultores judíos que tuvieran cada uno su propia tierra y que pudieran vivir de su producción satisfactoriamente.

La Jewish Colonization Association (JCA) para lograr este objetivo se valía de su capacidad financiera y el poder financiero para presionar a sus colonos con el poder otorgado por ellos mismos con la firmas de los contratos.
La acción común entre la J.C.A y las cooperativas de las colonias fueron el motor que creó la estructura agrícola de la comunidad judía en la Argentina.

Historia de la Jewish Colonization Asocciation

Para comprender algunos de los mecanismos que compusieron el engranaje de la colonización, es importante conocer acerca de la historia de la Jewish Colonization Asocciation. Fundada por el Barón Mauricio de Hirsch en 1891, era una asociación filantrópica de asistencia a los judíos que atravesaban circunstancias muy difíciles, tanto económica como existencialmente por las persecuciones de las que eran objeto en Europa Oriental. Su objetivo era colaborar con la emigración y el asentamiento en donde la vida fuera apacible y digna para los emigrantes.

Los otros accionistas que integraban la dirección de la Asociación eran el Barón de Rothschild, J. Goldsmid, Sir Ernest Cassel, F.D. Mocatta, Benjamín Cohen, S. Golsdschmidt y Salomón Reinach. En 1893 las acciones de Hirsch fueron distribuídas entre la Asociación Anglojudía y las comunidades judías de Bruselas, Berlin y Frankfort. La donación básica fue aumentada mas tarde a 8.000.000 libras.

Las oficinas estaban instaladas en París hasta que fueron transferidas a Londres en 1949. El Baron Mauricio de Hirsch fue presidente hasta su muerte en 1896. Fue sucedido por Salomon Goldsmid (1896), Narcisse Leven (1896–1919), Franz Philippson (1919–29), Lionel Leonard Cohen (1929–34), Sir Osmond d'Avigdor Goldsmid (1934–40), Leonard Montefiore (1940–47), y Sir Henry Joseph d'Avigdor Goldsmid (1947–)
Cuando el Baron de Hirsch se enteró de las persecuciones padecidas por los judíos en Europa Oriental, en el Imperio Ruso, propuso una emigración de los judíos de los países de Europa, donde eran perseguidos, a la Argentina porque pensó que las circunstancias forzaban a la JCA a dar prioridad a los judíos que tenían problemas más urgentes.

En 1889 la JCA ayudó a los inmigrantes judíos en la Argentina, comprando aproximadamente 100.000 hectáreas de tierras en Santa Fe. Ellos establecieron la Colonia de Moisesville, y crearon numerosos nuevos asentamientos en las provincias de Santa Fe, entre Ríos, La Pampa y Buenos Aires, principalmente antes de la Primera Guerra Mundial.

Los colonizadores recibían equipamiento, instrucción y crédito y se estableció una red de escuelas.
La J.C.A. para comienzos del siglo XX había establecido dos métodos en la selección y conducta hacia los postulantes como colonos. Uno era para aquellos inmigrantes sin ningún medio propio de subsistencia.
El inmigrante que llegaba a la Argentina por su cuenta y riesgo, debía al comienzo trabajar un prolongado período como peón en casa de uno de los chacareros. Durante el tiempo en que cumplía con esta exigencia era objeto de un control que monitoreaba aspectos de su trabajo, eficiencia y adaptación, porque para poder convertirse en colono tenía que ser recomendado por el administrador y una parte de los costos de la colonización se pagaba con los ahorros de su trabajo como peón.

Para los colonos pudientes se adoptó otro sistema. En esa época la J.C.A. terminó de adquirir en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, 100.000 hectáreas pagadas por las que se dijo eran tierras de muy buena calidad. Esa zona, que fue destinada a las colonias del Baron Hirsh, como fueron llamadas después, estaban destinadas a los que se consideraba colonos pudientes. El trato que se mantenía con ellos era que la Jewish no participaba del acto de la colonización, solo intervenía con el precio de la tierra en lo que constituía un trato comercial y en el préstamo reducido que se les otorgaba, por lo tanto no se establecieron oficinas con personal burocrático en ayuda de las colonias. Había un funcionario menor que actuaba asesorando a los colonizadores y controlando los intereses de la compañía. Sin embargo esta metodología no prosperó, y los colonos de Baron Hirsh, que habían pasado amargos y duros años intentando salir adelante, perdieron su autonomía frente a la Jewish. Esta compraba constantemente tierras, no solo por la decisión de ampliar la empresa, en esos años la agricultura tuvo un gran desarrollo incorporando al área cultivada zonas anteriormente consideradas marginales, por esa razón los precios de las mejores tierras subieron considerablemente.

La JCA, buscando precios más bajos en un mercado donde habían ascendido astronómicamente, compró tierras de zonas incorporadas muy recientemente a la agricultura, que fueron destinadas a las colonias del Baron Hirsch. Algunas de ellas se hallaban también en lo que ahora es la provincia de La Pampa. Era una zona fría y desértica, más tarde volvió a comprar tierras en una región más árida aún, donde se fundó en 1909 la colonia Narcisse Leven, llamada así en homenaje al presidente en ejercicio de la J.C.A. En los años de plaga o sequías, los colonos que estaban asentados en esas regiones marginales compradas por la Asociación, tenían grandes padecimientos, comparados con aquellos instalados en zonas más productivas.

La situación de los colonos empeoró con el paso del tiempo, los años de 1909 a 1912 fueron muy duros y difíciles, una sequía que duró largo tiempo, empeoró aun más las cosas. Las plagas naturales ocasionaron una hambruna de proporciones en la Colonia Narcisse Leven. Un historiador sostiene que “en la práctica La J.C.A. no hizo mucho por resolver los problemas que ésta absorción implicaba”.

Otro problema era el representado por los judíos carentes de medios que no trabajaban como peones, algunos de los chacareros que no podían desarrollar por si mismos todas las tareas en la colonia Baron Hirsch, empleaban a “mujiks” rusos que habían inmigrado a la Argentina para todos los trabajos del campo.

La mayoría de estos inmigrantes ucranianos del primer periodo (1897 a 1914) eran agricultores. Emigraban de Ucrania familias completas: padres, hijos, abuelos y hermanos, que cargaban en sus maletas la determinación de trabajar la tierra, para lo cual portaban herramientas de labranza agraria y semillas. Algunos pocos se quedaron en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, otros se trasladaron a Berisso y la Plata, pero la mayoría se dirigió al interior del país para radicase en el sector agrario. Muchos de ellos llegaron a la Colonia Baron Hirsh a compartir sus vidas y destinos con los judíos en algunos casos oriundos del mismo lugar de la lejana Rusia..

Para 1930 la JCA había alcanzado el punto máximo de la colonización en la Argentina. Sobre 20.000 colonizadores estaban cultivadas unas 500.000 hectáreas de tierras, cerca de la mitad de las cuales estaban en propiedad de colonos que se habían convertido en propietarios.

El progreso fue dificultado porque las tierras fueron insuficientes para una agricultura extensiva y por la desfavorable localización de muchas de las colonias.

Los colonos atacaron el sistema que permitía la devolución o el pago de las deudas y la independencia solo luego de un largo período de tiempo, las cooperativas también encabezaron la lucha contra la burocracia de la JCA. Durante 1930 varias cientos de familias de Alemania fueron colonizadas, pero la vida en las ciudades era mucho mas atractiva para ellas.

Para 1966 solo 8000 judíos permanecían en las colonias de la JCA, la población era mayoritariamente no judía. Prácticamente todos los colonos eran propietarios de sus tierras y el rol de la JCA en la Argentina decayó rápidamente.


Progrom

La Argentina: ¿Crisol de Razas o un Estado Ausente?

La existencia de la J.C.A., la planificación, la instrumentación y la apoyatura a la dificilísima empresa que representó la colonización no siempre tuvieron el mismo nivel y la misma calidad. Sin embargo existen historiadores, como es el caso de Scobie, que presenta otra mirada sobre el tema de la colonización en la Argentina.

El problema con que se encontraron estos recién llegados fue que no contaron con el apoyo ni la ayuda de un Estado interesado en un empresa de esta naturaleza. Y en eso está centrado el fracaso de un proyecto que tal vez hubiera logrado cambiar el destino del país, de acuerdo a su criterio, Scobie sostuvo que la colonización judía pudo seguir adelante a pesar de todo un clima de oposición hostil porque precisamente contó con la ayuda de JCA. Y agregaríamos nosotros con el espíritu y la formación de muchos de estos inmigrantes que pusieron herramientas tales como el cooperativismo al servicio de las necesidades y problemas de estos nuevos agricultores.

Durante un corto período de la década del 90, los judíos constituyeron un importante y singular agregado al escenario inmigratorio y agrícola. Con la ayuda y el apoyo de la JCA y con el considerable capital de dos millones de libras y la decisión de concentrar sus esfuerzos en las colonias agrícolas de la Argentina, la asociación introdujo la protección y orientación paternalista que faltaban por completo en los planes de inmigración, oficiales o privados. Se planearon y establecieron sistemáticamente colonias en Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires.

El futuro colono recibía tierras que debían ser pagadas en cuotas durante veinte años. Obtenía anticipos para herramientas, semillas y alimentos; alquilaba equipos de trilla; hacía todas las compras y vendía todas las cosechas por intermedio de la asociación.

En muchos casos la supervisión llegaba a incluir instrucciones en cuanto a los que había que plantar y cuando era preciso hacerlo. Para no enredarse en los tribunales argentinos, todas las querellas eran solucionadas por una junta de arbitraje con sede en París.

En una década entraron al país bajo los auspicios de la asociación, y fueron ubicados en las tierras. La creación de esas comunidades culturalmente aisladas en el campo argentino fue severamente criticada en la prensa nacional. Pero dada la extrema pobreza de los colonos y su total ignorancia en cuestiones agrícolas, la orientación paternalista que les prestaba la asociación fue una bendición, no sólo para ellos, sino también para la Argentina.

La revolución económica que los estadistas argentinos habían tratado de estimular por medio de la inmigración y la agricultura,logró algunos de sus objetivos después de 1880. Convirtió a la Argentina en una proveedora de pan para el mundo entero así como una de las principales abastecedoras de carne para los mercados europeos. Pero esta revolución destruyó el sistema de colonización y al pequeño agricultor independiente. La pampa había sido conquistada económicamente, pero en términos sociales se mantuvo fuera de la Nación, como una región explotada pero no poseída.

Esta revolución tuvo lugar no porque hubiera existido la colonización, sino a consecuencia de las demandas del mercado mundial, los intereses relacionados con la agricultura y la ganadería habían rechazado la posibilidad de la llegada de la inmigración al país. Esta necesidad fue determinada por tres razones, en primer lugar por la campaña llevada a cabo por el General Julio A. Roca, la “conquista del Desierto” que exterminando a la población indígena terminó con la amenaza de los malones, logrando la pacificación de la región. La segunda razón fue la construcción de los ferrocarriles en las décadas siguientes, en especial el Ferrocarril del Oeste y el del Sur, que permitieron el traslado de lanas, cueros animales y cereales a la costa, con rapidez y a bajo costo. La tercera razón fue que todo el énfasis puesto en la economía pastoril comenzó a desplazarse, en especial en la década del 90, del interés principal por la lana, los cueros y la carne salada, hacia una preocupación cada vez mayor por la producción de animales que pudiese proporcionar también carnes de mejor calidad.

Un estudio de la política general respecto de la tierra, los inmigrantes y las tarifas muestra que el gobierno argentino tuvo muy poco interés y ningún proyecto ni a largo ni a corto plazo para un desarrollo agrario exitoso para el país. No adoptó una política racional de tierras antes que el dominio público pasara a manos privadas. No estimuló la inmigración más allá de lo que fue producto directo de los períodos de prosperidad económica de 1882-1889 y 1904-1912. No ofreció atractivos ni oportunidades a los inmigrantes para que se establecieran en la tierra. Y con su política tarifaria favoreció a otros productos agrícolas, y aun a productos seudoindustriales en detrimento directo del trigo y la harina. En este sentido, las autoridades nacionales imitaron la actitud general de los intereses terratenientes y ganaderos. Los agricultores y los inmigrantes fueron aceptados como servidores que debían construir la grandeza de la Argentina: Pero no constituyeron la principal preocupación de la Nación.

A la llegada de los inmigrantes los que habían llegado al campo no podían constituir un grupo social o cultural con sus compatriotas, como lo habían hecho en la ciudad. Solo las primeras colonias de Santa Fe o de la Jewish Colonization Association, proporcionaron unidad religiosa y cultural a sus integrantes.

Un número reducido de egresados de las escuelas que la Alliance Israelite Universelle de París mantenía en Marruecos y Turquía, fueron considerados por la J.C.A. dignos de ser estimulados para emigrar a la Argentina.
El puñado de jóvenes llegados de Tánger y Tetuán encontró a varios cientos de compatriotas suyos establecidos en la capital y en varias ciudades del interior. También en las escuelas que la J.C.A, había abierto en las colonias trabajaban varios maestros oriundos de Marruecos. En un artículo publicado en el órgano de la Alliance, uno de ellos se refirió a la inmigración a la Argentina también como una solución adecuada para la generación joven de judíos de Marruecos.

La agricultura extensiva de arrendatarios ni siquiera permitía la unidad o el contacto accidental. El aislamiento y la inestabilidad mismos de la vida del agricultor inmigrante demoraron su asimilación a la cultura nacional, no porque integrara grupos fuera de esa cultura, sino porque él mismo estaba muy alejado de ella. Las escuelas y el culto del patriotismo a menudo no llegaban hasta sus hijos. El sistema que se implementó a partir de 1896 estimuló la asimilación de los recién llegados o por lo menos el de sus hijos. Toda la instrucción escolar debía hacerse en castellano, mas eficaz todavía fue la necesidad psicológica de estos europeos de la segunda generación de demostrar que eran más argentinos y nacionalistas que los argentinos nativos


Gauchos judios

La Argentina de Principios del Siglo XX

El país al que llegaron estos nuevos habitantes tenía determinadas características que signaron el destino de sus descendientes. El siglo XX había comenzado con una Argentina próspera y rica, incorporada al mercado mundial como gran proveedora de carne, trigo, cueros y lana. Una gran ola inmigratoria que había desembarcado en las playas del Río de la Plata, había contribuido a transformar la existencia tradicional patriarcal que se había conformando a lo largo del período colonial y que no había cambiado demasiado desde los tiempos de la Independencia.

Con la modernización de la economía, la aparición de un nuevo sector del grupo tradicional dominante enriquecido a niveles desconocidos, causaba asombro y envidia hasta en la vieja Europa donde estas familias de una opulencia fastuosa se mostraban como la nueva aristocracia del dinero. Se decía “Rico como un Argentino”. Todo este cambio también era causa de una conflictividad creciente, la ola inmigratoria no solo descargó en el puerto los trabajadores necesarios para poner en pie la producción.

Con ellos llegaron anarquistas, socialistas, sectores contestarios opuestos a los abusos que se practicaban con la gente indefensa y desarraigada que había llegado a la Argentina escapando de la miseria, las guerras y las persecuciones.

Por su parte la elite tradicional había respondido a lo que consideraba un abuso y un ataque a su posición tradicional y paternalista con el rechazo, miedo y desprecio a los recién llegados.

Los sectores tradicionales en la Argentina conformaron la elite que creó un sistema político a la medida de sus intereses, este fue útil mientras esta sociedad diferente creada por millones de recién llegados no hizo escuchar sus demandas para ser integrada y respetada dentro del contexto nacional. Cuando hicieron oír sus reclamos se hicieron visibles por sus necesidades.

La crisis económica y las exigencias de algunos integrantes de esos sectores tradicionales, descontentos con el estado de cosas existente, hicieron que ese sector de la sociedad que se sentía muy golpeado saliera a la calle en 1890 a reclamar por sus derechos.

Ese fue el momento donde el sistema se quebró, no estaba hecho para dar lugar y cabida a los numerosos y diversos actores que habían hecho de la Argentina un país diferente, con muchos mayores problemas y complejidades que los que había tenido antes de la llegada de la enorme ola inmigratoria. Se comenzaba a pagar el costo de la modernización y el enorme enriquecimiento logrado por unos pocos a costa del esfuerzo de la mayor parte de la población, vieja y nueva.

Todos estos reclamos legítimos fueron entendidos como una violenta y siniestra amenaza por parte de los sectores dominantes, acostumbrados a la sociedad paternalista donde habían sido los que siempre imponían las reglas. Sintieron miedo y desprecio, sin llegar a comprender que no eran temibles y que en ellas solo existía el afán y la necesidad de justicia y que solo debían establecer normas de negociación y darles el espacio que hasta ese momento se les había negado.

Ante la persistencia de la indiferencia y la represión, la insubordinación aumentó su violencia, la respuesta por parte de la dirigencia, en particular de la que estaba en el gobierno fue rechazar, reprimir toda reivindicación, demonizar a las minorías expidiendo una ley de extranjería por la que todo extranjero que estuviese involucrado en actividades políticas era expulsado inmediatamente del país. Estaban dispuestos a todo para conservar sus privilegios y ventajas como sector tradicional, por lo tanto en el año 1905, el presidente Quintana que había sucedido a Roca reprimió con violencia el levantamiento radical.

Cuando el radicalismo no cedió en sus cuestionamientos a la legitimidad del poder establecido se produjo una división entre quienes ejercían el dominio político creando un clima de incomodidad. Era cada vez mas difícil seguir sosteniendo una apariencia de legalidad, hasta que finalmente aparecieron grupos que entendieron que era imperativo ejercer la reforma del régimen electoral.

La maquinaria electoral pergeñada por Roca fue desmontada por Pellegrini que se encontraba en el bando reformista y por el deseo del Presidente Figueroa Alcorta, llegado al poder en 1906. Se trató de transparentar el ejercicio de la política, intentando incorporar a la población nativa, bastante indiferente al tema de la participación. Por esa razón se estableció el voto secreto y obligatorio, eliminando la manipulación del gobierno como había venido siendo práctica y costumbre hasta ese momento y se obligaba mediante el padrón militar a participar activamente a una masa de votantes ajeno a los avatares políticos.

De ese modo fue promulgada la llamada Ley Saenz Peña que en 1912 modernizó e intentó legitimar las prácticas políticas de la Argentina.

Partida de Rusia y llegada a la Argentina de los nuevos colonos.

En la primavera de 1904, en un momento extremadamente duro para los judíos de Rusia, algunos de ellos con una visión mas aguda sobre el porvenir que les esperaba, comenzaron en la región de Krivoirog, en Ucrania, un acercamiento que culminó en la realización de una asamblea de unos veinte judíos en Novobug, donde se creó el proyecto de migración hacia a la Argentina.

En esta asamblea, la decisión de partir como colonos se resolvió de un modo novedoso, donde se decidió que lo único que se pediría a la J.C.A. era la tierra, haciéndose cargo de lo que habitualmente se les proporcionaba a los otros colonos, todos los elementos necesarios para la subsistencia en la Argentina, desde la casa, ganado, caballos hasta los enseres de trabajo campesino.

Luego de esta asamblea, se decidió tomar contacto con el representante de la J.C.A. en San Petersburgo para solicitar solo tierra. Se trataba de una colonización autónoma, prácticamente desde los gastos de traslado hasta todo el proceso de instalación en el campo, corrían por cuenta de cada colonizador.
A fines de julio una delegación de los futuros colonos se encontró con el representante de la J.C.A. La oferta de ésta era de 150 hectáreas para cada colono, en la provincia de Buenos Aires compradas hacía poco, se cobraría 45 pesos por hectárea que se pagarían durante un plazo de 20 años a razón de un interés del cinco por ciento. Los colonos comenzarían a pagar luego de tres años, durante cuyo transcurso no pagarían nada. A los cinco años cada colonizador recibiría 150 hectáreas en arriendo por las que pagarían tres pesos por cada una de ellas. Estas tierras serían una reserva para los primeros colonos y también serían destinadas a los hijos de los colonos en el futuro.

En una asamblea en Dolinsk, con la presencia de 40 judíos se decidió en vista de la desconfianza que existía acerca del ofrecimiento de la J.C.A que se enviaría una delegación a la Argentina para que tomara contacto con la realidad y las condiciones existentes en el país. Se reunieron 5000 rublos para gastos y se enviaron dos delegados. A los tres meses regresó uno de ellos, Charni, trayendo una muy auspiciosa información que colmó de alegría y esperanzas a los colonizadores. Se prepararon todo tipo de enseres, domésticos, hasta los más pequeños detalles y también todo aquello que se considerara necesario para las tareas rurales, tales como recados para veinte caballos y hasta carros.

El transporte marítimo era muy barato así que los viajeros se trajeron todo lo que pudieron. Para fines de enero y principios de febrero, los colonos salieron de Dolinsk, de Dolguintzeva y de otros lugares para comenzar una nueva vida en el llamado Nuevo Mundo, en la República Argentina precisamente.

Eran todos jóvenes, en la treintena de la vida la mayoría de ellos, llenos de sueños y esperanzas, felices de librarse por fin de la pesadilla de los pogroms. La mayor parte de ellos no sabía nada sobre las tareas agrícolas que les esperaban, pero estaban dispuestos a todos los sacrificios a cambio de libertad y dignidad, algo que nunca habían tenido en su muy larga residencia en tierras eslavas.

Las tierras fueron compradas por la J.C.A, a Federico Leloir quien por un largo tiempo no se ocupó de ellas hasta que envió un mayordomo, Lucas Torres para que le organizara la estancia. El campo fue ofrecido por primera vez en venta a la JCA en 1902, pero el negocio no se realizó porque por allí no pasaba el ferrocarril, requerimiento indispensable para pensar en un proyecto colonizador, pero el Ferrocarril del Pacífico anunció que construiría una línea hacia Bahía Blanca y un ramal pasaría por los campos de Leloir, lo que facilitó las gestiones de compra por parte de los colonizadores judíos. El 22 de junio de 1904 se firmó el boleto de compra y el 30 de noviembre del mismo año se hizo la escritura que le dio el dominio a la ICA. Una vez que la compra se formalizó Lucas Torres, abandonó el casco de la estancia y se instaló en la estancia nueva, dejando la estancia vieja para la llegada de sus nuevos ocupantes.

Cuando llegaron las primeras familias a Buenos Aires, solo tenían la dirección de “Ievich” (J.C.A) como se llamaba, allí se enteraron que aun no podían viajar al campo. Pese a que la tierra había sido comprada, el dueño todavía no había entregado los títulos de propiedad por lo que debían esperar, entretanto se estaban dividiendo las parcelas para cada propietario con la demarcación hecha por agrimensores. Los hombres trataron de instalar a sus familias en algún lugar provisorio para buscarse el trabajo que pudieran conseguir hasta que lograran llegar al campo, necesitaban todo el dinero que pudieran obtener y comenzar a familiarizarse con el país. Algunos se fueron para Coronel Suárez donde había una pequeña población de judíos prósperos llegados con anterioridad, como la cosecha había sido muy buena se necesitaba gente para trabajar.

Al fin Llegaron!!!

En vísperas de Pesaj (la pascua judía) las familias que habían quedado en Buenos Aires fueron informadas de que podían trasladarse al campo, pero nadie podía decirles como era el campo y que había allí, nadie los había visto nunca en realidad. Para no correr más riesgos en vista de que había bebés y niños muy pequeños decidieron enviar tres delegados que viajaron en tren hasta Carhué, llegaron por la diligencia a Macachín y luego hasta las proximidades de la estancia vieja, una vez allí se encontraron con que un viejo galpón de esquilar ovejas, con paredes de adobe y techos de chapas donde se guardaban las ovejas, abandonado desde que Lucas Torre que se había mudado a la estancia nueva.

Era todo el alojamiento con que contarían en los próximos meses para que sirviera de alojamiento temporario para los que vinieran llegando. Eso era todo lo que había y ese gran galpón le fue comprado a Lucas Torres 1200 pesos. Una vez asegurado el alojamiento, los delegados avisaron para que se fueran preparando para viajar al campo que había sido de Leloir. Los aprestos eran muy complicados porque traían una carga muy grande, carros rusos, camas, muebles, etc.

En Buenos Aires compraron arados de una reja, rastras, sembradoras, palas y todo lo que pensaron era necesario para las tareas agrícolas. Cuando el tren partió para Carhué, llevaba once vagones de carga. A su llegada no se terminó ni la espera ni la incertidumbre.
Algunos tuvieron que quedarse a vivir, dentro de los vagones, otros lograron una vivienda provisoria y otros, autorizados por el generoso jefe de estación, simplemente se guarecieron bajo las lonas que cubrían pilas de bolsas.

En Carhué se reunieron con las familias que se habían desviado para Coronel Suárez, haciendo tiempo para cuando las tierras estuvieran listas para ser ocupadas, habían tardado varios días en llegar, con los carros que traían todo lo que tenían.

Vinieron por el camino que llevaba de Coronel Suárez a Carhué, no había sido nada fácil llegar allí. Carhué era una avanzada de la civilización en medio de un desierto. No recibieron ningún auxilio, ninguna ayuda ni por parte del Estado, ni por parte de la J.C.A., no había nadie que conociera la región para acompañarlos. La travesía de Carhue a la estancia de Leloir fue una odisea que duró mas o menos unos ocho días, tuvieron que hacer el camino, la huella, con palas, con los carros.

Los pastos duros dificultaban la marcha de los caballos, que asustadizos ante la repentina aparición de los pequeños animales que pueblan la llanura salían galopando a campo traviesa sin que nadie pudiera detenerlos. Los esperaban once leguas hasta su lugar de destino, tuvieron que abrirse camino por zanjones, médanos, cañadones, lagunas secas, cardos.

Estas duras peripecias se completaron con el clima inclemente propio de la época, lluvioso, húmedo, con neblinas y las fuertes heladas propias de esa estación del años, en los meses de abril y mayo, donde se avecina el invierno.

El temor a lo desconocido, la inclemencia climática, una naturaleza tan desconocida como imprevisible y sobre todo la ausencia de un guía que les hubiera ahorrado muchos de los sufrimientos que padecieron provocaron también que muchos se perdieran, pero finalmente fueron llegando y contaron con la ayuda solidaria y generosa de Lucas Torres, que les ayudó en todo lo que necesitaron. Por otra parte el galpón de esquila había sido mandado a limpiar por el administrador de la ICA, que ya estaba instalado allí en la que fuera la antigua casa de Lucas Torres.

En ese lugar, que había sido un espacio sucio y maloliente, una vez limpio y arreglado fue donde se instalaron las primeras familias que llegaron. Era el primer hogar propio con el que contaron a su llegada y aunque sabían que lo que les esperaba no era fácil ni sencillo, se sintieron felices de haber podido comenzar una nueva vida.
Dividieron el espacio para que fuera tolerable la convivencia de las familias que allí se instalaron y se dedicaron a hacer del lugar un sitio lo más agradable posible dadas las circunstancias.

Los comienzos y la adaptación fueron muy dificultosas, había cuestiones tan elementales y urgentes como poder contar con el combustible necesario para cocinar los alimentos. Fueron 25 familias que debieron adaptarse e ir resolviendo los problemas en la medida que se iban presentando.

La mayoría de ellos recién se conocieron al llegar, provenían de diferentes lugares, en general parece ser habían tenido un buen estilo de vida en Rusia, y un buen nivel cultural. No era fácil ni sencillo comenzar de nuevo con lo medios tan primitivos con los que en ese momento contaron. Sin embargo todo el sacrificio y las carencias valían la pena, tenían un sentimiento de libertad y tranquilidad que les brindaba el hecho de saber que nunca mas serían objeto de una ataque como los que habían padecido en los “pogroms”. A esto se añadía la amabilidad sencilla y cordial propia de la gente del campo, de los criollos que encontraron a su llegada y que reforzaron ese sentimiento de seguridad. Día a día se fueron superando los problema de la subsistencia cotidiana. Quienes hicieron las historias de vida de estos colonizadores no han dejado registro de la existencia de conflictos importantes entre las familias que convivieron y compartieron por este período bastante prolongado, una obligada falta de privacidad. Parece ser que las relaciones fueron bastante armoniosas dada la situación existente. Por otra parte tampoco hay relatos de situaciones de violencia con la población criolla como parece que ha habido en las colonias entrerrianas. No se mencionaron actos de violencia o vandalismo. Las crónicas no las señalan, por el contrario parece ser que las relaciones entre criollos y gringos fueron cordiales y solidarias.

LLEGADA DEL FERROCIARRIL

El 1 de enero de 1907 la civilización llegó a la región, encarnada en el tren que comenzó a pasar por Rivera desde Bahía Blanca a Huinca Renancó. Un vagón hacía las veces de estación y un cartel anunciaba que esa era la estación de Rivera.

Para principios de noviembre se vislumbraban las primeras cosechas de trigo, las familias se fueron instalando en las chacras que se habían repartido con la división de la estancia de Leloir. Las carencias existentes para levantar la cosecha se superaron con el trabajo colectivo de todos los colonos. En las chacras, las casas fueron cuevas cavadas en la tierra, las zemliankas, porque fueron mas prácticas que levantar las viviendas de adobes. El galpón que había sido la primera vivienda colectiva oficiaba de sinagoga, adonde se marchaba el viernes para la celebración del Shabat.

También era el lugar de reuniones culturales, de asambleas y de la realización de fiestas.

Luego de la primera cosecha se dieron a la sacrificada tarea de levantar las casa hechas con los ladrillos que cada uno de ellos había fabricado, Hacia fines de 1905 se registra la presencia de 25 familias y 192 personas. Ese año se había celebrado con gran alegría y fervor la fiesta de Año Nuevo Judío, Rosh Hashone y con toda la solemnidad que permitía la ocasión,el Día del Perdón, Iom Kiper.

Se habían divido las primeras colonias, Boyedarovka, donde se creó un almacén y se construyó una sinagoga.
Proveerse de los artículos más elementales y que no podían ser producidos en las colonias significaba azarosas jornadas de viaje a Carhué.

“Lo que iba a introducir un cambio esencial en esa vida era el ferrocarril, y ya comenzó por influir en el tema de la construcción. De a poco la llegada de los trabajadores y los técnicos que construían el ramal, con su aporte y sus necesidades, contribuyó a la evolución de la colonia y al nacimiento del pueblo. El almacén cooperativo que mencionan los primeros informes surgió tanto para vender a los colonos como a los obreros del ferrocarril. Un horno de ladrillos, se construye para proveer al ferrocarril pero también para proveer a los colonos.
Cuando se le da el nombre de Rivera a la estación, la Colonia Baron Hirsh se transformó en Rivera.

La mirada hacia el pasado siempre tiene el toque de la nostalgia, de lo perdido que nunca más será recuperado sino es por el ejercicio de la memoria pero que también tiene la alegría que aportan los recuerdos, en especial de aquellos que elegimos conservar.

Para aquellos que somos hijos de esta experiencia inusitada en la Argentina que fue la Colonización Judía, la de Rivera y sus Colonias en especial, para todos los que compartimos ese pasado, rindiendo este cariñoso y respetuoso homenaje a los que tan denodadamente lucharon por sacar ese proyecto adelante, realizando su propia epopeya, cumplimos con nosotros mismos y nuestros propios descendientes.

Es que en esa energía, en esa vitalidad, en esa confianza inquebrantable en el porvenir, en ese optimismo que les permitió sobrellevar momentos terriblemente duros es donde nosotros reencontramos nuestras propias energías, nuestras fuentes donde abrevar para crear y construir donde sea que nos encontremos, el mejor futuro posible.

Es por eso que hoy esta digna y pequeña ciudad, tan peculiar en el paisaje argentino, se siente dueña de festejar orgullosa y alegremente sus primeros jóvenes cien años, acompañados de todos sus hijos, de los que se han quedado, de los que han permanecido continuando con la tarea y de los que nos hemos ido, desparramándonos por los lugares mas inesperados y lejanos pero que hemos retornado porque aquí dejamos raíces tan profundamente enterradas como definida es la identidad que nos caracteriza y que hemos sentido la necesidad de congregarnos para celebrar y celebrarnos todos juntos, los herederos de ese rico y amado pasado y de los que comparten este valioso presente.

Educación

“Las primeras gestiones para la instalación de una escuela son el comienzo mismo de la colonia, en 1906. Ya en Buenos Aires un grupo de jóvenes impresionados por la llegada de esos judíos destinado a la colonia Baron Hirsch, acudían al Hotel de Inmigrantes, convenciéndolos para que fueran a una sociedad Talmud Torah de la calle Talcahuano donde les impartían nociones de castellano y otros conocimientos elementales.
Entre ellos se hallaba Alberto Gerchunoff. El primer maestro de castellano que tuvo Rivera fue Jacques Abravanel, formado en la mejor tradición de esos educadores sefardíes a quienes recurrió la Alliance para proveer maestros de castellano a las escuelas de la JCA en las colonias judías de la Argentina. Abravanel llegó a la Argentina a comienzos de 1908, a mediados de ese año fue a Rivera, donde tuvo que esperar que el modesto edificio que iba a ser la escuela, fuera terminado. Distribuyó a los alumnos según su edad y preparación porque no se trataba solo de impartir el idioma sino de conocimientos generales y los mayorcitos los habían adquirido ya en las escuelas de Rusia. Debió aprender idisch para entenderse con ellos, pero no lo necesitó por mucho tiempo. Todos querían aprender y a pesar de que la norma era aceptar solo alumnos en edad escolar de 6 a 14 años, en los bancos de su clase se sentaban muchachones y señoritas de hasta 19 años, para también ellos poder aprender. Instalaron también una escuela para impartir conocimientos judaicos al estilo y modalidad del tradicional jeder europeo. .”Los colonos de Rivera quisieron dar a sus hijos, junto con la instrucción argentina, una educación hebraica que los conectara con la tradición y el espíritu del pueblo judío. Y no escatimaron esfuerzos y sacrificios para lograrlo.

Al frente la primera escuela que tuvo Rivera, estuvo el matrimonio Souessia, él era el Director y ella la maestra. También él fue maestro y fue quien inauguró la escuela que dirigió hasta que la JCA la transfirió al Consejo Nacional de Educación. Esta fue la Escuela Nº 146, la llamada escuela Nacional fundada en 1917.En 1916 la JCA transfirió al Estado todas las escuelas de las colonias judías, fueron donados los locales construidos con el dinero de los colonos. El Consejo Nacional de Educación y los consejos provinciales se hicieron cargo de las escuelas.

Instituciones

Es importante señalar que numerosos objetivos fueron cumplidos exitosamente por los colonos judíos gracias la excelente organización cooperativa de las colonias. Si asi fue, era por las ideas socialistas que se habían difundido en la lejana Rusia y habían influido en estos inmigrantes que comprendieron muy rápidamente que si había alguna posibilidad de salir adelante era necesario organizarse de modo conjunto tanto como para poder comprar todo lo necesario como para poder vender su producción. Por esa razón y porque respondieron a las necesidades del conjunto de las colonias, las cooperativas se difundieron muy rápidamente, convirtiéndose en excelentes instrumentos para mejorar sus condiciones de vida y poder crear un futuro máss próspero. Se ocupaban de buscar soluciones para los problemas económicos de la gente, estimulaban la vida social y cultural y podían enfrentarse a los funcionarios de la JCA con mayores posibilidades de lo que podrían lograr cada colono individualmente.

En 1909 llegaron a Rivera, Miguel Sajaroff y Noé Yarcho, invitados por un grupo de colonos para que ayudaran a la creación de la cooperativa agraria. Vinieron para impulsar las acciones de los colonizadores en pos de la creación de la primera cooperativa la Cooperativa Baron Hirsch. Pero luego de años de mucha actividad y entusiasmo, sin embargo en el año 1919, se produjo un colapso económico y la cooperativa entró en bancarrota. Dos años después en 1922 el 30 de marzo junio de constituyó el Centro Juventud Israelita y Obrero, allí se creó un consejo de administración y una actividad formal que se computa oficialmente recién a partir de 1924.

Durante varios años se había discutido y promovido por parte de Granjeros Unidos la posibilidad de crear una quesería que canalizaría la actividad de los tamberos y la industria lechera, fue así que luego de prolongadas gestiones y discusiones se decidió crear una cooperativa de tamberos por considerarse que nadie podía encarar por si solo la creación de una industria de esa envergadura.

La primera reunión donde se decidió la creación de una Cooperativa de Tamberos fue realizada el 25 de Junio de 1931 en la sede de Granjeros Unidos, donde se le dio el nombre de Cooperativa de Tamberos de Barón Hirsch. Luego de arduas y largas gestiones el 6 de junio de 1933 se inauguró el edificio propio de esta cooperativa. Luego se crearon fábricas subsidiarias en Delfín Huergo, en Colonia Lapin, en la Colonia Barón Guinzburg y la cuarta y última en la Colonia Montefiore de Tres Lagunas.

Una asamblea realizada el 5 de julio de 1912 creó el Club de la Juventud Israelita para Recreo y Desarrollo Intelectual. Allí se decidió construir un local y conseguir los libros necesarios para crear una biblioteca. La lista de la compra de libros determinó que se requerían un cuarenta por ciento de libros en castellano; un treinta por ciento en idisch; un veinte por ciento en ruso y un diez por ciento en hebreo, para la compra de libros se destinaron mil pesos. Se construyó un local en el terreno donado por JCA. Las actividades culturales tuvieron un carácter prioritario para los habitantes de Rivera, los debates y las diputas ideológicas tuvieron un espacio importantísimo. En ese punto perdido en la pampa inmensa se hicieron campañas de recolección de dinero y búsqueda de fondos para las causas que se dirimían en la Argentina y en los rincones lejanos del mundo.
Así fue que cuando se libró la Guerra Civil en España se organizaban reuniones para recaudar fondos para el apoyo de la República en peligro.

Los intereses de la población de Rivera, iban más allá de ocuparse de los temas de su aldea, estaban puestos en el mundo y sus alrededores, tal vez sea por eso que la mayor parte de su gente, proviniendo de un humilde y simple rincón provinciano nunca se sintieron fuera de lugar allí donde les ha tocado estar.

La ritualidad Judía

Una de las primeras que necesita una comunidad es una escuela y un hospital, también un lugar de recreo, tan imprescindibles como un cementerio. La muerte forma parte de la vida y dentro del judaísmo, la observancia de los rituales es muy importante porque están íntimamente relacionados con la preservación y el mantenimiento de la identidad.

La Chevra Keducha (nuestra lejana Chevre Kedische) tiene su mas lejano antecedente en el año 1906, esto permitió la existencia de un terreno donado por la JCA, en 1915 se formó la institución con el nombre de Asociación Cementerio Israelita Barón Hirsch, nombre que fue cambiado en 1935 por el Asociación Israelita Chevra Keduscha de Rivera y Colonia Bacón Hirsch con la adquisición de los títulos de propiedad y la construcción del edificio. Esta institución intervino en la fundación del Vaad Hakeilot, o Consejo de Comunidades Israelita de la Argentina. Las primeras fueron levantadas en 1906, en grupos de dos y tres, cada sinagoga constaba de dos piezas mayores, una de ellas para las mujeres y la otra para los varones, los sábados y los días de fiesta los colonos se reunían en las sinagogas para rezar y charlar, pero durante los días de la semana allí estudiaban los chicos.

En la colonia Nº 3 llegó el primer maestro judío, todas las mañanas los chicos de los grupos Nº3 y Nº2 iban a la escuela a caballo. Estudiaban Tora y Tanaj, hebreo e idisch, lo que determinó que todos los chicos supieran leer y escribir en idisch.

El 26 de junio de 1928 se construyó la hermosa sinagoga que es el orgullo y lujo del pueblo de Rivera que cumplió además de funciones religiosas y rituales, un rol central en el desarrollo de la vida social judía.
A los largo de todos los años allí existió en el piso de arriba un schule donde los chicos estudiaban sobre Torá y todos los conocimientos propios del judaísmo, también allí se desarrollaron las reunión del Keren Kayemeth, de la Campaña Unida pro Israel, de la Wizo, allí tuvieron lugar importantes conferencias y numerosas actividades.

La solidaridad con el enfermo y el desamparado, tan peculiares a la vida judía se expresaron en el Bikur Joilim, con el que colaboraban el Dr. López Cabezas que con el pasar del tiempo se convirtió en la Sociedad de Damas de Beneficencia Baronesa Clara de Hirsch.

En los documentos de la Sociedad Sanitaria Dr.Noe Yarcho figura como fecha de fundación el año 1914. La constitución formal de la entidad se realizó recién a comienzos de 1915. Se constituyó en el mes de febrero de, surgida de una asamblea que consagró también el nombre del Dr. Noé Yarcho para la entidad y el hospital, en homenaje a la noble figura del hombre que había sido como un monumento vivo al médico de las colonias judías, mezcla de sabiduría y abnegación, de piedad y comprensión humana. El hospital prestó servicios durante cinco años, excelentes servicios, pero en 1920 se produjo su cierre el mismo de la ruina de la Cooperativa en medio de una desastrosa situación del pueblo. En 1924 fue el punto de partida de la reinaugurada Sociedad Sanitaria Dr. Noé Yarcho.

Las Colonias

En 1909 habían llegado los colonos a Bernasconi, creando la colonia de Narcisse Leven, eran tierras en La Pampa, de una excepcional aridez, pues carecían de un elemento tan vital como el agua. Los pobladores pasaron por terribles padecimientos, una gran miseria por ser una región totalmente inepta para la agricultura. Un funcionario de la JCA fue quien los salvó de la inanición cuando determinó que las familias que allí residían debían ser trasladadas a una zona más apta para la subsistencia. Este funcionario fue el ingeniero Eusebio Lapin, cuyo nombre fue puesto en su honor por agradecimiento de los colonos, pese a que oficialmente la colonia se llamaba Philipson Nº 3. También allí pero mucho más tarde se instaló una sucursal de la Cooperativa Granjeros Unidos y de la Quesería Barón Hirsch. También prontamente allí fueron inaugurados una biblioteca y un Centro Cultural porque para esa sufrida población el tema de la cultura y el conocimiento fueron tan esenciales como el agua y los alimentos.

El grupo inicial llamado Montefiore estuvo integrado por las colonias Nº1, Nº 2, Nº 3 y Nº 4 hasta que los límites entre ellas fueron desapareciendo y conformaron la colonia de Tres Lagunas. Philipson Nº2, las colonias Narcise Leven Nº1 y Nº2 que no están relacionadas con la colonia de Bernasconi.
Mas tarde, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial se fundó la colonia Veneziani para colonizar a refugiados judíos alemanes, y luego otra más que se llamó Schtarkmet. La de Veneziani se organizó con refugiados alemanes horticultores la mayoría ellos, que eran de Gross Gaclow, una región alemana donde se practicaba la horticultura.

EL SIONISMO

El primer grupo no organizado todavía en torno al ideal sionista estaba conectado con el editor en Buenos Aires de La Esperanza Judía y les enviaba ejemplares del periódico, que ellos distribuían en Rivera, basando su prédica en los artículos de Máx. Nordau, de Weitzman y de otros líderes sionistas, en la discusión de lo resuelto en los Congresos de Basilea y en sus propias convicciones, templadas en la lectura y en la polémica con quienes no las compartían pero que no se negaban a depositar su óbolo en las clásicas alcancías azules del Keren Kayemeth, que ya por entonces eran infaltables en todas las fiestas de Rivera.

El centro Sionista se fundó en 1914 y se le conocía por su nombre hebreo, Agudat Shirei Zion.

Su primer presidente fue don Mauricio Guesneroff, que ya había dejado de ser administrador de la JCA y se había convertido en colono, animador constante de toda la actividad sionista de Rivera. El secretario era Moisés Loz, un sionista ferviente que prontamente se marchó de Rivera y del país e ingresó a la Legión Judía, participando en acciones junto a Trumpeldor.

A Rivera llegaron sionistas ilustres porque era infaltable que todos los emisarios sionistas llegaran hasta Rivera. Los chacareros establecieron una costumbre peculiar: sembraban para producir una cosecha con destino al Keren Kayemeth.

El día de la Declaración Balfour fue un día de júbilo para el pueblo.

El día de la creación del Estado de Israel la fecha se incorporó a los fastos del pueblo, donde el acto de conmemoración se hizo tradicional, con gran despliegue de banderitas y presencia infantil. En 1933 se creó una filial de WIZO, que estaba organizada y orientada por la Organización Sionista Femenina Argentina.

En los años de la Segunda Guerra Mundial dirigió sus esfuerzos hacia la ayuda para las víctimas de la guerra y la reconstrucción del Eretz Israel.

Hasta que en 1948 con la creación del Estado, experimentó el mismo impulso creativo que el resto de la actividad sionista.

Educación

La Escuela Provincial fue creada en 1928 debido al insistente esfuerzo del pueblo, tanto a las contribución para pagar el terreno en que la Dirección General de Escuelas. gestiones realizadas como a la

Instituto Mariano Moreno

La iniciativa de crear un colegio secundario surgió de JCA, que lanzó su idea el 4 de noviembre de 1950. Luego de grandes deliberaciones, el 4 de abril de fue inaugurado el primer curso lectivo secundario en la historia de Rivera.

La creación de la Escuela Agraria obedeció a empeñosas gestiones de la población, en cuya iniciativa intervino la JCA, haciéndose cargo por mitades de la donación de un campo de 300 hectáreas, El Quebrado, cuya otra mitad costearon conjuntamente las Cooperativas Granjeros Unidos y Tamberos Barón Hirsch. El establecimiento dependiente del Ministerio de Asuntos Agrarios y fue inaugurado en 1952. El local utilizado para funcionar como escuela fue un edificio destinado anteriormente a funcionar como una fábrica de conservas de legumbres que al tiempo se vio obligada a cerrar sus puertas.

El proyecto de adaptar ese edificio a los fines que esta destinado fue llevado a cabo por el Ing. Szwimer.

Actividades Deportivas

El Club Atlético Pacífico Rivera que se había fundado en 1922, en una de las dependencias del ferrocarril era solo para los ferroviarios, y la principal y única actividad deportiva que se desarrollaba en su recinto era el tenis. Como las relaciones ambles que existían en el pueblo derribaron la barrera de la exclusividad y en 1925 se modificaron los estatutos, con limitaciones, para que pudieran participar quienes no fueran ferroviarios. El tenis fue por largo tiempo la principal y más prestigiosa actividad llevada a cabo por el club, pero luego se incorporó el básquet, el juego de bochas y una gran pista de baile utilizada para los importantes bailes y tertulias de los domingos, así como para la práctica del patinaje y actividades gimnásticas desarrolladas por el Colegio Mariano Moreno.

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© 2007 Alicia V. de Benmergui y Salvador Benmergui